“Para nosotros los periodistas la ciudadanía se convirtió en un oficio”

Lo primero que necesita el periodismo es una sociedad alfabetizada. Nuestro trabajo es el empeño de reproducir la vida con la escritura. No puedo juzgar, yo no juzgo a los medios en esta coyuntura política. Confío ahora en que le país se recuperará muy rápido, señala la novelista, cuentista, y articulista semanal del diario El Nacional.

 

Manuel Felipe Sierra

 

Milagros Socorro presenta el libro “Cada tragedia en la vía tiene un después”, un trabajo de periodismo testimonial sobre el grave problema de los accidentes de tránsito, lo que para ella es “una auténtica carnicería en los caminos de Venezuela”. Reconocida por sus artículos, entrevistas, y los talleres de crónica que dirige desde hace varios años, conversa ahora sobre temas vinculados con el oficio y también sobre la situación del país para los lectores de ABC de la Semana.

 

Milagros Socorro

La periodista considera que en estos años el país pudo haber sido muy próspero

“Cada tragedia en la vía tiene un después” es tu último libro de circulación restringida. Normalmente leemos tus artículos, entrevistas y ya en la narrativa tus cuentos y novelas, pero en este caso se trata de una especie de crónica–testimonio, de periodismo de calle. Cuéntanos un poco la historia de este proyecto.

 

– Tú sabes, porque este también es tu oficio, que hay dos tipos de libros, los libros por encargo y el libro que lo persigue a uno hasta que se las arregla para que uno lo escriba. Este es un libro por encargo, es de la Fundación Seguros Caracas que como es lógico, trabaja sobre el problema de los accidentes de tránsito. Ellos manejan unas cifras verdaderamente escalofriantes, los accidentes en las carretera son la principal causa de muerte, sobre todo en personas entre 5 y 45 años; estamos hablando de una auténtica carnicería en los caminos de Venezuela. Ellos proponen que el asunto forme parte del debate, que este problema sea enfrentado con seriedad, y ese es el origen del texto. Pensamos entonces que hacer una monografía sobre el asunto no tendría tanto impacto como la historia de las propias víctimas contando sus experiencias. Allí tenemos relatos de personas que sobrevivieron con dificultades de todo orden.  Así como relatos de quienes han perdido a algún ser querido; está por el ejemplo el caso de la mamá del héroe de la natación venezolana, Rafael Vidal; el de María Alejandra Martín, hija de Américo Martín, cuya hermana María Eugenia fue otra de las personas que murió en las carreteras. En total son siete testimonios y dos entrevistas con especialistas sobre la magnitud de esta calamidad. Te confieso que fue un trabajo muy especial para mí, porque además tuve el enorme privilegio de trabajar con el maestro Luis Brito, Premio Nacional de Fotografía.

 

–  Pero como siempre, hay mucho de aliento literario en este trabajo.

 

– Bueno mucho también, porque cuando hablamos de literatura hay gente que piensa que el periodismo es la arquitectura y la literatura es la decoración interior, pero no es así. En realidad, cuando hablamos de literatura estamos hablando de una estructura narrativa, que es básicamente que una cosa pase antes que la otra para crear un efecto. Yo quería crearlo y me costó bastante construir las estructuras de los textos porque en el camino yo me comprometí en alertar, lo que decíamos en las aulas cuando estudiábamos periodismo “coger al lector por la pechera”. Este es un oficio completamente literario, no olvidar como decía el maestro Tomás Eloy Martínez: “No hay novela sin investigación” y eso hice yo; investigué muchísimo, anoté muchísimo, me sometí a las emociones de los entrevistados, todo lo viví y después a ese material le di un orden literario por eso tiene la estructura de un relato para causar un efecto, para alertar, porque todo esto nos puede pasar, o mejor dicho nos está pasando. Nuestro trabajo es el empeño de reproducir la vida con escritura, porque no hay nada que se parezca a la vida.

– Combinas tu trabajo periodístico con el ejercicio puramente literario, con los cuentos, las novelas.

