Transición en movimiento

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
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@Argeliarios

Es elocuente que Maduro y Jaua se disputan el liderazgo civil y radical

De pronto, el país experimenta una sensación de vértigo. El esfuerzo del Gobierno por fingir que nada afecta la marcha de la gestión, no atenúa las sombras. La enfermedad reina en el pináculo de las prioridades de la burocracia y de los ciudadanos. Los problemas de la nación están refrigerados: el caos y la anarquía se asoman en el boceto. Cada vez es más difícil enmascarar la ausencia del comandante. Los efectos colaterales de su tratamiento ya involucran al Estado y sus instituciones. La atmósfera es enigmática. Estamos ante una progresiva e inexorable transformación, que se ha iniciado -punto en boca-, en los propios entresijos del “proceso”.

Si a algo se asemeja este momento político es al de una “transición”: al de ese proceso que nadie decreta y que parece haber llegado sin anunciarse, tras la comprobación fáctica de que, tarde o temprano, el hiperlíder será apenas un recuerdo… Es imposible negar el giro en el que se halla Venezuela: lo que se percibe no es el ajetreo del movimiento característico de las revoluciones, sino la sacudida de un parto inducido por las circunstancias.

El país escucha los tambores de la guerra endógena: los civiles batallan entre ellos, aunque el combate más espinoso se desarrolla entre éstos y los militares… Es elocuente que Maduro y Jaua se disputan el liderazgo civil y radical, aunque la verdadera brega de ambos es en contra de un Diosdado, que -distanciado a tiempo de los narco-generales- reclama su derecho como “febrerista”.

En forma inusitada, Diosdado exhibe sus cañones para mostrar la influencia que posee en la FAN, con la que comparte, discretamente, su rechazo a la ocupación cubana. En su condición de “pater familia” del “proceso bolivariano”, Chávez deberá tomar la más importante de todas las decisiones. Con certeza, beneficiará a quien esté en mejores condiciones de contener el caos que pudiera ocasionar su viaje eterno… El Presidente necesita hacer ajustes favorables a su familia: a la sanguínea y a la política. Necesita evitarles a todos un desenlace estrepitoso. Ceausescu es una referencia temible.

Este cuadro, de suyo dramático, lo completa el letargo en que está hundida la estructura administrativa del Estado, donde el temor a una pronta ausencia absoluta estimula sinuosos y callados reacomodos… A ratos, Chávez luce fuera de juego: no puede evitar el pragmatismo del funcionariado que comienza a corcovear ante la fuerza de los acontecimientos. Ese corcoveo es la gran oportunidad para alentar, ahora sí, el reencuentro entre los venezolanos; para conjugar los verbos que neutralizarán la violencia que nos amenaza: el primero de ellos, el más difícil, “perdonar”. Perdonar con la magnanimidad con que lo hizo el gran Mandela.

 
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