Primarias para unir o dividir

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
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Quienes han apoyado al proceso bolivariano también temen a un futuro sin Chávez

La campaña interna de la oposición ya se ha iniciado. Durante los próximos 4 meses veremos a los aspirantes esforzados en obtener el respaldo de la mayoría de los electores. El país distinguirá cuál de ellos resulta más conveniente para enfrentarse al presidente Chávez en octubre de 2012 y para conducir los tiempos duros que sucederían a la revolución bolivariana.

La tarea de los nominados no es sencilla: todos necesitan demostrar que no sólo son capaces de aglutinar apoyos en el campo estrictamente opositor, sino también en los demás auditorios nacionales. Ya sabemos que no basta la conquista del electorado cautivo de la llamada “alternativa democrática” para convertirse en una opción con potencial para ganar las presidenciales.

La madurez de los votantes es un requisito indispensable para que se produzca la mejor escogencia. En ellos recae la responsabilidad de identificar cuál es el tipo de confrontación que más conviene para seducir a la más amplia variedad de sectores del país.

En el cuadro actual, no todos los precandidatos representan lo mismo: algunos están planteando un rudo cuerpo a cuerpo con el mandatario, mientras otros se inclinan a favor de desarrollar una campaña más elaborada, cuyo acento se concentre en el propósito de ampliarle los radios de influencia a la alternativa democrática.

Es ostensible que los diferentes comandos intentan resaltar los contrastes entre los distintos nominados y que, en ciertos casos, tal esfuerzo contraría los intereses que, con seguridad, tendrá la oposición el día después de las primarias. La mayor parte de los precandidatos se está concentrando en febrero, sin preocuparse de los desafíos que octubre les impondrá en materia de propuestas y de discurso.

Al electorado le corresponde observar con atención a cada aspirante y calcular cuán sustentable en el tiempo son sus posturas actuales. Ambas campañas, la de febrero y la de octubre, poseen sus propias particularidades: la primera busca conseguir el respaldo de un único electorado (el opositor), en tanto que la segunda necesitará atraer a todos los electorados del amplísimo y complejo país no chavista.

El tema del miedo es crucial. La oposición debe comprender que el problema no involucra exclusivamente a los venezolanos que respaldan a la alternativa democrática, y que han estado expuestos todo este tiempo a la violencia de la exclusión. Quienes han apoyado al proceso bolivariano también temen a un futuro sin Chávez. La decisión de confrontar con rudeza al jefe del Estado, o de buscar otras formas más sutiles de contrastación, impactará en los miedos e incertidumbres del campo revolucionario. Vistas así, las primarias servirán para acercar a los dos países, o para ensanchar las distancias que los separan…

 
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