HOY ES CHÁVEZ QUIEN SE DESACATA

Danilo Arbilla

DANILO ARBILLA

Alberto Fujimori fue pionero y ejemplo. Quizás cometió un solo error. Pero, sin dudas, él, asistido por su escudero- o viceversa- Vladimiro Montesinos, marcó el camino. Pisoteó a opositores, legisladores y a la justicia e hizo una “limpieza“, contra los “partidos y políticos corruptos“. Llamó a “constituyentes“  para su reelección y cuando el Tribunal Constitucional del Perú entendió que su pretensión de ser reelecto para un tercer periodo de gobierno violaba la Constitución, destituyó a los tres magistrados que votaron esa atrevida interpretación. Hasta su divorcio personal manipulo a nivel de la justicia. Durante su gobierno el 80 por ciento de los jueces eran “provisorios“ y la mayor parte de las violaciones de todo tipo que cometía “se instrumentaban” a través de decisiones judiciales. Y, como se sabe, “la justicia s sagrada y no pretenderá Ud. que el ejecutivo interfiera violentando la independencia de los poderes” me dijo en una ocasión que fuimos a reclamarle contra atropellos cometidos por su gobiernos, algunos “vía judicial”, contra varios periodistas y el dueño de un canal de TV. El régimen de Fujimori fue una fuente de generación infinita – e inspiradora como estamos viendo hoy- de formas para atentar contra la libertad de prensa: además del uso que hacía del poder judicial y de los organismos fiscales del estado, manejó la publicidad oficial a gusto y gana y hasta llego a comprar directamente los titulares de la prensa popular e incluso páginas editoriales enteras y toda la programación de varios canales de TV. Operaciones, la mayoría de éstas, que Montesinos tenia a bien grabar en videos.

¿Cuál fue el error que cometió Fujimori? No haberse autoproclamado progresista y peregrinar harta el altar de La Habana, rendir la pleitesía del caso – y algún aporte económico por supuesto- para recibir su carnet de izquierdista. De haberlo hecho quizás hoy seguiría gobernando “democráticamente” el Perú. Integraría el ALBA e incluso compartiría el liderazgo con Hugo Chávez, con quien el régimen fujimorista siempre mantuvo muy buenas relaciones: le dio refugio a alguno de los socios golpistas de Chávez y éste ya siendo presidente escondió durante un buen tiempo al buscado Montesinos.

Y los parecidos no acaban nunca. En su momento Fujimori no quiso acatar un dictamen de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que reclamó a su gobierno un nuevo juicio, pero con las debidas garantías, a cuatro presuntos guerrilleros chilenos. Fujimori amenazó con quedar fuera de “la Convención”. Igual que Chávez que hoy se desacata contra la CIDH, que rehabilitó a Leopoldo López, a quien el chavismo en forma arbitraria, como quedo demostrado, había proscripto políticamente. Un acto en el que quedo en desnudo por un lado lo “democrático“que es el régimen de Chávez, pero a la vez, y hay que reconocerlo, su buen olfato: López es un candidato que puede dar por el suelo con las pretensiones del Comandante de ser reelecto el año próximo.

Para Chávez la CIDH “no vale nada, es un cero a la izquierda”. Un poco más disimulado y mucho menos ordinario, en su momento, Fujimori dijo: “creo que el Perú no debería retornar a la competencia contenciosa en tanto la CIDH da este tipo de sentencia a favor de terroristas”.

Fujimori quiso salirse, por lo menos parcialmente del sistema, Chávez recurre al comité propio, y hecho a medida, de última generación: “la UNASUR debe tener su propia Corte de Derechos Humanos“, anuncia. Más redondo imposible. Fujimori no tenía esa chance.

A diferencia de Chávez, Fujimori no destrozó y ni comprometió el futuro económico de su país. Dicho esto solo para marcar una diferencia, porque igual no lo exime de todas sus culpas, razón por la cual Fujimori está preso en Lima, y condenado, tras un juicio en que se le dieron todas las garantías, a 25 años de cárcel. Un poco antes un poco después, a todos les llega.

Tomado de El Nuevo Herald

 

 
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