EVO SE QUITA LA MÁSCARA

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr 

 Los más recientes acontecimientos de Bolivia, en los que el Presidente Evo Morales es acusado por los indígenas del trópico de haber traicionado sus promesas y violado la constitución, le arranca la careta de “ecologista” que enarbolada frente a la comunidad internacional y profundiza la división entre quienes lo denuncian y el sindicato de los cocaleros, presidido personalmente por Evo.

Evo Morales llegó a la presidencia de la República de Bolivia gracias al voto de los indígenas a los que prometió convertirlos en protagonistas de los destinos del país, y construir un “socialismo comunitario” y el respeto a la tierra, a la Pachamama. La reforma constitucional que emprendió su gobierno convirtió a Bolivia en un Estado Plurinacional. Según el artículo 352 de la nueva Constitución Política de Bolivia, el Estado debe consultar a los pueblos indígenas de manera libre, previa e informada antes de explotar recursos naturales o construir infraestructura  en sus territorios ancestrales.

Ignorando ese mandato constitucional, Evo Morales suscribió un Contrato de Colaboración financiera con el Banco Nacional de Desarrollo Económico y social (BNDES) del Brasil destinado al financiamiento de una carretera que uniría la zona del valle de Cochabamba, partiendo de Villa Tunari, hasta San Ignacio de Moxos, la zona tropical del Beni. Como todo autócrata, Evo Morales pensó que podía saltarse las leyes e incumplir de manera flagrante las promesas electorales hechas a los indígenas, de respetar sus derechos sobre sus territorios ancestrales.  Seguramente pensó que su condición de “indígena” haría que los indígenas se plegaran dócilmente ante el abuso de poder.

EL Gobierno de Morales diseñó la carretera sin el consentimiento de los dueños legítimos del Territorio Indígena Parque Nacional Isidoro Secure (TIPNIS) considerado como Territorio Autónomo además Parque Nacional de alto contenido ecológico protegido por acuerdos internacionales. Ante el impacto ambiental que causaría dicho Proyecto, y ante el abuso de poder  del hecho consumado, los indígenas  de las zonas tropicales pasaron a la ofensiva, declarándose en estado de rebelión.

La rebelión indigena

El pasado 15 de agosto más de 1.500 indígenas iniciaron una marcha hacia La Paz en protesta por la construcción de la carretera. EL domingo pasado, la policía interceptó y embistió de manera brutal la marcha  en la localidad de Yacumo, para impedirles el paso hasta la capital. Se ignora el número de heridos y no se sabe si hubo muertos. La represión causó indignación en todo el país y la Central Obrera Boliviana (COB) decretó una huelga general. Renunció la Ministro de Defensa a manera de protesta por la represión, pero también el Ministro de gobiernos (interior) y su vice-ministro a quién le adjudicaron la culpa de la represión. De esa manera Evo Morales pretendía salvar la responsabilidad suya y la de su gabinete, como si fuera posible que semejante decisión, en el marco de un gobierno  autocrático, la hubiese podido haber tomado un vice-ministro.

Evo Morales ordenó detener la construcción de la carretera y anunció que someterá el caso a un referéndum. Ya se sabe lo que significa una elección organizada por ese tipo de gobierno, en donde los afiliados al MAS poseen varias cédulas de identidad y donde el sistema electoral funciona según el modelo venezolano. Pero los voceros de los indígenas anunciaron que pese a la suspensión de las obras de la carretera, retomarán la marcha hacia La Paz. No olvidan las palabras del Presidente, que en las últimas semanas los atacó, acusándolos de traficar con madera, de estar al servicio de ONGs extranjeras e inclusive de conspirar con miembros de la embajada de Estados Unidos en Bolivia, como tampoco sus intentos de descalificar la marcha, dividirla, mediante toda clase de maniobras, manipulaciones. Al no lograr romper la marcha optaron por la represión. Primero impidiendo que les llegaran alimentos, medicinas y agua a los marchistas, confiscando vehículos de las organizaciones indígenas.

Las contradicciones de Evo

No deja de ser irónico que la pérdida del apoyo de la población indígena del trópico hacia Evo Morales se deba  a que consideran que Evo Morales  ha traicionado su compromiso con la ecología  y las promesas de respeto territoriales.  Porque se debe recordar que ese mismo Evo Morales organizó en Bolivia, en abril de 2010, la primera Conferencia Mundial de los Pueblos sobre cambio Climático en la que participaron numerosas delegaciones internacionales, dado que Evo Morales aparece ante el mundo como un baluarte de la ecología.  Fue con ocasión de esa Cumbre que las discrepancias en torno a la cuestión ecológica y territorial se hicieron públicas y sucedió cuando un grupo de dirigentes sociales y activistas le desafiaron a debatir sobre los conflictos socioambientales y las contradicciones de su gobierno en ese aspecto.