 

– Bueno sí, hablemos de ficción. Estos son textos que pueden considerarse literarios pero totalmente referidos a lo real, en ellos no hay nada que no pueda ser comprobado.  En cambio, la ficción es lo que ha podido ocurrir, y esa es la gran diferencia entre ambos trabajos. Yo ahora tengo tiempo que no escribo ficción, lo último que escribí fue un relato que le entregué a Oscar Marcano para Prodavinci. Es un relato que me gustó mucho escribir, aunque tuvo muy poco impacto, pero yo estoy contenta con él; de hecho, Elizabeth Burgos me escribió una larga carta sobre ese relato porque ella comprendió exactamente lo que yo estaba trabajando. Sobre cierta resignación de la sociedad venezolana que resulta un poco dolorosa, como incluso las clases más privilegiadas están muy proclives a encanallarse. Es un relato más o menos así…

– ¿Y que hay de novelas?

 

– Lo último que entregué fue “El abrazo del tamarindo” que son unos apuntes, ese fue el primer libro que yo escribí, es un libro que tiene mucho tiempo. Más que una novela era una colección de cuadros que tienen como una vida y yo creo que han contado mucho con el beneficio de los lectores.

– Pero también en esos cuadros hay un hilo conductor que los convierte en novela.

 

– Sí, hay un mundo allí pero yo tengo muy poca vinculación con eso porque hace mucho tiempo que los escribí, y desde entonces me he visto muy absorbida por el periodismo. Tengo muchas cosas que no he publicado; yo podría dejar de hacer entrevistas, dejar de hacer investigaciones y sin embargo podría publicar muchísimas cosas.

 

– También se destaca tu trabajo como entrevistadora. ¿La entrevista sigue siendo un género fundamental del periodismo?

 

– Sí, fundamental. De hecho, ahora voy a hacer una cosa que se llama “streaming”, voy a hacer yo mis entrevistas en mi página web. Eso lo ha propuesto mi hijo y lo voy a hacer y escogeré yo todo: al entrevistado, al tema, etc. Creo que la entrevista es lo que se parece más a una consulta, a esa relación médico–paciente, que establece la mayor intimidad entre dos personas completamente extrañas.

– Siempre con un invitado allí invisible en esa conversación que es el pretexto, la razón de la entrevista.

 

– Claro, esa es mi formación como periodista, y lo tengo muy presente desde los años de la Universidad del Zulia.

 

Sin juzgar a nadie

 

– Todos estos trabajos están matizados por un estado como de turbulencia emocional que vive el país, ¿no te parece?

 

– El estado del país, aunque te parezca paradójico me deja a mí mucha paz por una cosa muy simple, estos que han sido los años de “días revuelto” me he hecho vecina de la teología para hacer lo que yo creo que tengo que hacer y la gente como yo ha tenido que hacer. Entonces realmente lo que tengo es paz y sobriedad, y una inmensa austeridad. No he tenido ni un minuto de titubeo, siempre desde el primer día he sabido que esto es una celada muy cruel que se le estaba tendiendo a Venezuela, en estos años el país hubiera sido muy próspero en muchos sentidos, en lo científico, moral, artístico. Confío ahora en que el país se recuperará muy rápido.

– Pero es una situación que lo contamina todo y a ello no escapa el periodismo y el papel de los medios de comunicación, ¿cómo juzgas el papel de los medios en este proceso? ¿No crees que en algunos casos han cedido a una polarización que conduce en muchos casos a la irracionalidad?

 

– Ese es un asunto que se lo dejo a los que no vivieron esto, a los que no se levantaron y despertaron con esto. Yo soy participe, soy parte de todo lo que se ha hecho, ese juicio no lo haría ni lo hago jamás, eso se lo dejo a quienes puedan estudiarlo sin este nudo en la garganta. Porque ese ha sido el problema, que hemos sido profesionales con un oficio, a nosotros los periodistas la soberanía se nos convirtió en un oficio. Entonces yo espero que los que vayan a estudiar esto comprendan que nosotros pusimos en el mismo lugar todo el oficio, las habilidades, la ciudadanía y los deberes. Nunca lo hago, no puedo juzgar, yo no juzgo a los medios.

– Además que siempre tendría que pasar algún tiempo para que el juicio pueda ser equilibrado…

 

– Claro, para los que lo harán. Yo no porque he estado muy metida en toda esta atmósfera tan enrarecida de los últimos años.

Enseñanzas literarias

– Aparte de tu trabajo literario, se destaca tu columna dominical en el diario El Nacional, porque es un artículo de opinión que matizas con la investigación y con algún toque literario que trasciende la simple nota editorial. 

