La taumaturgia del Comandante en bajada

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com

Hacia 1340 en el inicio de la Guerra de los Cien Años, se produjo un episodio diplomático que protagonizó un religioso de nombre Francisco, de la orden de los Predicadores. A este religioso se le asignó la misión de buscar alianza con el Dux de Venecia, en favor del rey de Inglaterra Eduardo III. En un discurso rescatado por el historiador francés, especialista en historia medieval Marc Bloch, el hermano Francisco plantea para evitar el derramamiento de sangre entre cristianos, tres opciones para decidir la disputa dinástica que fue la causante de tan prolongada contienda.

El primer medio para decidir quién en verdad era el rey legítimo, era el enfrentamiento directo de los reyes en “la liza” o arena. Este cara a cara entre los pretendientes constituía un “autentico juicio de Dios”, y podían participar además de los aspirantes una representación de ambos bandos.

La segunda opción era la exposición a los leones hambrientos, ya que según una creencia popular “es sabido que los leones jamás acometen a un verdadero rey”, pues los leones no pueden devorar a un hijo de rey.

El tercero y último medio era el de sanar enfermos “como acostumbran hacerlo los reyes verdaderos”. En el siglo XIV nadie dudaba del poder de curación de los reyes, y por ello se les llamó reyes taumaturgos (magos), reyes médicos, estos tocaban con la punta de sus dedos y hacían la señal de la cruz. El monarca manifestaba que él ejercía en nombre de Dios su poder milagroso y decía solemnemente “El rey te toca, Dios te cura”.

Como era de esperar Felipe de Vaios rechazó estas propuestas y la Guerra de los Cien años continuó su curso. Es improbable también que el religioso haya hecho tales proposiciones en serio, pero los historiadores en su tarea de comprender el impacto de la taumaturgia de los reyes en la mente colectiva han estudiado este fenómeno popular con atención.

La historia anterior viene al caso por los ritos de sanación a los que se ha sometido el presidente Chávez, convirtiendo su proceso de recuperación en un “hecho milagroso”, que tiene la intención de centrar la trama de la política venezolana en la edad media, para evitar la evaluación de su gestión catastrófica de gobierno. El sincretismo de las religiones ancestrales africanas con la corte médica de María Lionza, los espíritus de la sabana, José Gregorio Hernández, y más recientemente la imagen del “Cristo de la Grita”, son expresiones de una taumaturgia presidencial pre moderna en lo que a cristianismo corresponde y posmoderna por la variedad de creencias unidas para un fin; el milagro de la sanación del gobernante.

El problema para el Presidente es que los leones hambrientos según el Doctor Navarrete se lo están devorando por dentro, y la curación de las llagas de la pobreza (con la promesa de la Gran Misión Vivienda) son una ficción estadística.

Eso sí, todavía le queda  vozarrón para  retar al “majunche” a la arena, y soñar que va a volver a ser presidente por otro periodo, algo imposible, porque ya no puede tocar a la muchedumbre sin temor.

 
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