Manipular

MANUEL VICENT

Brazo en alto con la mano extendida fue el saludo ritual que adoptaron los fascistas y los nazis, un gesto que procedía de los antiguos romanos, en señal de amistad. Cuando en Roma dos desconocidos se encontraban para hablar, antes levantaban la mano y acto seguido se la estrechaban para demostrar que no llevaban ningún arma. El puño en alto muy apretado fue un signo que adoptó la Internacional para significar la unidad del proletariado, muy lejos de cualquier intención de violencia o amenaza. Ambos gestos, acompañados de gritos, himnos y banderas, sirvieron para cohesionar un ideal político, un sentimiento colectivo, un sueño compartido.

Cuando cayeron los fascismos y la revolución soviética pasó a la historia, el puño y la mano extendida dejaron de tener sentido, pero hoy el gesto en que se reconocen las nuevas tribus sociales no ha abandonado la mano. Actualmente media humanidad se halla bajo el imperio de los dedos que se mueven como cinco rabos de lagartija sobre el pequeño teclado de Internet y del teléfono móvil. A través de esos apéndices del cuerpo se liberan los siete vuelcos que da al día el corazón humano, la ceguera de los fanáticos, los avances de la ciencia, la codicia de los especuladores, el rebuzno de los idiotas, el movimiento de capitales, la información instantánea, simultánea y planetaria, junto con todos los sueños de los locos. Nunca la manipulación ha tenido un significado etimológico más apropiado.

Con los dedos de la mano a través de un teclado se ha cohesionado hoy el movimiento global de los indignados. Basta con apretar una tecla y las plazas de medio mundo se llenan de jóvenes, de momento sin himno, ni bandera y ni gritos de rigor que marquen un destino en lo universal a su desazón convulsa, como en los años treinta lo hizo el brazo en alto con la palma abierta o con el puño muy apretado. Se dice que la indignación de los jóvenes contiene mucha emoción y ningún pensamiento. Una ideología no se cohesiona ni se expande si no lo hace sobre un campo magnético generado por la estética. Si esto se llega a producir, entonces la indignación de los jóvenes caerá en poder de poetas y visionarios para convertirse en un ideal de belleza que pondrá al mundo de nuevo patas arriba. Solo con los dedos de la mano.

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