16 años…

Julio Castillo


JULIO CASTILLO SAGARZAZU
juliocasagar@gmail.com

Mao Tse Tung murió en el año 1979, faltaban 10 años para el bicentenario de la Revolución Francesa. En una de las últimas entrevistas concedidas, un periodista le interrogó sobre la significación de ese acontecimiento que marcó la historia de la humanidad. Mao respondió: “Aún es muy pronto para pronunciarse…”

De manera que a riesgo de hacer un juicio temerario, nos atreveremos a hacer un juicio sobre lo que ha significado Proyecto Venezuela en el país, ahora que está cumpliendo 16 años de vida.

Proyecto VenezuelaLo primero que hay que expresar es que aunque muchos piensen que Proyecto Venezuela es un partido, debo decir con propiedad, que en realidad no lo es. Al menos, no es un partido en el sentido clásico, leninista del término.

En alguna de las cuitas tenidas con su fundador Henrique Salas Römer, creo haber llegado a la definición “transaccional” que define a Prove como “un sentimiento”. Desde hace un tiempo y en una expresión mucho más plástica y útil le he escuchado caracterizarlo como “un cauce para una causa”.

Cualquiera que sea la definición y para no esperar 200 años para perfeccionarla, lo que si es cierto es que PV es una manera particular de organizar una voluntad política de nuevo tipo.

Si me apuran, diría que es una organización que se ha hecho para organizar y ganar elecciones.  Y lo ha logrado.

En efecto, después de estar presente en muchísimas de sus reuniones a las que siempre acudo con el prejuicio (bueno o malo) de debatir sobre el fondo de un problema; de estimular la dialéctica mayéutica de querer obtener la verdad o una aproximación a ella a través del debate, me doy cuenta que esas reuniones no terminan con mayorías y minorías, con votaciones sobre un tema, como siempre me acostumbré, sino con una suerte de “resumen ejecutivo” de tareas que realizar.

Nunca he estado en la directiva de una gran empresa, donde tomar decisiones es más importante que discutir sobre ellas, pero me imagino que las reuniones de Proyecto Venezuela se deben parecer mucho.

Quizás esa característica ha hecho que PV sea un partido que suele sorprender a tirios y troyanos.

En una ocasión escribí un artículo que creo se tituló: “El Librito de Salas” en las que señalaba que, emulando a Willie Horton, el piloto magallanero, que mandaba a tocar al cuarto bate y a batear al pitcher y ganaba juegos, Henrique Salas ganaba juegos cuando en realidad debía perderlos.

Solo una audaz manera de conducir la política pudo hacer que un gobernador de provincia que, en su momento ganó contra todos los pronósticos, haya podido concertar a su alrededor a casi la mitad de los venezolanos para contrastar con Hugo Chávez en aquellas aciagas elecciones.

16 años “no son nada” nos dice el tango pero en un país como Venezuela es casi una hazaña haberlos cumplido.

Nos acercamos a un nuevo desafío electoral. La escuela y experiencia de gobierno que se inició en Carabobo y que acompañó a esfuerzos similares en otros estados, promoviendo esa Revolución de la Sociedad Civil que fue la Descentralización, es un capital a no desdeñar.

Este “sentimiento”, este “cauce para una causa” es una experiencia a estudiar y considerar.

 
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