El ex mejor amigo de Chávez

Roberto Guisti


ROBERTO GIUSTI
rgiusti@eluniversal.com

Flamante alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, fue la ficha chavista en Colombia hasta que rompieron. Ahora apunta al objetivo de convertirse en el sucesor del “mejor amigo” de su ex amigo.

El ex mejor amigo de Chávez, el nuevo alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, coronó su más importante logro político (llegar al segundo cargo por elección más importante de Colombia), no sin antes haber cumplido un itinerario accidentado y en apariencia contradictorio. Militante del M 19 desde su adolescencia, guerrillero en los años 80, reinsertado en la actividad política legal luego de la incorporación del movimiento subversivo a la actividad política legal e indultado luego de año y medio de prisión, el muchacho de Zipaquirá conoció a Hugo Chávez, recién salido de la cárcel, en 1994 y desde entonces se convirtió en la ficha colombiana del chavismo junto con su ahora ex esposa Marilú Hernán.

Para ese entonces ya Petro tenía una curul en la Cámara de Representantes y se daba a conocer por sus encendidos y bien estructurados discursos en contra de la corrupción de liberales y conservadores, mientras Marilú era investigada por los organismos de seguridad por su presunta participación en la creación de Círculos Bolivarianos en Colombia. Pero la relación Chávez-Petro se fue agrietando progresivamente y ya en el año 2008, con Petro en el Polo Democrático y acariciando su idea de ser candidato presidencial, inició un proceso de alejamiento de un protector negativamente valorado por la mayoría de los colombianos y cuya sombra estigmatizaba las acciones electorales del protegido.

El conflicto surgido por el apoyo de Chávez a la guerrilla de las FARC, duramente cuestionadas por un Petro cada vez más conciliador, se convirtió en el disparador del rompimiento. Es así como en el año 2008 Petro denunció que Chávez “estaba en el medio de una alianza entre radicalismo y corrupción” y añadía que la manera de “gozar del poder de miles de millones de dólares” se hacía sobre la base de un discurso cada vez más extremo. A su juicio, el proceso venezolano “había perdido pluralismo y Chávez había cometido un grave error: “intentar una negociación sin Uribe liberando secuestrados”. Un enfoque bien equilibrado si consideramos que Petro se había convertido en el denunciante de las relaciones entre la clase política y el paramilitarismo.

Vino el 2010, compitió por la presidencia y perdió. Denunció a su compañero de partido, el ex alcalde de Bogotá Samuel Moreno, luego de haberlo apoyado, por graves casos de corrupción (“El Carrusel de las Contrataciones”). Se fue del Polo Democrático, fundó el Movimiento Progresistas y de un solo tirón, inscrito a última hora, le arrebató el triunfo a Enrique Peñalosa, el creador de Transmilenio, apoyado por el ex presidente Álvaro Uribe. Ahora apunta al objetivo de convertirse en el sucesor del “mejor amigo” de su ex amigo.

 
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