EL PARTIDO DE LOS PIRATAS

Elizabeth Burgos


ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr    

Se identifican con los piratas que se lanzaban al abordaje de buques para romper el monopolio de los poderes imperiales.  Serían el equivalente nórdico de los “indignados” en los países del sur, España en particular, pero su estrategia es otra y pasa por ganar organizadamente elecciones para hacerse oír en los foros de elección popular.

La sensación de la jornada de las elecciones de Parlamento regional de Berlín, el domingo 18 de septiembre pasado, fue el resultado obtenido por el Partido Pirata (Piratenpartei) cuando se alzó con el casi 9% de los sufragios, garantizándoles una presencia respetable en gobierno regional. (el porcentaje requerido es de 5%): 15 miembros entrarán a formar parte de la cámara de representantes berlinesa.

Desde su fundación en el año en el año 2006, el Partido Pirata no ha cesado de crecer y en su corta existencia ya cuenta con una numerosa presencia municipal: 50 miembros del partido han sido elegidos, en diferentes municipios del territorio, pero nunca hasta ahora, el Partido Pirata había logrado imponer su presencia en un gobierno regional.  Acceder al gobierno de las más importantes de las más importantes de las tres ciudades-Estado entre los 16 Länder alemanes, justifica la sensación que ha causado el resultado de las elecciones de Berlín.

El Partido Pirata obtuvo los sufragios del 15% de jóvenes de menos de 30 años, pero incluso obtuvo votos en las categorías de electores de 60 años y más, acaparando buena parte del voto de protesta berlinés.  Hoy constituye la quinta fuerza electoral del país y les ha garantizado a los social-demócratas conservar el gobierno de Berlín.  El alcalde-gobernador del Land desde 2002, el social-demócrata Klaus Wowereit, elegido dos veces para el mismo cargo, inaugurará un tercer mandato al haber sido ratificado.  Su partido social-demócrata, (SPD), de oposición federal) llegó al 28,3% de los sufragios, para alcanzar la mayoría que le permita gobernar, tiene la opción de pactar de nuevo con el partido La Izquierda (Die Linke), antiguos comunistas, simpatizantes del gobierno de Venezuela y del Socialismo del Siglo XXI, o pactar con los Verdes.  Al término de este “superaño electoral” germano en que han tenido lugar ocho elecciones regionales, la coalición de la canciller Ángela Merkel aparece aún más debilitada, dado que de las ocho elecciones regionales sólo logró alzarse con el poder regional de la de Saxe-Anhalt,  una de las regiones más pobres de la ex República Democrática Alemana, la del Este.

El Partido Pirata se ha presentado con un programa que podría ser considerado como social-liberal, pese a que se niegan a enarbolar etiquetas políticas antiguas, restándoles votos a los Verdes, que hasta fecha reciente, aparecían como la única fuerza política en ascenso en Alemania debido a los éxitos electorales obtenidos, siendo el más espectacular la conquista de la presidencia de un Gobierno regional, además tradicionalmente conservador como es el de Baden-Wür-ttemberg, y al partido liberal (FDP) que ha perdido apoyo en todo el país.

Los Piratas han centrado su programa en aspectos muy contemporáneos que atañen en particular a la juventud imbuida de las nuevas tecnologías de la información y también expectativas de la izquierda, tanto liberal como tradicional, pero  también ecológicas, culturales, y sobre todo, libertarias.  Los Piratas expresan la sensibilidad de una juventud que nació y creció inmersa en la nuevas tecnologías para quienes éstas son un instrumento primordial, tanto en el mundo laboral, como en lo político y cultural, de allí que muchas de sus propuestas estén centradas en los desafíos que se derivan de éstas: la defensa de la privacidad en las redes, y en las normas que regulan los derechos de autor y de copia de los productos culturales, de allí que exijan el acceso universal y gratuito a Internet.  Igualmente abogan por liberar las leyes del asilo e inmigración.  Ese programa que se puede catalogar de “progresista”, los Piratas se han cuidado de no presentarlo dando pie a ser tildados de “populistas”.  Su campaña electoral ha contado con muy pocos fondos.  Sus recorridos los han hecho en barcas recorriendo el río Spree y en sus mítines han ondeado banderas negras y anaranjadas y han lanzado globos en forma de hoja de marihuana.  Abogan por la legalización de las drogas blandas, el prohibir la video vigilancia policial, matrimonio entre personas del mismo sexo, y el establecer un salario mínimo interprofesional.

Se podrían resumir en tres ejes principales las propuestas de los Piratas: la defensa de las libertades y derechos de los ciudadanos, el libre acceso al conocimiento y a la cultura, la lucha contra el sistema de monopolios, todo esto dentro de una dinámica ciudadana, ejerciendo una verdadera democracia participativa.

El partido de los Piratas ya es un fenómeno mundial; existen en casi toda Europa, incluso en América Latina en donde han aparecido grupos que se denominan Partidos Piratas, en particular en México y en Brasil.  El primer partido Pirata nació en Suecia en donde alcanzó de inmediato un éxito importante y hoy cuenta hasta con un miembro en el Parlamento Europeo.  Estos grupos surgieron antes que  los grupos de “los indignados” cuya influencia se ha hecho sentir últimamente en España y en Grecia en particular y cuyas ondas de choque han llegado hasta Israel.  La diferencia con los “indignados”, es que los movimientos Piratas han optado por actuar organizadamente, dentro del marco de la dinámica política desechando la vía temperamental.

El término Pirata significa que se trata de un partido que está dispuesto a luchar desde los márgenes, al igual que los Piratas que lanzaban ataque contra los buques y ciudades para romper el monopolio comercial de los poderes imperiales.  Apelación que demuestra también el sentido del humor que anima a sus militantes.

El Partido de los Piratas europeos expresa reivindicaciones similares a las de los jóvenes que se rebelaron en Turquía y en Egipto.  Es una tendencia general: un anhelo de democracia allí en donde no existe, y una voluntad de ir logrando su actualización allí en donde la democracia existe y se ha impuesto como tradición.

Es esperanzador que las jóvenes generaciones se decidan a jugar un papel activo en la larga marcha hacia la democracia, blandiendo sus propias preocupaciones e intereses.  Es la condición para que el sistema democrático no se estanque y aparezca como obsoleto.

El proyecto político de los Piratas demuestra una voluntad de actualización de la cultura y de la sociedad.

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos
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