EL MUNDO AL REVÉS

Carlos Blanco

CARLOS BLANCO
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“El intento de ser sensatos es loable, pero a veces se convierte en desagradable coartada”

“Si bien es cierto que… no es menos cierto que… ” es un tipo de oración que fascina en un trozo dominante de la opinión pública nacional. Suele ser la postura de quienes quieren aparecer como equilibrados y en realidad se asumen como jueces; quieren aparecer en el centro; alejados de los extremos. Son cómicos. En el campo político abundan. Son los que afirman estar alejados de los extremos, de los radicales de ambos lados, no son ni rojos ni azules: son morados. Dicen que si bien es cierto que Chávez es una autócrata, no menos cierto es que se ocupa de los pobres. Si bien es cierto que hubo democracia no menos cierto es que esa democracia se volvió papilla. Si bien es cierto que las misiones no sirven para nada no menos cierto es que reflejan unas intenciones tan, pero tan buenas…

DELICADO EQUILIBRIO. El intento de ser sensatos es un objetivo loable dado el mundo de locura que sirve de vivienda y entorno a la mayoría de los ciudadanos. Lo que pasa es que a veces se convierte en una desagradable coartada. Quien esto escribe ha defendido la idea de que la convergencia con exchavistas es propósito encomiable y a nadie se le debe solicitar carnet de entrada en el abigarrado mundo de la disidencia. Pero una cosa es no reservarse derecho de admisión (¿quién lo tendría?) y otra es que algunos apenas desprendidos del traje escarlata pretendan instalarse como presidentes del club.

Dícese esto porque resulta una especie de contrasentido que algunos camaradas que se dejaron de eso pretendan dictar las normas de cómo la alianza opositora tiene que construirse y, además, lo digan bravísimos. Hay hasta quienes tienen la osadía de decir quiénes tienen derecho y quién no a abanderar las propuestas opositoras; los vetados lo serían porque formarían parte de una supuesta y falaz cuarta república. Que algunos chavistas de hasta antier se vean con el derecho a censurar a AD, Copei o dirigentes de la democracia previa al bochinche bolivariano, suena como demasiado. Cierta elegancia no sería desdeñable.

CAP. La vocación oportunista por el equilibrio se ha puesto de manifiesto en el caso de Carlos Andrés Pérez. El reconocimiento a su figura viene de diferentes parajes, sobre todo de quienes tienen la posibilidad de comparar los tiempos de ahora y de antes. CAP no formaba parte del escenario político activo desde 1993 cuando fue derrocado por la conjura, hace 18 años, de manera que ha habido tiempo para ponderar su obra y significado. Por eso resulta no sólo mezquino sino forzado analizar al personaje como si fuese un inventario de debes y haberes. Que el hombre tuvo errores y algunos serios lo único que hace es confirmar su humana condición, pero usar esos errores para la estrategia de “si bien es cierto que… no menos cierto es que… “resulta una necedad.

No es verdad que fue más demócrata que nunca porque aceptó mansamente que se le destituyera. Haber descuidado ese proceso más bien muestra que había perdido los reflejos que lo habían convertido en un político de excepción; porque eso no fue sino una conspiración con velos institucionales; exactamente como ahora hace Hugo Chávez con la jueza Afiuni, con los comisarios, los militares y otros perseguidos. Son tribunales los que los condenan pero tribunales que no están al servicio la ley sino de propósitos que se sirven de ésta. Que viniera algún papanatas a decir que la jueza Afiuni es una demócrata porque no ha tenido más remedio que aceptar la justicia de sus verdugos sería una náusea.

De igual modo hay quienes asumen que CAP era un corrupto, pero eso sí, un demócrata, es una concesión demasiado graciosa a la conspiración que lo derrocó. A CAP lo condenaron por usar la partida secreta en una misión policial a Nicaragua para proteger a Violeta Chamorro cuando los sandinistas, ahítos de poder y habiéndose repartido “la piñata”, no garantizaban la seguridad de quien los sustituiría en el poder. Ningún otro elemento fue usado para condenarlo; ahora, si hay el “juicio de las multitudes” y si se acepta como criterio no quedaría títere con gorra.

CHÁVEZ. En otros trabajos acá publicados se ha sostenido que uno de los problemas esenciales de un sector opositor ha sido el de hacerle peligrosas concesiones al caudillo en el plano de las ideas. Asumir que existe una “quinta” república es tal vez una de las más peligrosas renuncias que algunos han hecho, sea por el intento de congraciarse, sea por ignorancia. Ese concepto esconde la idea de que se ha producido un cambio revolucionario que ha refundado la sociedad desde sus propias bases y habría construido una nueva sociedad. Ha habido destrucción masiva de las instituciones y del tejido social en el cual los ciudadanos están inmersos, pero no hay instituciones nuevas, alternativas y sanas. Lo que hay es un desierto en lo que antes eran instituciones cojitrancas y reformables.

Aceptar los conceptos del régimen es aceptar su visión del mundo; designar el aquelarre bolivariano a través de su instrumental simbólico es reproducirlo. Véase si no cómo la oposición se ha visto prisionera de la opinión pública dominada por la perspectiva oficial al aceptar, por ejemplo, que las misiones continúen. Estas son un fracaso, su única continuación seria sustituirlas por programas sociales que funcionen.

LAS ENCUESTAS. Comenzó la batalla de las encuestas, de sus dueños y de quienes las contratan. Algunas, convertidas en partidos de relativo poder. Sacan sus números, los convierten en tendencias, en ciertos casos los empresarios-encuestadores, trocados en analistas políticos, son agentes para la promoción de la cuasi invencibilidad de Chávez. ¿Quién paga las encuestas? Nunca se supo. ¿Quién audita en forma independiente esas empresas que son agentes abiertos o encubiertos de intereses determinados? Nadie.

Hay grupos muy influyentes que quieren promover o descartar opciones dentro de la oposición, o colocar a esta en plan de fuga o lentamente elaborar el paisaje según el cual Chávez ganaría, aunque no se diga así. Tienen derecho a promover sus opciones pero el país tiene derecho a saber a qué señor sirven.

Version editada

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