Evo Morales en una encrucijada

Joel D. Hirst

JOEL D. HIRST
@joelhirst 

Un grupo de indígenas bolivianos se encuentran marchando desde la sofocante selva amazónica hasta La Paz. Esperando por ellos en esta capital andina, encajada en una grieta a 13.000 pies, se encuentra el primer líder de la Unión de Productores de Coca en llegar a la presidencia: Evo Morales.

El Presidente Morales está consciente de los peligros de un bloqueo indígena a la ciudad capital. Él utilizó estas mismas tácticas en 2003, cuando cerró la capital, aprovechando una ola de descontento, y obligó al entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a marcharse al exilio.

Pero ahora, es Evo Morales quien se enfrenta el descontento. Los problemas comenzaron al anunciar en enero de 2011la eliminación de los subsidios a la gasolina. Estos subsidios le costaban al gobierno de Bolivia más de 600 millones de dólares al año -una cantidad enorme para una nación sumida en la pobreza andina. El plan encontró una  feroz resistencia de las comunidades pobres, especialmente de la comunidad indígena aymara de El Alto, un suburbio pobre del altiplano de La Paz, y uno de los distritos electorales claves para Morales. El Presidente se vio obligado a retirar el plan, pero su nivel de aprobación cayó varios puntos y no se ha recuperado.

El nuevo problema para el presidente Morales nació de la decisión de construir una carretera a través del TIPNIS -un importante parque nacional y un lugar sagrado para las comunidades indígenas del país. La concesión de este proyecto fue dada a la empresa brasileña OAS -un grupo con estrechos vínculos con el ex presidente de Brasil, Luis Ignacio “Lula” da Silva. Lula incluso llegó a Bolivia para presionar en favor de OAS cuando la crisis comenzó a empeorar.

Al conocer la noticia de la destrucción de su bosque sagrado, las comunidades indígenas del TIPNIS se organizaron y comenzaron a marchar sobre la capital, exigiendo el cese del proyecto. La marcha se detuvo en la provincia de Beni, donde fue recibida con una represión brutal por parte de más de 500 policías antidisturbios. Los indígenas que fueron golpeados brutalmente, y hay rumores de muertes múltiples, aunque han sido difíciles de confirmar. La represión, como es natual, no hizo sino incrementar el enojo de los grupos indígenas, al punto de secuestra al canciller boliviano, David Choquehuanca -un indígena quechua- y obligarlo a marchar junto a ellos. La agresión también redobló el compromiso de marchar hacia la capital.

Todo esto ha restado a Morales un apoyo político importante, provocando la renuncia en protesta por la violencia desatada, tanto de su ministro de Defensa como de su ministro de Gobierno.

Estos hechos han provocado una baja en su liderazgo dentro de la coalición de más de 30 diferentes grupos indígenas de Bolivia e incluso hay rumores de descontento en El Alto, en solidaridad con los grupos indígenas del TIPNIS, un hecho que debe tener a Evo preocupado porque El Alto tumba gobiernos.

El presidente Morales se encuentra en una situación difícil. Por un lado, nunca ha sido realmente un líder indígena -a pesar de presentarse como tal en los medios de comunicación internacionales – cuando en verdad, como presidente de la Unión de Productores de Coca,  es un “cocalero”. Por el otro, Morales arriesga sus relaciones con Lula y los brasileños. Esto podría dar paso al desastre ya que Brasil ha sido un importante aliado de Morales, y las empresas brasileñas son depredadoras y apoyan a los políticos que consideran más acorde con sus intereses, como se demostró en las elecciones peruanas recientes.

Hay que ver si las habilidades políticas del presidente boliviano le permiten salir de este mal momento, o si se unirá a las lista de otros mandatarios bolivianos que han tenido que marcharse al exilio.

Versión editada

Joel D. Hirst es consultor con el Grupo Córdoba Internacional y un experto en asuntos latinoamericanos. Su twitter es

 

 

 
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