¡MILAGRO!

Charito Rojas

CHARITO ROJAS
Charitorojas2010@hotmail.com

“El hombre propone y Dios dispone”. Proverbio español.

Día de fiesta en La Grita. ¡Llega el Comandante y llega vivo!, gritaba la multitud de seguidores y mirones. Cadena Nacional para ver al Comandante, uniformado de un grado inexistente (¿Tricomandante en Jefe de todos los trisoleados?), descendiendo del avión para encontrarse con sus amados soldados, a quien dio la voz de ¡fiiirrrrrrr!, mientras éstos se agachaban bajo el inclemente sol, en la agrietada pista de aterrizaje del aeropuerto. Ahí estaban ministros y ministras, con cara de aliviados por el regreso del Jefe y esperando ansiosos una palabra, un gesto, que reivindique su posición en el afecto del líder supremo.

¡No hay una sola célula cancerosa en este cuerpo! decía el redivivo, que se apeaba del chupadólares en el Táchira para pagar lo que le debía al Altísimo. Dice él que le hizo una promesa al Santo Cristo de La Grita de visitarlo si salía de ésta. Y cierta o falsa su sanación, su presencia daba a sus huestes el mensaje necesario para mantenerlos a todos a raya y para que nadie se despalome con malas noticias.

Venía de Cuba, donde dicen los reportes de blogueros de la isla, el “babalao” Papo Angarita junto a su grupo “Aché iré” (“salud y suerte”) organizó un rezo santero por la salud del Comandante, igualito al que hace por la de Fidel. Esto nada extraña, sobre todo porque el Comandante siempre ha estado en contacto, como buen llanero, con espíritus de la sabana e invocaciones ancestrales. Como las que hacía para conversar con su pariente Maisanta cuando estaba en Yare.

Para nadie es un secreto la cercanía del barinés con sectas como la santería y religiones indígenas. Por su recuperación se han realizado en Miraflores desde un “bilongo” del culto a María Lionza hasta rituales yorubas. Todos estos vapores de magia negra, espiritismo y creencias ajenas al catolicismo, no pescan por sorpresa a los venezolanos, que después de la exhumación de los huesos de Bolívar, creen cualquier cuento de terror que les metan de este personaje.

Pero este pasticho de Babalú Ayé con María Lionza no perturbaría tanto si no lo mezclaran en obsceno maridaje con el Santo Cristo de La Grita. Nuevamente tentando su destino, se declara milagrosamente curado de un cáncer en apenas cuatro meses y acude en una orgía de populacho hasta el altar para dar gracias a quien seguramente nada tiene que ver con tal celebración. Y con Monseñor Moronta (el único Obispo venezolano a quien el Comandante considera digno de ser Cardenal, según sus propias palabras) haciéndole la comparsa a este festín televisivo encadenado del milagro. Sabemos que cada Obispo es autónomo en sus decisiones, pero formar parte de ese carnaval mediático no imprime a Moronta generosidad sino una complicidad ajena a los afectos de los cristianos venezolanos, ofendidos reiteradamente por quien convierte la fe católica en una farsa con fines electorales.

Y entonces, en medio de la fiesta por su recuperación, le tocaron el tema de su amigo Gadafi, linchado ese mismo día por su pueblo, harto y lleno de odio hacia quien los tiranizó por 42 años. “Es un asesinato, un atropello más a la vida”, dijo estremecido no sabemos si de dolor o de miedo. “Lo recordaremos toda la vida como un gran luchador, un revolucionario y un mártir”, agregó, sin pensar en un minuto en las miles de vidas que costó deshacerse del “carnicero “de Libia, como llaman en el mundo a su aliado y amigo. La cháchara continuó por el sendero acostumbrado: el imperio y la Otan quieren quedarse con el petróleo libio, bla, bla, bla.

El festival del milagro se vio súbitamente interrumpido por un aguafiestas médico llamado Navarrete, quien afirmó que al Comandante le quedaban dos años de vida, contradiciendo con la ciencia la súbita sanación. Explicando la naturaleza del mal y sus implicaciones llegó a la misma conclusión que han comentado cientos de médicos venezolanos duchos en la materia y que, sin haber tratado al paciente como aparentemente nunca ha hecho Navarrete, llegan a las mismas médicas conclusiones basados en lo que se filtra en el gremio y en su experiencia tratando casos similares.

El que tres médicos desmintieran a Navarrete repitiendo la versión presidencial que es la única disponible, no agregó elemento alguno que haga confiar en sus palabras, sobre todo si consideramos que ninguno de los tres es oncólogo y que ninguno de los tres es tratante del Comandante. Para peor panorama, uno es hermano de Rafael Ramírez el Presidente de Pdvsa (y se llama Fidel, para no negar la filiación izquierdista familiar), otro fue Ministro del régimen cuando los sucesos de 2002 y el otro es director del hospital militar y oftalmólogo en retiro.

Así que el país sigue en las mismas: sin información cierta sobre la salud del Primer Mandatario, cuyo aspecto hace dudar seriamente del susodicho milagro. Sin un parte médico que diga los alcances de la enfermedad y las expectativas futuras, que deben ser del conocimiento público porque se trata de quien dirige el país y no del chichero de la esquina. Y yo pregunto ¿por qué tanta rezadera si ya está curado? ¿Por qué debe chequearse cada cuatro meses si hay una curación total?

Todos los médicos que conozco han coincidido en que para declarar curado de un cáncer a un paciente es necesario que pasen cinco años sin que sobrevenga en ese tiempo ningún evento tumoral. A éste lo curaron los milagreros cubanos en cuatro meses. Yo propongo seriamente dos acciones: 1) pedir que se reconozca este milagro, para declarar santo al médico que lo logró. 2) solicitar a la Academia Sueca la concesión del Premio Nobel de Medicina para quienes han logrado la cura del cáncer en ese tiempo récord.

Tal vez deberíamos estar hablando de elecciones, de futuro, de la devastadora Ley de Arrendamiento, de la inseguridad o de la inflación. Grandes temas nacionales que se ven opacados en este país de comiquita por la enfermedad de un solo hombre. Es que amamos el show… y él lo sabe. Pero allá en su interior, debe estar tachando un nombre más en su lista de amigos, que es cada vez más pequeña: Marulanda, Saddam Hussein, Kirchner, Reyes, Gadafi. Están en la cola los muy enfermos Fidel y Mugawbe, mientras que sus pueblos podrían dar cuenta del sirio Al Assad, Ahmadineyad y Lukashenko. La propia pandillita, pues.

Cada vez más solo, silba alto, aplaude y grita, para que los espíritus se espanten y lo dejen en paz.

 
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