TORMENTAS EN LA MUNDIALIZACIÓN

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr 

 

Un arreglo que salva a la Unión Europea, pero asoma otros problemas por venir; una sorpresa en las elecciones tunecinas; y el anuncio del advenimiento de la Sharia, o sea del islamismo puro en Libia, brindan el panorama del empedrado camino por donde avanza, a trancas y barrancas, la llamada mundialización.

El viejo Continente

La economía global, esa nueva fase de la mundialización inaugurada en 1492 cuando el mundo cambió de esquema económico y de pensamiento e inauguró la “economía mundo”, acaba de vivir una noche de gran suspenso pues atañe a una de las zonas cruciales de esa economía mundo: la Unión Europea.  Al término de una de las noches más largas, y un contraste con las previsiones más pesimistas que preveían hasta la desaparición del euro y hasta el fin de la propia Unión, la cumbre europea celebrada en Bruselas (26 al 27 de octubre) logró que sus líderes llegaran a un triple acuerdo.  El primero y de mayor impacto: banqueros aceptaron una quita de 50% de la deuda griega, -Grecia es el eslabón más débil por donde la crisis estalló; la creación de un fondo de rescate de un billón de euros para los países con problemas similares; y una recapitalización de la banca.

Sin embargo, la principal víctima de la cumbre de Bruselas fue la banca española, la gran perdedora de la cumbre europea, dado que según los cálculos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA según las siglas en inglés) necesita más de 26.000 millones de la recapitalización prevista para toda la banca europea.  El milagro español ha quedado al desnudo y dada la presencia de la banca española en América Latina, cabe preguntarse acerca de las consecuencias que tendrá la crisis en el continente.

Por supuesto, como lo señalan los expertos, los acuerdos de esta cumbre europea no resolverán los problemas estructurales de la UE, que más allá de la crisis financiera y de la deuda que cada país ha ido acumulando, se perfila en gran medida de orden cultural, pues Alemania que lleva la batuta en la UE, pese a los grandes esfuerzos que hace Francia para no perder su puesto de ese liderazgo bicéfalo, pretende germanizar a los países llamados del sur, acusados por los del norte de priorizar la calidad de la vida antes que buscar el placer en el trabajo.  En esta actualización del legendario enfrentamiento entre católicos y protestantes, verdadero “choque entre las culturas” hasta ahora no tomado en cuenta por los expertos en “terror musulmán” que se supone coloca en peligro a todo el planeta, cabe esperar que la autoridad germana logre que los gobiernos griegos adopten y hagan respetar por sus conciudadanos el pago de los impuestos sobre la renta, o que cada nuevo alcalde español no transforme en obras gigantescas cada calle o plaza de su ciudad so pretexto de mejorar el entorno urbano, cuando se sabe que detrás de cada obra, se disimulan jugosas comisiones, además de alimentar el clientelismo de los notables locales.

Para los expertos de la gran prensa europea, la UE ha logrado paliar una crisis con métodos desacreditados, porque aún superada esa crisis, persisten retos mayores.  Según esos expertos, la UE simplemente ha ganado una tregua y para la mayoría, los banqueros son los culpables del desastre, pero no quieren darse por enterados.  Son significativas las palabras de la directora del FMI, Christine Lagarde, quien lejos de cantar victoria, se limitó a expresar que se había logrado un “progreso significativo”.

Al sur del Mediterraneo

El otro acontecimiento que ha causado sorpresa en esta Europa infantilizada y olvidadiza del espesor de la historia, es el resultado de las elecciones en Túnez y la primera declaración venida de boca de los ganadores libios.

En Túnez el resultado de las elecciones del pasado domingo 23 de octubre fue el éxito del partido islamista en Nahda que de manera aplastante se alzó con el 40% de los votos.  Sin lograr mayoría absoluta, ese partido estará obligado a suscribir alianzas con los otros partidos, en particular pactar con la izquierda laica como  Ettakol, de Mustafá Ben Jaar, de tendencia socialista, y con el Congreso para la República, fundado por Moncef Marzouki, lo que significa, que pese a lo que representa un partido islamista –por lo demás considerado por los salafistas como demasiado moderado- la política ha entrado en juego y el juego democrático se impone: el aprendizaje de la democracia no se opera por arte de magia y el Islam es una realidad en el mundo musulmán.  Y además, por haber sido sometidos a la persecución por los gobiernos dictatoriales, los tunecinos hoy gozan del estatuto de víctimas que tan buenos dividendos obtiene en el mundo contemporáneo.

El otro acontecimiento en relación a la presencia del Islam en el escenario contemporáneo y que ha causado un profundo impacto, en particular en Francia e Inglaterra por tratarse de los países más comprometidos con las intervenciones aéreas decretadas por la OTAN que pese su carácter “humanitario” estaban destinadas a ayudar a la oposición libia a derrocar a Kadafi-, fue la proclamación por el nuevo poder, el Consejo Nacional de Transición (CVNT), de la Sharía como fundamento constitucional de la nueva Libia: es decir la adopción de las normas que deben regir la conducta de los hombres y de la política según los preceptos dictados por el Corán.

De repente, los ciudadanos del viejo continente se percatan que la Europa laica ha contribuido activamente en el establecimiento de un poder confesional islamista que instaura la primacía de la sharía “contra cualquier ley que vaya contra los principios del Islam”.

Así van las cosas de la historia en este mundo globalizado.

 
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