PARTICIPACIÓN VS. MOVILIZACIÓN

Francisco José Virtuoso

Francisco José Virtuoso


FRANCISCO J. VIRTUOSO
fjvirtuoso@ucab.edu.ve

Los venezolanos valoramos muy positivamente el acto de participar en la comunidad local, en la empresa, en la organización a la que se pertenece, en general en todo lo que implica la construcción colectiva. El eslogan democracia participativa tiene buen cartel tanto en las derechas como en las izquierdas porque cuenta con un profundo respaldo afectivo no solo a nivel de nuestra comarca sino a escala regional y mundial.

En Venezuela, sin embargo, existe una terrible confusión que requiere ser despejada. Una cosa es participación y otra muy distinta es movilización. La participación que se anhela y valora es aquella que nace de una decisión personal, de un compromiso con una causa, con una determinación voluntaria. Nace de una conciencia de pertenencia, de una concepción en la que el bien común y personal no se contraponen sino que se complementan. Participar es entonces comulgar con la diversidad y la pluralidad, por eso es casi sinónimo de democracia.

OTRA COSA MUY DISTINTA ES MOVILIZACIÓN.

Cuando somos movilizados, otros u otro nos ponen en movimiento. Es una fuerza que nace de fuera de nosotros mismos, que nos dice cuál es el camino y nos pone a caminar en él. No nace de la convicción interna, de las decisiones personales, de la conciencia de sí. Por eso tiene mucho de demagogia, de caudillismo, de clientelismo popular de IV y de V República. En la movilización no crecen las personas, los grupos, la construcción colectiva plural y diversa. Lo que crece son los partidos, los liderazgos o las organizaciones con vocación de dictadura, bien sea de derechas o de izquierdas.

En Venezuela, la polarización se refleja también en estas dos concepciones de pueblo. Una que viene desde de los intelectuales positivistas, los defensores del Partido del Pueblo y la vanguardia revolucionaria. Para todos ellos, el pueblo debe ser dirigido y movilizado, porque no sabe lo que quiere y busca, es un menor de edad que necesita tutoría.

La otra concepción nace de abajo y se expresa en los múltiples esfuerzos que esta sociedad viene haciendo por ir tejiendo su propio destino desde sus esfuerzos personales y colectivos, en organizaciones comunitarias, empresariales, en el campo y en la ciudad, en diversos niveles sociales. Que es capaz de perder por no traicionar sus convicciones.

Construir la democracia participativa requiere de una transformación personal y cultural de las sociedades. Pero sobre todo necesita de una profunda convicción moral de parte de todos aquellos que ocupan posiciones desde las cuales se puede camuflar la movilización bajo apariencia de participación en beneficio de sus proyectos.

Un examen para nuestra democracia

Los venezolanos tenemos el legítimo derecho de medir con esta vara nuestro régimen político. El 11 de septiembre de 2001 es una fecha paradójica, ese mismo día se produjeron dos hechos históricos: el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y la aprobación unánime de la Carta Democrática Interamericana por parte de los 33 Estados miembros de la OEA.

Este segundo acontecimiento ha quedado relegado en el recuerdo, no sólo porque lo opaca la impactante tragedia del atentado terrorista, sino porque los acuerdos políticos de la llamada Carta Democrática no han tenido el efecto esperado ante las crisis políticas que se han desatado en los últimos años en varios países del continente.

Sin embargo, la Carta Democrática Interamericana recopila una serie de consensos sobre el valor de la democracia para nuestros pueblos y, lo que es más importante, para establecer sus contenidos básicos. Aunque es cierto que los mecanismos que contempla el documento son muy débiles para que los principios establecidos puedan ser eficientemente defendidos, su existencia constituye un valioso marco de referencia para los países que la suscribieron.

Según la Carta, los principios de la representación y la participación son complementarios y de ningún modo excluyentes. El artículo 4 sostiene literalmente: son componentes fundamentales del ejercicio de la democracia: la transparencia de las actividades gubernamentales, la probidad, la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública, el respeto por los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa… y el respeto al Estado de Derecho de todas las entidades y sectores de la sociedad son igualmente fundamentales para la democracia.

La calidad de la democracia se mide por su capacidad para garantizar el ejercicio efectivo de las libertades fundamentales y los derechos humanos, en su carácter universal, indivisible e interdependiente. El régimen democrático debe asegurar una convivencia en donde se reconoce y respete la diversidad étnica, cultural y religiosa de nuestros pueblos. Asimismo, se establece que la democracia y el desarrollo económico y social son interdependientes y se refuerzan mutuamente. La pobreza, el analfabetismo y los bajos niveles de desarrollo humano son factores que inciden negativamente en la consolidación de un régimen democrático.

Todos los elementos mencionados son esenciales para la democracia y complementarios entre sí. Sacrificar alguno en nombre de otro no hace justicia al ideal de democracia. El Gobierno de Venezuela firmó este acuerdo. Los venezolanos tenemos el legítimo derecho de medir con esta vara nuestro régimen político y exigir a los gobernantes una práctica política acorde con estos principios.

 
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