 

– Yo no creo que exista tal cosa como el simple artículo, tú sabes que todo lo que hacemos se inscribe en una tradición y el articulismo en castellano, en Venezuela, tiene una inmensa tradición y además muy noble. De manera que cuando yo escribo y cualquiera de nosotros escribe un artículo en Venezuela está corriendo para coger al vuelo el autobús en el que ya están montadas unas figuras inmensas de nuestras letras. Yo conozco esa tradición, y me ha sostenido en momentos muy duros. Yo he sido básicamente columnista en un periódico que fue fundado en el año 1943, un periódico que se funda con una oleada fundamental que son los españoles que vienen expulsados por el fracaso de la República. Entonces, esa es la ola que yo prolongo, esa es la ola que a mí me empuja, en la que yo estoy inscrita y por eso veo para atrás y los veo a ellos. Básicamente es cada semana espigar del caos de los hechos lo que verdaderamente considero importante, replicarle al poder sistemáticamente y revelar que es lo que tratan de ocultar en su retórica de poder. Y distinguir la verdad de lo que simplemente parece verdad. Entonces yo soy hija de Mariano Picón Salas, de las grandes periodistas que ha tenido El Nacional, allí es donde yo reconozco mi linaje; mi escuela han sido los grandes articulistas que ha tenido este periódico, es decir, que ni siquiera tengo que mirar para los lados.

– Además del periodismo y la literatura, desde hace un buen tiempo te dedicas a la docencia. Ya son famosos tus talleres de crónicas, de periodismo…

 

– La docencia para mí ha sido un sucedáneo de la militancia, porque yo no he militado en política por un asunto de carácter. Porque tengo muchas dificultades, por ejemplo a las 8 de la noche ya tengo que caer en las lecturas, porque si no me aburro mucho. A mí me dicen una cosa por segunda vez y me irrito, la tontería me molesta mucho, las reuniones generalmente me chocan y siento que estoy perdiendo el tiempo. Por eso no milito, no soy persona de ir a tertulias. Pero me parece que las escuelas, el hecho que una generación le transmita a otra lo que ha aprendido, es parte fundamental de la vida. El aula me calma, y allí transfiero mis visiones. No enseño lo que sé, que es muy poco, sino mi inmensa pasión por la literatura, por aprender, por pensar, y por encontrar a Venezuela. Yo trato de enseñar eso con mucho fervor. Para mí la docencia es muy importante, si nosotros nos reunimos en nombre del periodismo algo maravilloso va a ocurrir, si nos reunimos en nombre de la literatura venezolana o de la crónica algo extraordinario va a ocurrir. Creo en estos años de docencia quien más ha aprendido he sido yo, a veces me angustia ver la indiferencia de los estudiantes, y pienso que estará pasando en la familia y en la educación que los estudiantes llegan al aula como entregados, convencidos de sus limitaciones, que no se cuales son, en verdad no entiendo.

–  Ahora, ¿Milagros Socorro en el periodismo digital?

 

– Te podría decir aunque parezca presuntuoso que yo inventé a la internet con mis deseos, porque cuando era niña tenía una fantasía que yo tuviera un vidrio y que pasara alguien frente a él y que pudiera saber todo sobre esa persona. Por eso cuando llegó la internet el fenómeno me pareció tan natural. Desde niña intuí que la información estaba, lo que pasa es que yo no la tenía. Yo soy básicamente una escritora de prensa, si me dicen escribe 10 o 100 cuartillas yo las escribo, con el mismo tema, pero si me dicen 1 cuartilla escribo 1 cuartilla y si me dicen 140 caracteres pues escribo 140 caracteres. Por eso he entrado a todo esto aunque yo no soy una digito-nativa.

– En este contexto tan cambiante ¿cómo ves el futuro del periodismo venezolano?

 

– Lo veo fantástico. Lo primero que necesita el periodismo son sociedades alfabetizadas. La gran condición del periodismo no es el soporte técnico, es la sociedad en la que se va a desarrollar y para ello nosotros lo que necesitamos son escuelas. Fíjate que por lo menos en twitter yo hago mi propio periódico y retwitteo muchas cosas. Yo soy muy optimista con las oportunidades de la educación, y por eso suelo donar cantidades de libros. En el país se necesita tener voluntad, vamos a reunir a los niños, a enseñarlos. En el futuro todo el mundo va a tener un ipad y van a tener los conocimientos del mundo, van a tener todo eso, y van a quedar suspendidas todas las limitaciones del ser humano, las de clase, las de lugar de proveniencia, todo eso está mandado a recoger. Esto va a ser una inmensa base para el progreso periodismo.

 

 
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