Última fechoría en Morón

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com 

Que la administración de justicia haga respetar las leyes y reponga el estado de derecho es lo menos que reclaman los moronenses

 

            Son bastantes las veces que por esta columna nos hemos referido a las barbaridades que ocurren en el gobierno municipal de Juan José Mora. Quizás la poca relevancia que tienen esos hechos en los medios de comunicación se deba a la poca extensión de esa zona costera de Carabobo. Sin embargo, la gravedad de los hechos obliga a llamar la atención otra vez, ya no sabemos a quién, esperando que alguien se acuerde que allí hay que restituir el estado de derecho, que en Venezuela hay leyes, que hay que respetarlas, que en Morón hay cualquier cantidad de ciudadanos atropellados pues al alcalde de turno se le ocurrió que lo que él piensa y dice es la única ley y el que no la acate es su enemigo jurado, lo declara “peligroso”, lo coloca públicamente en pasquines como un criminal, con la leyenda “se busca” incitadora al delito, en fin, decreta su aniquilamiento.

            Habrá quien diga que eso no es nada excepcional, que tales historias tienen lugar en sitios más importantes del país y que simplemente los alcaldes, gobernadores o caudillos de la comarca imitan los procedimientos del líder que pregona que a sus adversarios los convertirá en “polvo cósmico”. Pero las cosas no pueden quedar en chistes o catalogarlas de bravuconadas, la situación es seria, poco a poco se va aceptando como rutinario, como un hecho común que una zona, luego otra y así muchas, se transformen en tierra de nadie, del más fuerte, del más poderoso. ¿Dónde quedan los derechos humanos, los principios y leyes o la Constitución?

            La última fechoría del “terror de Morón”, léase alcalde Matson Caldera,  fue ordenar a sus policías municipales arremeter sin compasión contra cuatro concejales principales de Juan José Mora, dos hombres y dos mujeres que a golpes, cachazos, empujones, insultos, fueron sacados de la cámara municipal y echados a la calle en otro acto de barbarie que retrata cómo se gobierna en ese municipio.

            Recordemos que en enero de 2010 el alcalde por haberse negado esos cuatro ediles a aprobarle una irregularidad administrativa, con policías y otros grupos armados, les impidió sesionar, los “destituyó”, les nombró suplentes y desde entonces allí funcionó una cámara paralela a imagen y semejanza del “terror de Morón” y hasta colocó pasquines con sus nombres y rostros, etiquetándolos como terroristas. Más conocidas son las diligencias realizadas por los afectados reclamando justicia ante tantas violaciones y la respuesta siempre ha sido el silencio.

            El juez León Uzcátegui en respuesta  a uno de los tantos escritos de los concejales, respuesta de cuidada asepsia en los términos, como para no decir nada y dejar las cosas tal cual, se atrevió a señalar que nada impedía que los afectados ejercieran sus funciones, por supuesto, sin ordenar firmemente que fueran restituidos en sus funciones. Por asistirles la razón los concejales hicieron acto de presencia en la cámara municipal el lunes 7 de noviembre, con los resultados descritos.

            Que el PSUV ponga freno  a los desmanes de su alcalde, que la administración de justicia haga respetar las leyes y reponga el estado de derecho es lo menos que reclaman los moronenses. Y repiten la exclamación de todos los días: ¡por Dios, detengan al terror de Morón!

 
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