Algo se derrumba en el chavismo

 Juan Carlos Zapata

Desde hace un tiempo vienen observándose las señales. En la medida en que se acercan los días finales, se hacen más evidentes. Lo primero, el estribillo de Chávez: la oposición no puede gobernar el país. Lo segundo, aquella expresión del general Rangel Silva: no hay otro líder que Chávez. Lo tercero, Adán Chávez  y la lucha armada. Lo cuarto, Chávez insiste: ya estoy sano, qué es un cáncer para mí, y va y viene de Cuba, encendiendo las alarmas de sus propios partidarios. Lo quinto, los bolifuncionarios entrándole con furia al botín. Lo sexto, Carlos Escarrá indica; en la Procuraduría, pues hay que arreglar la casa. Lo séptimo, un ex-directivo de PDVSA trabaja en solitario, en una oficina ubicada en un edificio de la avenida Francisco Solano de Sabana Grande, arreglando expedientes, informes, clasificando documentos. Lo octavo, otro ex-alto funcionario, el bolifuncionario por excelencia, de la máxima confianza de Chávez, ahora metido a inversionista, ahora viajero a Nueva York, a Long Island, a Palm Beach, a ver caballos, carreras de caballos, y rodeado de algunos de sus aliados, a quienes les dice, no me botaron del Gobierno, yo me fui porque no soy comunista, y claro, con varios millones de dólares, ¿quién no lo es? Lo noveno, un ex-jerarca del sector eléctrico que afirma: estamos ligando a que Chávez llegue al 2012 porque de lo contrario en el chavismo la guerra intestina será a muerte. Lo décimo, la declaración del médico Navarrete.

Son señales inequívocas. Hay que seguirlas. Porque en lo interno se descosen las costuras. ¿Y cómo reacciona Jorge Giordani ante la publicación? Nada. No tiene nada que decir. ¿Y cómo reacciona Cilia Flores? Sin respuesta de fondo. El sistema sí responde. Con una multa expropiatoria contra Globovisión. Y con el anuncio de que Leopoldo López puede postularse pero no ejercer la Presidencia de la República. Las revelaciones del médico Navarrete –reforzadas con los lamentos del presidente Rafael Correa desde Ecuador- casi nadie las ve como expresión espontánea sino formando parte de una trama que intenta enviar un mensaje rotundo al colectivo chavista. El tono de la entrevista. El cuidado de las respuestas. El cálculo al hablar del personaje Chávez, sus vicios, su historia clínica, su humor, con lo cual  confirma lo que más luego apunta: para gobernar hace falta más que voluntad.

Este es el cuadro. No exento de riesgos, como lo advierte el ex-jerarca eléctrico, con las maletas preparadas, con las cuentas bien estructuradas en el exterior, por si acaso. ¿Es el único con las maletas listas?

Editorial El Parricida            .

 
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