LA RATONERA DE VALENCIA

Alfredo Fermín

ALFREDO FERMÍN
afermin@el-carabobeno.com 

El llamado aeropuerto nacional de Valencia, bautizado como La Ratonera, fue “construido” durante el gobierno del general Luis Felipe Acosta Carles, y es mantenido por el gobierno nacional, luego de quitárselo a la gobernación de Carabobo, tan pronto se produjo el cambio de gobierno en la Región a inicios de 2009. El galpón concebido para depositar carga internacional, no cuenta – aun con la adaptación que se le hizo- con espacios suficientes o adecuados para recibir a centenares de pasajeros que salen o entran a esta ciudad.

Si la Ley de Aeronáutica Civil, o algo parecido se cumpliera, indudablemente, que ese lugar habría sido clausurado tan pronto como entró en servicio. Los mostradores para chequearse son pequeños e incómodos, Una proeza para los trabajadores y una tortura para los pasajeros. En los baños no caben dos personas gordas; los grifos y las pocetas siempre están rotas por lo cual el agua corre libremente, formando charcos. Los anuncios de salida y llegada de los aviones son invisibles y, como todo es tan limitado, hay que hacer tres enormes colas: una para chequearse, otra para cancelar el impuesto de salida y otra para ingresar a la sala de embarque por donde sólo puede entrar una persona a la vez, por lo chiquitico del espacio.

“La Ratonera” de Valencia

En esta sala de espera sólo hay asiento para un cuarto del total de los viajeros por lo cual, casi todo el mundo, debe esperar pacientemente de pie, mientras los numerosos niños que viajan, lloran y gritan, y las personas mayores protestan por este ambiente perturbador, que dura horas y horas, porque las líneas aéreas no cumplen sus horarios. Dicen que hacen los que les da su gana porque sus propietarios son jerarcas del alto gobierno que, hasta hace poco no tenían dónde caerse muertos.

Dos semanas atrás, un viaje que debía salir a Margarita a las 2 de la tarde salió a las 6 de la tarde. Como habían pasado más de tres horas de espera, los viajeros fueron invitados a retirar, del restaurancito del aeropuerto, un refrigerio presentando el pase de salida. La sorpresa fue grande, cuando se encontraron con que el generoso obsequio de la aerolínea era medio litro de jugo de los de envase de cartón. Esta semana tuvimos que regresar de emergencia a la isla de Margarita. Nos fuimos en una línea diferente pero la historia fue la misma. De regreso, debíamos salir, a las 11 de la mañana de Porlamar, cuyo aeropuerto está muy bien acondicionado. Pero el avión salió cerca de las 3 de la tarde. Después de dar disculpas por el retardo, la aeromoza informó que, en recompensa, sería servido un almuerzo. La burla no pudo ser mayor, porque lo que ofrecieron fue un ponquecito y un vaso lleno de hielo con colita, Pepsicola o agua. Créanme que no estoy haciendo humor, esa fue la recompensa por cuatro horas de espera. En países civilizados, por menos tiempo, a los pasajeros retardados se les ofrece una comida completa y, si llega la noche, suspenden el vuelo y son enviados a buenos hoteles.

Cuando llegamos a La Ratonera tuvimos que esperar más del tiempo que tardó el avión de Margarita a Valencia, porque la máquina para distribuir el equipaje, estaba rota. Es inexplicable cómo las autoridades nacionales, que tienen que ver con la aviación comercial, pueden permitir la aglomeración, en lo que prácticamente es un cuarto, de 120 personas que venían en el avión.

El aeropuerto estaba a reventar de gente. Hacía poco tiempo que habían reiniciado las operaciones. Estaban suspendidas por trabajos de asfaltado de las pistas. Conseguir un taxi fue otra proeza porque había una protesta en la Zona Industrial, que trancó el tránsito. Por este incidente, tardamos en llegar, del aeropuerto al edificio del diario El Carabobeño casi dos horas porque, en la autopista había una cola sensacional.

Pareciera que hay una política de inmovilizar a la gente imposibilitándole viajar porque, el jueves en la noche, la precandidata presidencial María Corina Machado contó que tardó seis horas de Caracas a Valencia porque, a pleno día, el Ministerio de Transporte se antojo de asfaltar un tramo de la autopista.

 
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