INERCIA Y TRANSICIÓN

Victor Maldonado C.


VÍCTOR MALDONADO C
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Rumbo de colisión con una situación política que hace irreversible la dictadura comunista. ¿Podemos cambiar el curso inercial en el que estamos embarcados?

Nadie se muere la víspera. Lo mismo puede decirse de las victorias. No hay que cantarlas antes de tiempo. El país sigue transcurriendo y la tendencia sigue acercándonos al desastre. Ni la enfermedad ni ninguna otra conmoción han detenido la trayectoria que nos mantiene en rumbo de colisión con una situación política que hace irreversible la dictadura comunista. Seguimos en eso, dejando armar, una tras otra, todas las piezas con las que se piensa sustituir cualquier expresión libertaria, llámese empresa, libre iniciativa o el ejercicio de los derechos ciudadanos. Cada día somos menos independientes, tenemos menos opciones, y se nos impone el Gobierno como un fardo aplastante y entrometido. Pero hay una paradoja en esta inercia, porque se quiere instalar el comunismo sin que haya un esfuerzo sostenido de gobierno. Sigue construyéndose el Socialismo del Siglo XXI sin que nadie se preocupe de los problemas del país y de los efectos que todos estos cambios provocan. No hay gobierno, pero sí una voluntad manifiesta de destruirlo todo para comenzar de cero.


Por otra parte, existe la pretensión de que es posible superar el trance, siempre y cuando se haga bien la tarea, y nos despojemos de ese “realismo mágico” que nos hace pensar en ensalmes e infortunios, porque Dios no se mete en esto, ni para apoyar y tampoco para hacernos el milagrito. Pero pocos juegan a esto. Más fácil es exhibir los estandartes del viejo y sagaz populismo. Ese planteamiento simplón y desasido de cualquier profundidad que nos propone un pase automático de página, a partir de la cual todo va a ser felicidad e irreflexión, nos está colocando a un paso del abismo. No hay soluciones fantásticas. Tenemos que asumir la realidad tal cual es, y debemos comunicarnos con el pueblo para relatarle con mucha responsabilidad lo que está ocurriendo y lo que todavía está por ocurrir. No son buenas las ofertas de cambio si están fundadas en las mentiras.

 

La pobreza es el resultado de un país que se ha dejado llevar por varias corrientes que confluyen en el barranco de la ruina social y la conflictividad creciente. La inercia del comunismo autoritario a veces se confunde con el fiasco rentista que nos vende la acreencia del petróleo y nos ubica en la barcaza del merecimiento absoluto sin necesidad de esfuerzo alguno para obtener todos los beneficios de la modernidad. El país está arruinado por la indolencia, la falta de mantenimiento de su infraestructura y el desvarío económico. Hemos concedido un espacio de honor a la corrupción sin que a nadie le importe cuánta corrosión moral hay en cada enriquecimiento inexplicable. Hemos patrocinado un sector público obeso hasta que se ha convertido en una masa obscena equivalente a 33% de la población activa ocupada en el sector formal. Y hemos permitido unas Fuerzas Armadas intervenidas, alienadas ideológicamente y desmerecidas por su afiliación irracional a una parte del país en desmedro de la sociedad y los altos intereses del Estado.

La inseguridad ha venido incrementándose y sofisticando hasta llegar a ser una delincuencia organizada y mejor armada que los inexistentes cuerpos policiales. Y, para colmo, nueve millones de armas ahora se esgrimen como amenaza y coacción de un pueblo supuestamente dispuesto a defender con sangre esta “revolución”. El inventario no termina aquí, pero con lo dicho debe quedarnos claro que las dificultades van a arremolinarse en el punto de partida, no hay estación feliz, porque allí mismo comenzarán los obstáculos y, por lo tanto, cualquiera que pretenda vender un mundo diferente está engañando al pueblo y colaborando con la inercia que nos está acercando al precipicio.

El resultado no puede ser otro que esta pobreza de oportunidades y de futuro que nos ha transformado en una sociedad de resentidos, incapaz de interpretar su historia sin regodearse en culpas, desmerecimientos y sectarismos. ¿Es fácil esta transición? ¿Podemos cambiar el curso inercial en el que estamos embarcados? Dependerá de las buenas decisiones que tomemos a la hora de seleccionar líder, mensaje y propósitos. Se trata de talante, buen juicio y capacidad para tomar decisiones. Se trata de encarar la verdad y vender capacidad para cambiarla sin que se acumulen nuevos perdedores o se insista en el despropósito de la revancha. Todo comienza por asumir que estamos en transición, que lo viejo no va a funcionar y que hay que tramitar la nueva situación con realismo y coraje. ¿Nos equivocaremos de nuevo?

 

 
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