Gladiolos para Laura Pollán

 Su compromiso iba mucho más allá de la liberación de un puñado de disidentes. Obama ha recordado ‘su valiente voz por la libertad de los cubanos’

Gina Montaner | Miami

En la era de Twitter y las redes sociales ya no hay diferencias horarias ni tiempos muertos. Sencillamente la información fluye sin descanso. Mientras unos duermen, otros tuitean y retuitean los aconteceres de la vida hasta que llega la hora del relevo. De ese modo, los hechos y las verdades se cuelan en las rendijas de los partes oficiales.

Laura Pollán

Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, falleció este viernes en el hospital Calixto García, al filo de las siete y media de la noche, hora habanera. La encargada de propagar la triste noticia fue la bloguera Yoani Sánchez por medio de un tuit de luto. Horas antes, la blogosfera se había saturado de malos augurios. La noticias que llegaban de la Habana no eran alentadoras: desde hacía una semana Pollán se encontraba internada a causa de un grave virus que le había provocado una insuficiencia respiratoria.

Este viernes se supo, además, que la activista había contraído dengue tropical. Tras conocerse las circunstancias de su muerte, en Twitter un joven exiliado cubano, @eljoe80, escribía sobre el Calixto García “Es lo peor que te puede pasar si enfermas. No hay medios”.

A diferencia de pacientes de lujo como Fidel Castro o amigos VIP como Hugo Chávez, que son atendidos en CIMEQ, un centro de lujo a prueba de las bacteria que pululan en los insalubres hospitales públicos, Pollán moría de una enfermedad cuyo tratamiento no es un misterio para la ciencia del primer mundo.

A lo largo del sábado, a la modesta procesión en su funeral que a duras penas ha celebrado una disidencia sitiada, se ha sumado el desfile virtual de condolencias que han llovido en Internet. Su esposo y su hija, todavía muy golpeados, han dicho que más adelante esparcirán sus cenizas en un campo de flores. El paisaje perfecto para una mujer que soñaba con los colores y las fragancias de la democracia.

Los regímenes fundados en el terror continuamente ponen a prueba la dignidad del individuo, pues las dictaduras se nutren del miedo y de su capacidad de quebrar el espíritu. Así fue cómo en 2003 Laura Pollán, de profesión maestra, se vio en la disyuntiva de permanecer callada o exigir justicia, cuando su esposo, Héctor Maseda, fue apresado junto a los otros integrantes del Grupo de los 75, en la ola represiva que lanzó el gobierno contra el movimiento de periodistas independientes. Aquella primavera que se hizo negra por los encarcelamientos masivos, fue el germen de las Damas de Blanco, que en aquel entonces lideraron Blanca Reyes, esposa del gran poeta Raúl Rivero, y la propia Laura Pollán. No descansarían hasta tener junto a ellas a sus compañeros en la vida y en la lucha por la libertad de Cuba.

Recientemente el gobierno cubano, por mediación de la Iglesia, acabó por liberar con cuentagotas al Grupo de los 75, exigiéndole a la mayoría el destierro. Sin embargo, incluso antes de que excarcelaran a su marido, Pollán afirmó que no se marcharía de Cuba porque su labor, la de las Damas de Blanco que aún permanecían en la Isla, era la de luchar hasta el final por el cambio.

Hoy, al evocarla, estremece escuchar una entrevista que Radio Martí le hizo: “Si tenemos que entregar nuestras vidas en pos de la libertad de nuestra Cuba, así será”. Palabras premonitorias de una mujer que, durante el cautiverio de su bien amado esposo, sufrió una transformación. Su compromiso moral iba mucho más allá de la liberación de un puñado de disidentes.

Cada domingo, en las marchas que presidía con un gladiolo blanco como única arma contra sus agresores, comprendió que su misión era la de ganar espacio en las calles junto a otros disidentes y el movimiento de jóvenes blogueros. Misión que continuará otra valiente, Berta Soler.

Desde hace más de medio siglo los disidentes cubanos entran y salen de las cárceles. Mueren, como Orlando Zapata Tamayo, en huelgas de hambre. Milagrosamente, algunos, como Guillermo Fariñas y Oscar Elías Biscet, sobreviven a la pésimas condiciones del presidio. Otros, como Laura Pollán, fallecen en condiciones deplorables y turbias en hospitales custodiados por agentes de la policía vestidos de civil. Son los crímenes a los que tendrán que enfrentarse los verdugos del castrismo en la hora de la verdad.

Pero hoy, todavía sacudía por la desaparición de una Dama de Blanco, no me canso de ver los vídeos que los internautas han “colgado” para recordar a Laura Pollán: era tan valerosa en medio de la chusma que la vapuleaba. Tan entera a pesar de la lluvia de insultos y patadas. Es imposible contener la emoción frente a su frágil coraje. Ante su pérdida, el presidente Obama ha recordado “su valiente voz por la libertad de los cubanos”. En el firmamento de las redes sociales llueven gladiolos blancos por la memoria eterna de Laura Pollán.

 

América.es

 
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