La cuenta del porvenir

Karl Krispin


KARL KRISPIN
kkrispin@hotmail.com 

Tengo algunos amigos que se preguntan si son fiables las encuestas políticas. Naturalmente, no se refieren a las que hacen circular Gallup y Gaither en la Gran Manzana o en Londres sino a las de estos locales, tan prolijos en repartir números como tantas cuentas tengan. Una chapuza memorable fue la que desarrollaron los otros locales en Colombia a la hora en que bajaron el pulgar condenando a Santos al ostracismo y pescuecearon que el loquito de Mockus tenía las de ganar por haber mostrado su trasero báltico en Bogotá.

Cómo nos engañaron. Pero cómo los descubrimos en sus farsas de mercadotecnia electoral al mejor postor. Hace años que circulan estas engañifas de cuello blanco. Compañías de secretarias buenísimas próximas al TSU que te ofrecen macchiato según las cuentas en dólares contantes y sonantes que rechine la clientela. He escuchado tanta palabrería acumulada de estos licenciados con postgrado en la costa este. En un país caotizado y desestructurado, los encuestadores de la política se han sumado más que nadie a este caos. De otra manera, ¿por qué las cifras son tan dispares? Le creo a la calle, independientemente de los focus groups que inventen charadas entre Chacaíto y el eje Orinoco-Apure que nos tratan de convencer de que el Supremo es imbatible porque además lo confirmará Tibi entre gallos y medianoche. ¿Cómo puede esta comandita de la destrucción conservar una aprobación de más de 50% como sentencian algunos de estos actores de las muestras? No les creo ni jota. Este desdichado gobiernito no tiene vida porque Venezuela no resiste más tanto buhonero de la política.

El candidato de la unidad lo mandará a las duchas, me temo que para siempre. Pero para que esto suceda, no cabe otra sino hacer como Ulises ante el canto de las sirenas: confirmar nuestra opción de voto opositor sin prestar mínima atención a estos manejadores de cifras apócrifas. Lo cierto es que el Supremo está fuera de juego. No convence ni a sus camisas rojas. La prueba está en que ha comenzado la rebelión en la granja. Hay que hablar en estos términos porque no han superado la tierra. La tierra arrasada, huelga decir.

Ya los grandes ladrones del régimen han comenzado a urdir su división. Significa, como en los naufragios, que las ratas son las primeras en abandonar el barco. Este oprobio será materia de estudio en las universidades como un ensayo de dioses menores que no pasaron de ser hechiceros.

El drama del chavismo es la orfandad. Pero la unidad democrática sabrá diseñarle una inclusión en las postrimerías de la hora más oscura de nuestro país. Porque ni el peor de los Julianes Castro, ni el más gritón de los cabitos podrán imitar lo que de disolución y malignidad han tenido estos años de contrahistoria, pobreza, endeudamiento y miseria. Quedan apenas once meses para salirnos de este encunetamiento que nos alejó de lo que veníamos siendo. Sea quien sea nuestro próximo presidente, sabremos recuperarnos de esta desgracia que casi nos aniquiló.

Pero para llegar a la meta, tan sólo recomiendo que nos amarremos al mástil de la unidad y hagamos caso omiso de estos equivocados numerólogos de quince y último.

Las cuentas no se equivocan cuando las sumas son éticas.

 
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