ARABIA SAUDITA, “BANCO CENTRAL” DEL PETRÓLEO

Luis Giusti

Luis Giusti

LUIS E. GIUSTI L.
lgiusti@csis.org 

El pasado mes de junio la delegación saudita, encabezada por su ministro de Petróleo, Ali Naimi, salió de la reunión ordinaria de la OPEP visiblemente molesto por los resultados. Habiendo luchado tenazmente a favor de un aumento de 1,6 millones de B/D para enfrentar un segundo semestre que se anticipaba desbalanceado, con riesgo de una escalada de precios, su propuesta fue rechazada por la mayoría. Pero este aparente fracaso no desalentó a los sauditas, quienes en forma pública y unilateral aumentaron su producción en casi 1 millón de B/D, los cuales se sumaron a 37 millones de barriles liberados por la Reserva Estratégica de Estados Unidos durante junio y julio. Es interesante notar que no obstante esos volúmenes adicionales de suministro, el crudo Brent se mantuvo por encima de 110 $/barril y el WTI a pesar de sus distorsiones se mantuvo por encima de 85 $/barril.

Arabia Saudita ha aumentado hasta 9,8 millones de B/D el pasado verano, y promedia 9 millones de B/D durante el año, en comparación con 8 millones de B/D en 2010. Ese aumento ha puesto a prueba la expansión iniciada en 2009 a un costo de 60.000 millones de dólares, justamente cuando la demanda comenzaba a derrumbarse. Sin embargo, la monarquía fue presta en anunciar que en vista de la inestable recuperación económica, no consideraban necesario en este momento continuar aumentando su capacidad hasta 12,5 millones de B/D como se ha venido comentando.

Seguirán produciendo transitoriamente al actual nivel hasta entrado el año 2012, en vista de las dificultades para la recuperación de la producción libia, la cual en el mejor de los casos alcanzará apenas alrededor de 700.000 B/D a finales de 2011, y del lento aumento de la producción de Irak, país que en el mejor de los casos alcanzará solamente 3 millones de B/D a principios de 2012.

La semana pasada el ministro Naimi transmitió confianza en que su país continuaría haciendo los ajustes necesarios en función de los requerimientos, en una clara indicación de que no confía en que la OPEP haga esfuerzos por aumentar producción para atender el crecimiento de la demanda.

Por su parte, el presidente de Saudi Aramco, Khalid Al-Falih, ha anunciado que su empresa no tiene planes inmediatos para aumentar capacidad y considera que la expansión en Brasil e Irak probablemente serán suficientes para atender el aumento de demanda en el corto plazo. Hay que tener presente que la monarquía ha aumentado su capacidad en 4 millones de B/D, pero en la pausa anunciada en el aumento en la capacidad hasta 12,5 millones y luego 15 millones de B/D, pesan las grandes inversiones comprometidas para 2 desarrollos petroquímicos, el gigante Sadara con Dow Chemical y una expansión del complejo Petro-Rabigh con Sumitomo.

Los nuevos desarrollos petroleros ya completados le han quitado presión a los campos viejos, tales como Ghawar, Berri y Abquaiq. Aun al nivel de 10 millones de B/D, los sauditas tienen suficiente crudo liviano y no tienen que recurrir a los crudos pesados. Tienen, además, bajo la manga el proyecto Manifa, un nuevo desarrollo de 900.000 B/D cuya primera fase de 500.000 B/D ya está operativa. Pendientes están la segunda etapa de Manifa y el nuevo desarrollo de 250.000 B/D de crudos pesados de Wafra, en asociación con Chevron.

Es fácil deducir de lo anterior por qué Arabia Saudita es el productor petrolero más importante del mundo. Pero no hay que llamarse a engaño, la misma disposición de la monarquía a aumentar y abrir producción cuando se necesita, como en el caso de compensar la pérdida del petróleo libio, incluso al margen de la OPEP, también la tendrá para recortar su producción a fin de abrir espacio a nuevos suministros y proteger los precios. No en balde se le reconoce informalmente como el “banco central del petróleo”.

 
Luis E. Giusti L.No photo
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