LOS TOPOS AZULES

Carlos Blanco


CARLOS BLANCO
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Dolores ya no es la loba feroz que era en los tempranos 90 cuando robaba corazones y bancos; ahora es una dirigente fundamental. Aquella flaca seductora y atrevida se transformó en esta camarada de cuerpo temerario con largas piernas entalladas por su terquedad de ciclista. Ay Dolores, cuánto deseo has dejado abandonado en tu camino al poder. Hasta Hugo se te rindió con más bochorno, si cabe, que cuando salió en carrera del Museo Militar. Cavilo sobre ti mientras te espero porque sé que aunque ya dejaste la aventura sigue la temible mirada lupina y el almizcle de feromonas revolucionarias que te acompañan desde que eras trotskista hasta este aterrizaje que desde hace años hiciste en el chavismo.

 

Por fin llegas a buscarme en el costado oeste de la Plaza Altamira, donde nos citamos. Apenas identifico el Mercedes en el que vienes, el chofer me indica que entre por la puerta trasera izquierda por la que me introduzco al despacho en que has convertido el asiento posterior de tu vehículo: papeles, carpetas, tres teléfonos, propaganda y la Glock que, según dices, tiene bala en la recámara desde que te acostumbraste a vivir en peligro.

Apenas entro, Dolores espeta: “Teníamos que encontrarnos en la Plaza Altamira… Ustedes, son tan previsibles que no pueden prescindir de esta Plaza ni para ilusionarse ni para hundirse ni para citarse con alguien” –indica- mientras lanza de sus más encantadoras sonrisas lobunas. Tenía días dándole vueltas a las razones por las cuales Dolores, tan dirigente, tan magistrada, tan poderosa y roja, quería un nuevo encuentro con este discreto narrador de la vecindad. Esta vez sin intermediarios. No lo sabía entonces, pero maneja con destreza las redes sociales; me descubrió con facilidad y me urgió al encuentro. Sabe que publico parte de lo que me dice y me dice sólo parte de lo que sabe, pero hay coincidencia en el provecho de decir lo que en estas líneas se desembucha.

Le apunto que no sabía que era aficionada al Twitter, a Facebook y la Internet en general, y me riposta que nuestro error es pensar que ellos todavía manejan la chícora de labranza y no saben comer con cubiertos. “Ustedes no se imaginan lo que hemos avanzado con Ramiro –se refiere al procónsul Ramiro Valdés, el general cubano- con las más sofisticadas tecnologías… Nosotros no sólo sabemos lo que hablan, sabemos hasta lo que piensan antes de que lo digan. Ustedes no se pueden imaginar hasta dónde la inteligencia binacional los tiene cogidos” El problema es que ya el Sebin y la DIM no saben qué hacer con eso, asegura, haciendo la sorprendente confesión de que si bien tienen infiltrada a la oposición hasta la médula ósea, unos cuantos factores de la inteligencia policial y militar han dejado de ser chavistas y desinforman en vez de informar. Según Dolores, nadie sabe nada al final porque el gobierno está desorientado por los rojos que saltaron la talanquera y permanecen adentro, los topos azules los llaman.

 

Los cambios

Nos dirigimos hacia su lujosa covacha. El auto entra en el sótano cuyo portón ya ha abierto uno de los custodios y apenas llegamos al recinto de destellos rosados que es su sala, proclama que es un error opositor torpedear a Tibisay en el Consejo. Me asegura que es una mujer del proceso pero está siendo desplazada por Socorro que aspira a su puesto y tiene respaldo del sector más radical del chavismo. Socorro es CANTV, es el manejo de la data, y es de las que no tiene regreso, mientras Tibisay ha engordado incluso sus ambiciones y quiere demostrar que puede contar los votos aunque derroten a Chávez; “no lo quiere, pero no lo impedirá”.

“No creo en esos cuentos de las contradicciones entre las chicas del Consejo”, riposto.

“Ustedes no entienden lo que hay que entender. Esto se nos desmorona adentro y si ustedes no lo asumen lo que hacen es ayudar a los que piden Socorro”, responde. “Están por las greñas y Hugo no la ha sacado porque un grupo nuestro la apoya…”

Dolores sigue con la información que considera indispensable que la oposición maneje para lo que viene. “Permíteme que hoy no te diga cómo está Hugo, me lo quiero reservar en este momento porque sabes que en él tengo una inversión de afecto muy grande que tú jamás entenderás…Sólo te digo que el hombre para apoyarlo, representarlo, suplirlo temporal o definitivamente es Nicolás; en él ha sentido más afecto que en la fracción de buitres que lo revolotea… ¿Sabes? Siente desencanto porque sabe todo lo que hablan los que hasta ayer nomás le juraban fidelidad y se le arrastraban; saben que andan repartiendo la herencia sin saber lo que piensa el testado… Ignoran que la voluntad de poder que tiene es más fuerte que el carcinoma” A renglón seguido me dice que en estos últimos días la buena estrella de Maduro ha declinado porque se le acusa de torpeza con lo del Esequibo y que Guyana está a punto de darnos un zarpazo. “La verdad –suspira Dolores- es que no sé si la acusación contra él es por la falla que tiene a los militares chillando o si es la venganza de Diosdado”.

Me quedo un poco perplejo por el drama interno, pero más perplejo al saber que los generales sin regreso, aquéllos que quieren alzarse preventivamente, recubren su propósito con la supuesta preparación para una “invasión del imperio”. Lo que yo creía un tema superado ha vuelto a la agenda de los extremistas de adentro. Dice Dolores que ha sido la excusa para desempolvar la hipótesis de la Guerra Urbana Permanente y Prolongada que habría de comenzar para rechazar la supuesta invasión imperial. Compran armas, las esconden en bunkers, y estos días –asegura- compran sistemas de comunicación interpersonal encriptados, de alto performance. “Yo sé que todo eso es bullshit, en mi bad English, pero andamos con el cuchillo entre los dientes y hay la tentación de hacer la revolución que no hicimos, la de verdad, la que arrasa con la burguesía, la que no proclama la entrega de la vida pero lo hace…”

“Nuestro miedo”

 

En los opositores hay miedo pero también en las filas chavistas, me dice la amiga. “Miedo a la venganza, miedo a perder lo obtenido, miedo silvestre. Hay que desmontarlo para que no haya desesperación si tenemos que salir del poder; si el miedo prevalece, nadie se rendirá sin pelear… piénsalo”. Más adelante, Dolores cierra la conversación con expresiones que me retumban en la cabeza: “si nos quieren sacar de cuajo lo vamos a impedir; si nos quieren sacar más o menos civilizadamente, se lo vamos a hacer difícil; nosotros llegamos para quedarnos; podríamos convivir, falta ver quién de ustedes se atreve a asumirlo en ese elenco de bates quebrados”.

No le hago caso a la provocación, mientras camino por el hall del pent house oigo, tenue, una melodía tristona de Alí Primera, y recuerdo que conocí a Dolores al amparo esperanzado de otra de sus canciones. Éramos más jóvenes y no conocíamos este miedo que ahora compartimos desde sus dos lados.

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