El vacilón de la revolución

Thays Peñalver

THAYS PEÑALVER
@thayspenalver
tpenalver@me.com 

 

La impresión que dejaron en la ONU con el tema de los derechos humanos debió ser muy parecida a la sensación que habrán tenido aquellos extranjeros que vieron la bochornosa carroza de Simón Bolívar en el desfile del Carnaval de Río 2006. Como esta revolución ya se quedó sin argumentos y no puede convencer a nadie, lo que le queda ahora es tratar de confundir a sus interlocutores con el “efecto sambódromo”. Y es que todo lo que hacen es como el show que montaron con el pobre Libertador. Guiaban a la carroza lo que al parecer es para los revolucionarios la imagen de nuestros soldados de la independencia: mujeres enfundadas en mallas ajustadas que bailaban frente a una carroza encabezada por una garota semidesnuda, que tenía a sus pies a Carmen Miranda con su célebre sombrero de frutas y a su lado, el Che Guevara a quien a manera de sombrero un “personaje” de lo más folclórico en verde y muchas plumas le bailaba en la cabeza. Detrás de todos ellos, sentado con una inmensa cara de tristeza, Bolívar con el corazón en la mano.

A la mañana siguiente, entre el calor y el ratón lo que le quedó a todos en la cabeza fue: “esa Revolución, es un vacilón”. Y eso fue lo que trataron de hacer en Ginebra, distraer hasta que los delegados les preguntaron ¿cómo es que a la fecha han ocurrido en Venezuela más homicidios que en los 100 años anteriores del siglo XX? ¿Por qué más de un millón y medio de venezolanos se han desplazado a otros países? ¿Por qué 15 naciones han encontrado motivos para darle asilo a cientos de venezolanos? ¿Por qué hay centenares de casos de ataques a los medios y persecuciones con fines políticos? ¿Dónde están los responsables de colocar bombas en las Iglesias?

Aún sin reaccionar les leyeron estas cifras: cerca de 300 mil venezolanos murieron o tienen una bala alojada en su cuerpo, otros 100 mil han sufrido lo mismo que los Tutsis de Ruanda a cuchilladas, más de 50 mil venezolanos han sido abusados severamente o lesionados, cientos torturados y desaparecidos, más de cinco mil víctimas de allanamientos ilegales, 10 mil habrían sido amenazados o extorsionados por la fuerza pública.

Intentaron negarlo, pero se quedaron fríos cuando les mostraron sus propios informes oficiales que indican que a mitad de la revolución, Venezuela rompió el récord de 40 años de violaciones, porque ellos reconocieron: “contabilizamos las cifras de los delitos relacionados con la violación de Derechos Fundamentales -homicidios, lesiones, violación de domicilio, privación ilegitima de libertad, tortura desaparición forzada- con un total de treinta y un mil doscientos ochenta y cinco (31.285) casos iniciados durante los años 2000 al 2006”. (MP, Derechos Fundamentales 2006, pág. 191). Los revolucionarios trataron de negarlo.

 Pero los delegados salieron a su paso: ¡es que ustedes reconocen en sus propios informes una violación gravísima de derechos humanos cada dos horas en Venezuela! Y la comitiva respondió: pero hoy los venezolanos comen mejor y hemos superado la pobreza. Y los delegados preguntaron: ¿y si el petróleo baja? Casi toda su comida y su salud son importadas, es muy fácil dar de comer durante una bonanza, pero esta siempre llega a su fin. ¿Por qué no nos permiten ir y así vemos lo que pasa?

Es entonces cuando al quedarse sin respuesta, reapareció el sambódromo y a un chasquido del maestro de ceremonias, arrancó la Orquesta Juvenil gritando ¡Mambo! Y los revolucionarios exclamaron: ¡Miren a nuestros jóvenes! ¿No los ven felices? Y todo terminó en un jolgorio, mientras Bolívar vuelve a poner su cara de inmensa tristeza recordando que a Venezuela en su época la llamaban “barullopolis” porque él sabe que la revolución no es un vacilón, sino la gran tragedia del pueblo de Venezuela.

 

 
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