Kadafi y las similitudes

Ricardo Trotti


RICARDO TROTTI

Kadafi era déspota, despiadado y sanguinario. Sus crímenes por más de 40 años se cuentan a montones, tanto en su país como en el extranjero. Patrocinó el terrorismo, musulmán o irlandés le daba lo mismo, e hizo poner bombas en dos vuelos comerciales (el vuelo 103 de Pan Am en 1988 y el de un avión francés) y desafió al mundo. Su revolución no era ciudadana ni del pueblo, era propia. Dilapidó fortunas y administró pobreza, en un país singularmente rico y petrolero que tenía el potencial de ser el Abu Dhabi de África.

Era estrafalario. Loco. Usaba trajes militares, así como túnicas decoradas con oro y mapas del continente que creía era suyo.

Fue amigo oportunista de muchos. Desde los de la CIA para cazar terroristas asesinos hasta de aquellos que patrocinan o protegen al terrorismo desde las Américas, como Hugo Chávez y Fidel Castro.

Como Chávez, es producto de las regalías del subsuelo. Cambió favores y beneficios por barriles de petróleo. Antes era militar y como líder de oficiales derrocó a un gobierno. Echó a los americanos y europeos y nacionalizó empresas y negocios. Cambió leyes y reglas y dijo que la democracia representativa era una farsa; prefería el gobierno de las masas, creó comités populares, lo que no fue más que la excusa para tener todo el poder en sus propias manos.

En la ONU, rompió una copia de su carta fundacional y calificó al Consejo de Seguridad “consejo del terrorismo”. Se alojaba en tiendas de beduino así fuera en las arenas del desierto o sobre la grama en Nueva York. Al mes de enero lo hizo llamar “Ayn al-Nar” (“Donde está el fuego”).

En Latinoamérica otros le siguieron, como si se tratara de un manual del perfecto excéntrico. Chávez, que le cambió el sable de Simón Bolívar por un honoris causa, y mimetizado por sus extravagancias, también se abocó a atrasar el horario en media hora, virar hacia la izquierda el caballo en el escudo nacional y alargar el nombre de la república.

En fin, Kadafi se creía iluminado, mejor, superior. Y de esas “cualidades” emanaban sus abusos de poder. Chávez no es muy distinto y mucho menos sanguinario; pero sí despótico y despiadado.

Fuente: http://www.ricardotrottiblog.com/

 
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