Chávez: ¿candidato virtual?

FREDDY LEPAGE
@freddyjlepage 

Hay dos hechos importantes que marcan con tinta indeleble este proceso electoral que, desde ya, está en marcha. Por una parte, a pesar de lo que digan los “encuesteros”, nunca antes la oposición estuvo en condiciones tan favorables para enfrentar al caudillo de Sabaneta, y, por la otra, la enfermedad que afecta al candidato a la reelección indefinida por el oficialismo, que ha sido ventilada con un secretismo tal que da ocasión para toda clase de conjeturas y diagnósticos en función de lo que expresado por el propio Chávez.

Lo cierto del caso es que será una contienda que se nos antoja atípica de lado y lado. Del de la oposición, por primera vez se va a unas primarias para elegir al abanderado, lo que a mi juicio, si la sangre no llega al río, servirá para animar y entusiasmar a la vasta y variopinta disidencia chavista. Y, del Gobierno, el panorama está lleno de incertidumbre e imponderables que pueden cambiar todo en un abrir y cerrar de ojos.

Por los signos externos, Chávez, a pesar de lo que diga, no luce, precisamente, en el mejor estado de salud para afrontar una campaña tan dura y tan exigente. Además, tiene que cumplir con las responsabilidades de jefe del Estado y, simultáneamente, la de candidato presidencial. Así sea en las cómodas circunstancias en que está acostumbrado actuar. Es decir, el grosero ventajismo que le permite el control de todas las instituciones del país, las cuales son incapaces de frenar sus desafueros, y la utilización de los recursos provenientes de todos los entes gubernamentales. Así como el uso y abuso de los medios televisivos, radiales y de prensa que tiene la poderosa maquinaria chavista a su entera disposición.

Sin embargo, a pesar de ello, no las tiene todas consigo. Se nota el cansancio y el hastío en buena parte de los venezolanos, incluidos los sectores de menores recursos, que antes le habían entregado un cheque en blanco, esperanzados en un futuro mejor que nunca llega.

En tanto que la oposición se muestra vigorosa, con mucho ánimo y, por encima de todo, dispuesta a dar la pelea electoral para destronar el invicto.

Ahora bien, la pregunta que hay que hacerse es la de cómo se las va a arreglar Chávez para recorrer el país y, simultáneamente, dar discursos, conceder entrevistas (en ambientes no adecuados para una persona que, en el mejor de los casos, estaría convaleciente de una peligrosa enfermedad); en fin, estar en contacto con el pueblo, como suelen hacer los candidatos en eventos electorales.

Ésta es, sin lugar a dudas, la interrogante que, hasta ahora, nadie se ha planteado, al menos públicamente. Y que, de todas, todas, tiene que ser tomada en consideración en los sondeos de opinión serios que se lleven a cabo. Es un imponderable de alta factura que, de suyo, introduce elementos condicionantes que marcarán (para bien o para mal) el ritmo y los resultados de la contienda.

Hasta ahora, las apariciones de Chávez han sido prácticamente virtuales, a través de Twitter y algunas reuniones muy bien montadas desde Miraflores o algunos escenarios adaptados para tal objetivo.

Incluso el programa Aló, Presidente desapareció de la pantalla chica. Sus presentaciones públicas son esporádicas, y ni hablar de algún viaje al exterior que no sea, por supuesto a La Habana para continuar con su tratamiento.

La estrategia electoral de Chávez tendrá matices diferentes, de acuerdo con las circunstancias y, seguramente, estará llena de imponderables: ¿tendremos un candidato virtual?…

 

 
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