ELOGIO A LA ALEVOSÍA

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

“Virgilio elogió a los mosquitos, Glaucón la injusticia, Sinesio la calvicie, Luciano las moscas y Apuleyo los asnos”

Erasmo de Rotterdam

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       Si tan ilustres personalidades enaltecieron cosas tan inusuales ¿por qué el gran humanista holandés iba a abstenerse de elogiar la locura? Y con más razón, ¿por qué alguien como quien esto escribe, sin mérito alguno en comparación con Erasmo, podía negarse a elogiar algo que tantos defienden?

       Hay una diferencia, claro. Erasmo exaltó la locura llamándola por su nombre, sin revestirla, velarla o matizarla, así como nuestro Edecio La Riva escribió un libro de amor por la adulancia. Pero en la actualidad el elogio a la traición es mimético y algo torcido: los alevosos llaman alevosos a otros, de la misma manera que el ladrón llama ladrón al vecino para confundir a sus perseguidores.

       Pasemos breve e insuficiente revista: desde el Olimpo bolivariano caen como rayos las indignadas acusaciones de traición contra muchos disidentes. Pero traidor es el que vende una lealtad debida o una causa compartida. ¿Cómo podría serlo entonces quien nunca guardó esa lealtad ni compartió semejante causa? Porque distingamos: la alevosía que no se cae de la boca de grandes y chicos en el chavismo es la de quienes se oponen a los actos del presidente; o dicho de otra manera, la de los osados que no piensen como él lo hace. Pero resulta que aquellos a los que le aplican semejante marbete condenaron los golpes del 4F y 27N y nunca se unieron al culto extasiado a favor del afortunado coronel. ¿En qué sentido podían traicionar una “causa” que despreciaron desde el primer día? Ahora, si ustedes tienen tanta ansiedad de cazar alevosías mediten sobre quienes quebrantaron el juramento de lealtad a un gobierno constitucional.

Si hablamos de las políticas seguidas por la izquierda de los 60, incluidas la lucha guerrillera y las varias abstenciones electorales, obviamente no hay causa. Y no la hay porque todos los dirigentes de aquella época abandonaron las guerrillas y ya no consideraron “electoralista” la participación en comicios. Lo hicieron sucesivamente. Llamaban traidores a quienes decidieron hacer lo que ellos también hicieron después. Eso sí: sin recoger sus palabras. Elogio, pues, a la alevosía.

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Mencionaré algunas de las causas favoritas de los 60:

1)   el repudio a caudillos, a militaristas y -desde el histórico XX Congreso del Partido Comunista Soviético (1956)- al infame culto a la personalidad. Pero en el siglo XXI el presidente socialista venezolano concentra el poder en su puño, se autonombra candidato e insulta a impávidos y enmudecidos subalternos, que aguardan embobados sus benditas decisiones y se arrodillan en las iglesias a rezar por su salud. Varios de los que vienen del comunismo y el mirismo de la antañona rebeldía, que tan enérgicos eran frente a los manejos “de la dirección” y tan celosos de la democracia y la libertad de crítica, recaen patéticamente en lo que tan exageradamente condenaron.  ¿Quiénes son los traidores?

Elogio, amigos, a la alevosía

2) el repudio a los injustos términos de intercambio con EEUU. Para explicar el vasallaje “semicolonial” de Venezuela se condenaban los desiguales términos de una relación comercial que nos reducía a exportar materias primas contra productos manufacturados de alto valor agregado. ¡Cuántas batallas se dieron con esa bandera asida! El marxismo enseñaba que la revolución socialista centuplicaría la capacidad productiva de bienes, servicios y tecnología. Por eso valía luchar. Venezuela había sido, como otros países, exportador de artículos primarios: básicamente petróleo, y café, cacao, plumas de garza. Se decía que éramos monoproductores, monoexportadores y pluriimportadores de artículos industriales. ¡Esa relación había que romperla y los hijos de Bolívar lo harían! Lo cierto es que se fue rompiendo pacíficamente y sin revolución. El país fue diversificando exportaciones, incluso de artículos manufacturados, en un proceso lento de independizarse del petróleo.

       ¿Pero -bendito sea Dios- qué pasa con el flamante socialismo bolivariano? Pasa que el gobierno ha destruido masivamente fuerzas productivas  y por eso recae en la exportación de un solo producto. Como en 1938 el país ha vuelto a ser lo que creía superado.

¡Y que viva la revolución! ¡Y que viva la alevosía!

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Es verdad que Venezuela jamás fue invadida por losvmarines y que su soberanía territorial se encogió como la piel de zapa de Balzac sólo por desafortunadas conductas de varios gobiernos. A diferencia de México, Centroamérica,  Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Uruguay, Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia, no peleamos contra soldados extranjeros. ¡Primeros en la guerra emancipadora y últimos en cruzar armas con nuestros vecinos!, le escuché decir a Jóvito Villalba en un memorable discurso.

En 182 años republicanos tampoco hemos sido paraíso de magnicidios. Sólo un presidente cayó: Delgado Chalbaud. Betancourt  se escapó por un pelo, y CAP no estaba en su casa cuando fue bombardeada. Ni magnicidios ni guerras extranjeras, no obstante el presidente Chávez diariamente grita a los cielos que quieren matarlo. Como no presenta indicios o pruebas sus folclóricos temores ya pertenecen al paisaje. Y en cuanto a guerras, nuestro inquieto revolucionario, sin ser arte ni parte, movió tropas contra Colombia que ni el supuesto agraviado hizo; ha amenazado a la “belicosa” Holanda de la reina Guillermina y quiere aplicarle la “asimétrica” al imperio de sus amores. Los aludidos, que lo conocen, miraron para otro lado.

Y si vamos a cosas tan domésticas como la reclamación territorial a Guyana, el heroísmo se enfría.  ¡Oh tiempos!

En fin, ¡¡tres hurras a la alevosía!!

 
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