PDVSA Y CHINA

José Toro Hardy


JOSÉ TORO HARDY
pepetoroh@gmail.com
@josetorohardy

Pdvsa, asfixiada por las obligaciones que se le impone ayudar a países “hermanos” y a la vez de transformarse en el brazo financiero de la revolución, ya no parece estar en condiciones de cubrir sus propios gastos. ¿No entenderán los chinos los riesgos que asumen?

La destrucción a que ha sido sometida Pdvsa será un caso de análisis en las universidades del mundo. Nunca en tiempos de paz se había sacrificado a la principal empresa de un Estado en el altar de una ideología. Esa empresa constituía la más importante fuente de riqueza y proporcionaba la inmensa mayoría de las divisas fuertes. A la misma le fueron despedidos más de 20.000 trabajadores, cada uno de los cuales tenía en promedio 15 años trabajando para la industria, o sea, que acumulaban más de 300.000 años de experiencia y conocimiento. Después de eso, fue avasallada por la politiquería y el populismo, obligándola a llevar a cabo infinidad de actividades que no formaban parte de su misión y que, por lo tanto, no sabía ejecutar, corrompiéndola y llevándola a casos tristemente célebres como el de Pdval. A Pdvsa la endeudaron a niveles increíbles y ahora parece que le están asignando otra función: la de servir de punta de lanza para que las riquezas petroleras de Venezuela le sean entregadas a China, a cambio del compromiso de esta nación de asumir la defensa del régimen. Se trata de un papel que nos recuerda al de la URSS en Cuba en los años más candentes de la guerra fría.

Recientemente dos periodistas españoles, Juan Carlos Cardenal y Heriberto Araújo, realizaron una extraordinaria investigación que los llevó a recorrer más de 25 países y unas 500 entrevistas en numerosos países africanos, de Asia Central y de América Latina. El resultado de su investigación se ha materializado en un libro titulado “La silenciosa conquista de China” que será publicado en cinco idiomas. El libro, repleto de historias humanas y datos, pretende explicar con evidencias descubiertas sobre el terreno cómo China está forjando su futura hegemonía, apoderándose de las riquezas naturales de los países que se lo permiten.

El modelo de negocios que viene aplicando China en Angola, República Democrática del Congo, Turkmenistán, Birmania y otros -sobre todo en países africanos- se asemeja mucho lo que están haciendo en Venezuela. Por lo pronto, salta a la vista el denominado “Fondo a Largo Plazo y Gran Volumen Chino Venezolano” (no es por cierto el único) a través del cual le prestaron a Venezuela 20.000 millones de dólares, de los cuales 10.000 millones son efectivamente en dólares y 10.000 millones en yuanes. Estos últimos sólo sirven para comprarle bienes y servicios a China.

Se cree que en pago, Venezuela se ha comprometido a entregarle a China el 16% de su producción petrolera (430.000 b/d) hasta el año 2023. El precio de venta resultante de esta negociación es de 40 dólares por barril. De confirmarse estas cifras, las pérdidas anuales de Pdvsa en la operación superarían los 15.000 millones de dólares solamente en el año 2011. Si hablásemos en términos de intereses, el costo que estaríamos pagando por ese financiamiento sería del orden de un 60%.

¿No entenderán los chinos los riesgos que asumen?

Y mientras tanto Pdvsa, asfixiada por las obligaciones que se le imponen de enviar petróleo a Cuba, de ayudar a países “hermanos” y a la vez de transformarse en el brazo financiero de la revolución, ya no parece estar en condiciones de cubrir ni siquiera sus propios gastos.

Para poder mantenerse a flote, Pdvsa está solicitando que se le permita conservar el remanente en efectivo que aún existe del fondo chino y que se mantiene en un depósito en el Banco de Desarrollo Chino en Hong Kong.

A Pdvsa ya no le alcanzan sus ingresos para cubrir sus operaciones. Por primera vez estamos siendo testigos de una Pdvsa que, en vez de aportar recursos al Estado, tiene que ser auxiliada por el BCV, para lo cual este último recurre a emisiones inorgánicas de dinero. ¡Qué locura!

Antes, el ISLR, los dividendos y las regalías que pagaba Pdvsa iban a parar al Tesoro Nacional. Esos recursos eran después utilizados por el Estado conforme a un Presupuesto Nacional aprobado por el Congreso y, el 20% de ellos (el situado constitucional), era distribuido entre gobernaciones y las alcaldías

Hoy en día Pdvsa conserva buena parte de los recursos y los gasta sin control de nadie. Otra parte es enviada al Fonden que tampoco rinde cuentas, mientras la Contraloría General de la República se mantiene ciega, sorda y muda. A las gobernaciones y a las alcaldías se les están escamoteando los recursos que constitucionalmente les corresponden, mediante el artificio de aprobar un presupuesto en base a un precio del petróleo substancialmente inferior al real.

¡Qué barbaridad!

 
Top