UN ERROR QUE COBRA

Asdrúbal Aguiar


ASDRÚBAL AGUIAR
correoaustral@gmail.com

La historia de Walid Makled es decidora y emblemática. Da cuenta de un supuesto Cártel de los Soles, de cuya trama e integrantes temen escribir las redacciones de nuestros periódicos… El asunto de marras no es trivial. No es uno más dentro de la agenda política espasmódica a la que se nos tiene acostumbrados.

 

Durante largo tiempo me pregunto sobre el aumento brutal de los homicidios en Venezuela. Los muertos a manos del crimen son 4.500 en 1998 y ocurren 18.000 cada año, durante los años más recientes.

Como gobernador y luego ministro del Interior llego a creer que las necesidades básicas insatisfechas están en el origen de nuestra violencia. El país existe y avanza, a finales del siglo XX, con un ingreso estimado en 9 dólares por cada barril de petróleo. Pero transcurren casi 13 años con un Estado cuyas arcas revientan. Se desborda y derrocha tanto dinero como no lo conoce nuestra historia ni lo hace, incluso, el gobierno saudita de Carlos Andrés Pérez, a mediados de los ’70. Nos damos el lujo, por si fuese poco, de mantener a otra nación -una suerte de concubina, Cuba- con cargo a nuestros ingresos. ¿Por qué, entonces, tantos muertos? El discurso transgresor y divisor del Presidente -lo llega a sugerir la Corte Interamericana- contribuye en mucho; mas no basta para explicar nuestra grave circunstancia. Y la posible respuesta llega recién, poco a poco. Muestra un rostro diabólico, que espanta.

Un antiguo ex presidente colombiano, conocedor de estos menesteres, comenta alguna vez sobre los efectos que provoca la cauterización progresiva del fenómeno de la narcoguerrilla en los predios neogranadinos. Y le preocupa la simpatía y relación de algunos líderes de la revolución bolivariana con las FARC, pues la gerencia del negocio de narcóticos y la violencia suma que éste apareja, como hipotecas que pesan sobre la vida de Colombia durante más de medio siglo se mueven ahora hacia el aliviadero venezolano.

Aquí encuentran residencia de lujo. Dejan sus primeras manifestaciones, como la corrupción de las fuerzas del orden, el empleo de nuevos operadores, la contaminación de las redes financieras, en fin, el paulatino control del poder político para asegurarse en su estabilidad.

Walid Makled

Desde 1999 se documenta el vínculo inaugural de la Dirección de Inteligencia de la Disip con la guerrilla vecina. Se evidencia la proximidad hacia el entramado gubernamental de un joven hombre de negocios, Alex del Nogal, buscado por la justicia de Palermo, Italia, acusado de tráfico internacional de drogas y lavado de dinero.

Ha lugar, hacia 2005, al corte de las relaciones de cooperación con la DEA y se incrementa el viaje regular de aeronaves cargadas de droga, originadas en nuestro territorio y capturadas en diversos destinos internacionales, como África occidental. El mismo presidente mexicano, Felipe Calderón, menciona que la droga llega hasta su país desde Colombia teniendo como punto de escala a Honduras, que defienden como perros de presa los gendarmes del Socialismo del Siglo XXI.

La historia de Walid Makled es decidora y emblemática. Da cuenta de un supuesto Cártel de los Soles, de cuya trama e integrantes temen escribir las redacciones de nuestros periódicos. Y lo cierto, en todo caso, es que tanto como se habla y ya no se habla de este personaje y sus oficiales en nómina desde su ingreso a los sótanos de la policía política. Ahora la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos de América anuncia la incorporación de cuatro jerarcas del régimen a su lista de cooperadores con el narcotráfico.

No tenemos elementos a mano para condenarlos a priori, por lo cual omitimos identidades que conoce la opinión pública. Pero sí preocupa y es un error que cobra, tarde o temprano, la automática protección que les dispensan el Canciller de la República y el Jefe del Estado, sin más.

En la democracia y en el Estado de Derecho, una denuncia de tal calibre, sean quienes fueren los afectados, provoca la apertura inmediata de una investigación penal y el pedido consiguiente al gobierno denunciante de los elementos de convicción que posea; para valorarlos y sucesivamente determinar la verdad judicial sobre los hechos denunciados y la inocencia de los señalados. No obstante, la Fiscal General de la República permanece en discreto silencio; el mismo que sostiene a propósito de la valija de los 800.000 dólares llegados a tierra austral y que manchan a nuestra industria petrolera, según los mentideros.

El asunto de marras no es trivial. No es uno más dentro de la agenda política espasmódica a la que se nos tiene acostumbrados. Amenaza la realización de las elecciones en 2012 y nuestra gobernabilidad posterior. Sin éstas ningún gobierno ni aspirante presidencial -por veteranos o audaces como se crean- tienen capacidad para la gobernanza; a menos que pacten con el “poder real” de los cárteles o los confronten a fondo, como lo hizo Álvaro Uribe y lo hace Calderón, caigan quienes caigan y a todo riesgo.

 
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