TEORÍA SOBRE LAS DIFICULTADES

Sergio Dahbar


SERGIO DAHBAR

La muerte de Steve Jobs, como la de tantas otras personas, remueve numerosas reflexiones en todo el planeta. Las más intensas, las que redundan en todos los idiomas, refieren que fue un genio creador que organizó el mundo de los ejecutivos, pero también del resto de los mortales, con productos innovadores y hermosos.

Steve Jobs

He releído ­ahora que su desaparición ha empujado a todos los medios universales a remozar sus ideas­ el discurso de Jobs en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford en el año 2005. Y confirmo sin ambages que justamente lo que me parece más impresionante es su vida. Sin ella no hubiera podido hacer nada de lo que hizo.

Nada menos que Nietzsche pensó que el egoísmo vale lo que vale cada persona. Si aquel individuo vale oro, si una sociedad avanza con las energías de ese individuo, su egoísmo resulta valiosísimo. En cambio, si esa persona no vale gran cosa, si sus motivaciones profundas son pequeñas y horrorosas, su egoísmo es una vergüenza.

¿En qué pensaba el filósofo de La ciencia jovial? En una idea simple y absoluta. Sólo si pensamos en lo que somos podremos abrir un camino en la vida que valga la pena y ayude a los demás.

Eso fue lo que hizo Steve Jobs en el año 2005.

Se encontraba en un ambiente repleto de estudiantes y quería ofrecerles un legado que fuera importante para sus vidas, que les ofreciera la oportunidad de aprender algo de alguien que no tuvo demasiada suerte y que estuvo a punto de fracasar muchas veces. Un ser humano que arrastraba una marca imborrable desde sus primeros días de existencia.

Vayamos ahora a su discurso.

Consiste en tres historias. Cada una más inspiradora. La primera relata su karma vital. Su madre, universitaria, decidió entregarlo en adopción. No contenta con escoger semejante camino, exigió en los papeles que sus nuevos padres debían ser universitarios y comprometerse a ofrecerle una educación formal.

¿Qué ocurrió entonces? Los primeros padres interesados, con dinero y estudios, a última hora se arrepintieron porque deseaban una niña. Los que vinieron después no eran universitarios, pero hubo acuerdo porque aceptaron educarlo. El problema es que Steve Jobs no se sentía cómodo en la Universidad de Portland y se retiró. No deseaba arruinar a sus padres de adopción (obreros que estaban invirtiendo el dinero de toda una vida) con unos estudios que no le interesaban.

Aquí un psicoanalista tendría madera para rato. Si Jobs terminaba sus estudios, se ponía de lado de la madre que lo había abandonado. Si renunciaba a la universidad, no traicionaba a los nuevos padres que lo habían recibido con cariño hasta el punto de arruinarse por conservarlo como hijo.

De ese espantoso dilema crece el magma de un genio que supo encontrar en el medio de las dos fuerzas que lo volvían loco una puerta secreta para ser genial. Él lo explica con el curso de extensión de tipografía en el que se inscribió: en su momento no aparentaba ayudarlo en nada para su vida futura, pero terminó por educarlo estéticamente en un tema que luego sería vital para los productos tecnológicos que hizo posible.

La segunda historia ofrece una metáfora fundamental. A veces para avanzar hay que retroceder.

Después de fundar Apple y lograr en diez años un éxito rotundo, fue despedido de la propia empresa que había creado con Steve Wozniak. Lejos de convertirse en una maldición, ese despido lo ayudó a crecer y dar el salto necesario para reinventarse más aún.

La última historia tiene que ver con la muerte. Nadie puede saber si en 2005 Steve Jobs sabía que iba a morir seis años después. Lo cierto es que pensó esta idea: “Es muy probable que la muerte sea la mejor invención de la vida”. ¿Suena exagerada? Habría que ver.

Jobs logró una de las partes más creativas de su carrera cuando ya sabía que era un sobreviviente.

Cuando la muerte se había instalado en ese horizonte que se aleja y se acerca de nuestras vidas y nos hace reflexionar sobre lo que aún nos queda por hacer.

Steve Jobs fue un genio, un innovador, un adelantado, pero antes que todo eso fue un ser humano tocado por diferentes tragedias que supo convertir en aliadas de su proceso vital. Touché.

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