Revoluciones malversadas (III)

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com
Twitter: @manuelfsierra 

La victoria de la Unidad Popular que hizo presidente a Salvador Allende en las elecciones del 4 de septiembre de 1971 en Chile, se dio por los cauces pacíficos de la alternabilidad constitucional. No se trató de un golpe de Estado como el de los generales peruanos de Velasco Alvarado en 1977, ni fue el resultado de la caída de una dictadura como ocurrió en Nicaragua con Somoza en 1979. Allende triunfó frente a las opciones de  Jorge Alessandri, conservador, y Radomiro Tomic, del sector avanzado de la democracia cristiana, con  el 36% de los votos. Su victoria fue sometida a una segunda rueda en el Congreso Nacional, previa aprobación de un estatuto de garantías constitucionales con el apoyo demócrata-cristiano. Inició su mandato el 4 de noviembre del mismo año para aplicar su propuesta: “Vía Chilena al Socialismo”.

Salvador Allende

Allende era un líder comprometido con la democracia y se consideraba una de las figuras fundamentales de la política latinoamericana desde los años 40. Ahora se trataba de su cuarta candidatura presidencial y en torno a su nombre había consolidado la unión de las fuerzas de izquierda. Tendría el reto de sustituir el gobierno de Eduardo Frei, quien había obtenido la victoria en 1964 frente al propio Allende, con la propuesta de la “Revolución en Libertad”. Su gobierno introdujo importantes cambios en la economía, dirigidos a aumentar las exportaciones y para incrementar lo que llamó “la chilenización del cobre”. Al mismo tiempo, propició una reforma agraria gradual para expropiar el latifundio y creó un sistema cooperativo en el campo que otorgó 100.000 títulos de propiedad a los campesinos.

De alguna manera, el gobierno de Allende se proponía profundizar esas reformas de acuerdo a un viejo planteamiento de la izquierda chilena mediante la “nacionalización total” del cobre y una reforma agraria integral; además de la estatización de la banca y los seguros, y la participación de los trabajadores en la conducción económica. Sus medidas habrían de estimular una aguda lucha de clases en una sociedad que arrastraba desde el siglo XIX la presencia de un vigoroso movimiento sindical y como contrapartida, una activa organización empresarial. Pese a ello, en Chile con los años se fue consolidando una fuerte cultura democrática que junto a Uruguay, llegaron a representar ejemplos en un continente que oscilaba en el “péndulo trágico” de dictadura y democracia.

Además, la victoria de Allende habría de tener un enorme efecto en la política latinoamericana. Se trataba de la primera propuesta claramente de izquierda que llegaba al poder mediante el voto, una tesis que parecía negada por la historia después de la victoria de la Revolución Cubana en 1959. La aparente imposibilidad del acceso revolucionario mediante la vía electoral había estimulado a los movimientos guerrilleros latinoamericanos de los años 60. El hecho habría de tener también una enorme repercusión en la reformación política de la izquierda continental, e incidencia en la polarización geopolítica mundial.

Se comprobaba de esta manera que era posible mediante las reglas democráticas, iniciar el tránsito hacia el socialismo, y ello significaba una derrota para la línea de insurgencia decretada desde Cuba y que había sufrido años antes un severo revés con la muerte del “Ché” Guevara en Bolivia. Al mismo tiempo, para la política de Washington en manos de Nixon y  Kissinger, representaba un peligroso antecedente, por cuanto potenciaba un camino que hasta entonces parecía cerrado para los partidos socialistas. De esta manera, la confrontación que se daba en el seno de la sociedad habría de tener efectos inmediatos en el plano exterior. Las fuerzas más radicales que integraban la Unidad Popular encontraron espacio para profundizar sus exigencias y reclamos de transformaciones económicas y sociales; y lógicamente, los sectores sociales que se sentían amenazados habrían de acentuar su resistencia a los cambios revolucionarios.

Augusto Pinochet

Allende presidió un gobierno ampliamente democrático, sin presos políticos, con riguroso respeto a la libertad de expresión, y permitió el juego de los partidos políticos. A diferencia de otros modelos autoritarios que apelaban a la represión y la violencia del Estado para garantizar el orden, en Chile se abría el espacio para una confrontación social inédita, que ante la impotencia y pasividad del poder formal, amenazaba con la anarquía y la ingobernabilidad. Ese fue el rasgo de los “mil días” del gobierno de Allende. La presencia en 1971 de Fidel Castro, durante un mes recorriendo el territorio chileno y planteando la necesidad de radicalizar el proceso, entusiasmó al ala mayoritaria del Partido Socialista y al MIR, un movimiento emergente con apoyo estudiantil y de las capas intelectuales.

Los sectores de la derecha por su parte, entraron en acción mediante jornadas de calle y la organización de grupos de choque; alentados además por la política norteamericana, para la cual resultaba indispensable detener un ensayo político que podría desatar el contagio en los países vecinos. Posteriormente, se ha comprobado la participación de la CIA y de importantes empresas como ITT en la estrategia de desestabilización de Allende. En un cuadro semejante y en la línea de imponer el orden y evitar la guerra civil, se hizo casi inevitable la intervención militar que se materializó el 11 de septiembre de 1973 con la muerte de Allende y el comienzo de la dictadura de Augusto Pinochet. Debieron transcurrir 17 años para el retorno a la democracia, una vez que era evidente que la transición militar se agotaba y que la economía, que había logrado notables éxitos, requería de la flexibilización institucional que sólo proporciona la democracia. Desde 1990 hasta el 2010 presidentes demócratas-cristianos y socialistas se alternaron en el poder mediante el conocido mecanismo de la Concertación. Más que una revolución, el proceso chileno fue una costosa refriega social, curiosamente al amparo del Estado de Derecho.

 
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