Autogobierno endógeno

ALEJANDRO MORENO
ciporama@gmail.com  

La lucha contra la violencia pasa por decisiones políticas de reorganización de la ciudad, reconociendo en los hechos y en el derecho lo que a las comunidades les pertenece… simplemente por haber nacido.

 

En la urbanización Terrazas del Ávila están bien organizados. Lo dicen notas de prensa. Así, han logrado disminuir, por ejemplo, los secuestros exprés de 14 mensuales en 2009 a uno en lo que va de año. Esto es sólo una muestra de la seguridad alcanzada, pues el índice de inseguridad lo han bajado en 90%. Para ello y para muchas otras cosas actúan, al parecer, con mucha autonomía. Tanto, que uno de los dirigentes puede afirmar que los vecinos “nos ven como un gobierno local dentro de la urbanización”. Pero no lo son.

Aquí está el punto crítico de todo. Pueden actuar así porque se lo proponen, acuerdan entre todos, tienen líderes de buena voluntad, la venia y apoyo hasta económico de las autoridades municipales. Si las cosas cambian, si la alcaldía de Petare pasa a otras manos, si los líderes se mudan y no los sustituyen otros con semejantes cualidades, sí… sí… Hoy están aliados la asociación de vecinos y el consejo comunal pero pueden presentarse conflictos y dividirse. Como sucede con demasiada frecuencia en Venezuela, esos importantes logros siempre estarán en peligro de perderse. En este caso, el “gobierno local” vecinal no está sustentado sobre la ley, sobre la estructura territorial y política de la ciudad y del municipio, sino sobre el permiso, la venia y quizás hasta la tolerancia de las autoridades circunstanciales.

El Distrito Capital en que está constituida Santa Fe de Bogotá, alrededor de 7 millones de habitantes, casi como el de Caracas, se ha ido dividiendo hasta llegar hoy a 20 alcaldías locales. Cada una cuenta con un alcalde menor elegido por votación popular. El alcalde mayor de la ciudad coordina y ejerce las competencias que trascienden lo local. El poder local es, así, sólido y autónomo por derecho propio. De ese modo, se ha facilitado la lucha contra la violencia. Cada alcaldía local comprende cerca de 60 barrios. Petare cuenta con más de 1.500.

En el citado caso de Bogotá, como en nuestro muy limitado proceso análogo, encuentro un error de concepto. Se parte de un poder central que divide y cede, descentraliza. Sin embargo, el derecho de cualquier comunidad local a autogobernarse no proviene de una gracia, concesión o permiso de otro poder superior sino del puro hecho de existir como comunidad. Es un poder, éste sí endógeno, que se genera (geno, del griego gignómay, nacer) dentro (endo, del griego, éndon, dentro) de la estructura o de la pura existencia del conjunto humano: el poder de gerenciar y habérselas con sus propios asuntos ejerciendo sus capacidades. Al poder superior no le toca conceder sino reconocer, aceptar y legalizar, no legitimar lo ya legítimo, para garantizar ante todas las instituciones la vigencia y práctica de ese derecho.

En la actualidad el poder local se halla en estado de colonización, expoliación y opresión por parte del poder central de la ciudad y del Estado. Pensar lo local, vecinal o regional, en términos de descentralización es mantener la misma situación pues el que descentra y concede tendría el derecho de recentrar y des-conceder. Tenemos experiencias en marcha. Lo justo es pensar en términos de endogénesis, de abajo hacia arriba. En ese recorrido el Estado es el último. Gracias a esa urbanización por el ejemplo, pero no se queden ahí, piensen y actúen con mayor atrevimiento y radicalidad.

La lucha contra la violencia pasa también por decisiones políticas de reorganización de la ciudad reconociendo en los hechos y en el derecho lo que a las comunidades les pertenece simplemente por haber nacido. Esto no es estado comunal, sino verdadero poder popular.

 

 
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