No solo se negó Evo Morales a entablar un debate con ellos, sino que los insultó e intentó acallarlos y finalmente  optó por marginarlos de la Cumbre.  Los participantes fueron divididos en 17 mesas: los activistas  críticos pidieron crear la mesa 18 en la que ellos pretendían analizar los conflictos socioambientales que atravesaba Bolivia – que fueron soslayados por las mesas oficiales  de la cumbre – y exigirle al Gobierno cumplir con el mandato constitucional de “armonizar la producción con las necesidades  ecológicas”. Precisamente coincidiendo  con la inauguración de la Cumbre, comunidades del Chacao y del Altiplano se quejaban por los daños ambientales ocasionados por las empresas petroleras y mineras socias del gobierno. Por esos días, indígenas guaraníes marcharon desde Yacuiba hasta Villamontes denunciando que el Estado autorizara actividades petroleras en sus territorios, vulnerando su derecho constitucional a la consulta previa. Poco antes de la inauguración de la Cumbre, comunarios del distrito de Avaroa bloquearon la vía férrea de la mina San Cristóbal, exigiendo a la compañía Sumitomo que pague por las ingentes cantidades de agua fósil que extrae el subsuelo.

Marcha en defensa de los derechos indígenas y del Territorio Indígena Parque Nacional Isidoro Sécure (TIPNIS).

La Mesa 18

Evo Morales, en una de sus célebres salidas poco diplomáticas que ya le han valido la publicación de un libro titulado Evadas, declaró  que él “no era el primer presidente indígena de Bolivia, sino el primer sindicalista presidente de Bolivia”. Esa es la única gran verdad que ha pronunciado en toda su vida política.

Hoy el grupo de la mesa marginada tomó el nombre  de la mesa 18  y se ha dotado de un órgano de prensa destinado a la defensa de los derechos ambientales y a la denuncia del “modelo extractivista violatorio de los derechos humanos” cuya primera portada es muy significativa. Aparece el rostro sonriente de Evo Morales en forma de careta que se va rompiendo  por la mitad, dejando aparecer otro rostro: un Evo Morales  con gesto duro, hosco, labios apretados, y un titular: “Cambio de MAScara”, aludiendo con ese juego de palabras al partido MAS, base del poder de Morales.

Los elementos de peso que están en el trasfondo del conflicto son: primeramente Brasil en su calidad de potencia emergente, su voluntad de abrirse una salida al Pacifico, de allí que el financiamiento de la carretera no se deba  al deseo de colaborar con el desarrollo de Bolivia. Bolivia ha tenido ya la experiencia del imperialismo expansivo de Brasil.

Tampoco se debe hablar de los indígenas en general porque los sectores indígenas del Chapare, zona de producción de la hoja de coca, y asentamiento del sindicato de cocaleros, del cual el presidente de la República es también presidente, piden que se abra esa vía lo que favorecerá altamente el transporte de la pasta de coca y también les permitirá  extender los cultivos hacia la zona tropical. De allí que no sólo la policía participó en la represión de la marcha, sino también lo hicieron los cocaleros hostigándola.  En lo que respecta a la cuestión indígena, lo que se perfila es una ruptura tajante de la que ya existe, entre los indígenas oriundos del Altiplano, los Aymaras y Quechuas  -Evo Morales es de cultura aymara- y las comunidades indígenas de las tierras bajas.

La portada de la revista boliviana que desenmascaró a Evo Morales delante de los bolivianos y delante del mundo.

Lo político, lo antropológico y lo geopolítico

Debido a la descomunal presión social, el Presidente Evo Morales se vio obligado el lunes a suspender las obras de construcción del tramo dos de la vía, y este miércoles se confirmó en Brasil que el crédito  del BNDES sólo será liberado cuando el gobierno boliviano esté en condiciones de reanudar las obras.

Por el momento, el viceministro ha sido puesto a disposición de la justicia, chivo expiatorio, que según el ministro del Interior, habría dado la orden de reprimir “aconsejado por comandantes de la policía”. Ese reenvío de responsabilidades no debe ser del agrado de los uniformados.

Se percibe que en Bolivia lo antropológico se superpone a la política. La acumulación de descontento y la existencia de un sinnúmero de sistemas organizativos  que propician las protestas (sindicatos, comuneros, ayllus, etc.), puede alcanzar niveles de ingobernabilidad similares a los que – en épocas todavía cercanas- condujeron a un derrocamiento del gobierno.

Evo Morales ha vivido esa experiencia pues logró derrocar a tres gobiernos, pero está comprometido con un proyecto geopolítico dirigido desde la Habana, del cual el poder brasileño saca la mejor tajada.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos
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