“Lo que viene”

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
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Las primarias son una excelente vitrina para neutralizar el miedo al cambio

La victoria opositora o la del chavismo en el 2012 no despejan las incógnitas que agobian al ciudadano común y a los elencos políticos de cada polo. Aún se desconoce lo que ocurriría con un triunfo de la revolución o de la alternativa democrática. A la oposición le toca resolver sus diferencias en torno del tratamiento que merecerían las instituciones del régimen bolivariano tras un triunfo suyo, mientras al oficialismo le corresponderá precisar con tino la viabilidad del nuevo “salto adelante” que propugnan sus fracciones más radicales.

Las decisiones que cada cual adopte tras la jornada presidencial, serán cruciales. Los asuntos con que deberá lidiar una oposición triunfante -esté o no presente Chávez- no son de poca monta. El país se aliviaría si se materializara un acuerdo unitario en relación con esos desafíos. Por lo pronto, lo que va revelando la contienda interna son las diferencias de los precandidatos y de sus equipos, alrededor de los asuntos más delicados que se asoman. Si uno solo de ellos expone propuestas desaconsejables -de ésas que nutren la desconfianza de los auditorios chavistas-, restará credibilidad a toda la oposición, incluida en ella a los competidores más prudentes.

Entretanto, la posibilidad de un triunfo y de un avance radical de la revolución, plantea también decisiones de gran peso que colocarían al país ante un nuevo ciclo de confrontación, en el cual las fracciones militares del “proceso” desempeñarían un rol aún más protagónico. Es obvio que, al alcanzar el triunfo, el chavismo procurará desconocer otra vez la potente fuerza del electorado que se opone al modelo bolivariano. No obstante, la diferencia entre ese momento y otros anteriores, estará signada por la evolución de la enfermedad del Presidente: una variable que ocasionará inexorables reacciones populares, si acaso la marcha hacia “el socialismo” quedara en manos de figuras opacas, escasamente populares, en las que Chávez delegaría el timón del Estado.

En este cuadro, es perentorio que la alternativa democrática exhiba una votación portentosa, reflejo del robustecimiento de su apresto. Remoralizada como ella quedaría, estará en mejores condiciones para enfrentar la ofensiva revolucionaria. Alcanzar un desempeño vigoroso depende de la esperanza que la oposición logre construir en la campaña, cuyo eje no debe ser otro que el alivio de los temores del pueblo chavista y una clara definición de la naturaleza de lo que ha de venir con su victoria: si una ruptura radical con el sistema actual, o un programa de cambios evolutivos con aspiraciones reconciliatorias. Las primarias son una excelente vitrina para neutralizar el miedo al cambio y para diluir la conseja de que sin Chávez, Venezuela está condenada al diluvio.

 

 
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