EL GOBIERNO Y LOS DOS PILARES

Diego Bautista Urbaneja


DIEGO BAUTISTA URBANEJA
dburbaneja@gmail.com 

Hay que romper y denunciar ese hipnotismo de la suma y la resta de votos

El Gobierno está usando una estrategia política que tiene dos pilares muy sencillos. Por una parte, una amplia disponibilidad de dinero que se le atribuye, para gastarla burreramente en el año 2012. Los economistas coinciden en que eso seguramente es así, a juzgar por las cantidades de dólares que estarían depositados en esos fondos que Chávez maneja a su entera discreción. Muchos ciudadanos que padecen u observan diversas formas de estrechez ponen en duda tal abundancia de dinero. Si hay tanto dinero, ¿qué pasa con las universidades, o con el mantenimiento de trenes y de autopistas, o con las penurias de los hospitales venezolanos? La respuesta está en que una cosa es gastar con disciplina y con objetivos definidos en esas áreas, y otra cosa es gastar para fines electorales inmediatos, apuntando a públicos que ofrecen buenos dividendos en votos. Para lo uno no hay plata, para lo otro sí.

Repasando

El otro pilar es el de ir repasando, como con un scanner, el paisaje social, e ir descubriendo en él todo nicho aún no explotado, que pueda proporcionar más votos, que los que se pierden al tomar medidas favorables a él. En ese caso, no importa que esas medidas afecten derechos legítimos o perjudiquen a la larga o en el conjunto, la buena marcha de la sociedad y la economía. Lo importante es que de más votos que los que quita, que los que crean que están siendo beneficiados sean más que los directamente perjudicados. Para eso es muy útil el aparato publicitario del Gobierno, que se dedica sistemáticamente a convertir a los mismos ciudadanos a los que su incompetencia ha llevado a muy mala situación, en aparentes beneficiarios de la “diligencia” del mismo, que, cuando la desgracia estalla, “corre” a socorrerlos. De acuerdo al “principio Faría”, cada desgracia que la ineptitud del Gobierno provoca, sirve para revelar su “capacidad de respuesta”, como dijo Jacqueline.

La última gran veta ha sido en ese sentido la de los inquilinos. Pero ha habido otras muchas, menos notorias o sonoras, cuya sumatoria constituye una verdadera plaga para la economía popular. El destacado dirigente y activista social Alfredo Padilla ha hecho el inventario del conjunto de leyes y medidas, muchas de ellas prácticamente desconocidas, para hacer ver el efecto de conjunto de esas políticas que perjudican gravemente, que va eliminando, a lo que podemos llamar el sector productivo popular, a toda esa diversidad de hombres y mujeres que emprenden negocios de toda forma y nivel, para el sustento de ellos y de sus familias.

Como en una cuenta de sumar y restar elemental y de cortísimo plazo, pareciera que en cada caso son más los beneficiados que los perjudicados, entonces la cuenta, en términos electorales, “da”. Pero si hacemos el balance completo, resulta que ese innumerable sector popular productivo, esforzado, que se ha ido haciendo un lugar en la vida económica del país, se ve minado y progresivamente destruido. Y no solo se ve así afectado el venezolano actual, sino el venezolano futuro. No solo resulta acosado el que tiene ya tal o cual tipo de negocio -un kiosco, por ejemplo- sino el que pensaba montar uno, o el que hubiera podido hacerlo. De este modo la sociedad y su vida económica se van trabando, cerrando, clausurando, hasta llegar a un estado inmóvil, donde la idea misma de emprender, de la que depende la dinámica económica, pierde sentido.

Cálculo

Esta estrategia va secando por debajo a la sociedad. Hemos dicho que responde a un cálculo electoral. Quizás sea éste el que prive, en estos momentos de tanta angustia electoral para el oficialismo. Pero ello está perfectamente en línea con el proyecto general de este régimen, es decir, el proyecto de una sociedad inmóvil, bajo control, colectivizada, donde cada quien se convierte en un elemento que inmoviliza, vigila a todos los demás.

Hay que romper y denunciar ese hipnotismo de la suma y la resta de votos. Hay que hacer muy visible cómo, una medida “popular” tras otra, es el sector productivo popular, esa savia de la vida social, la que está en peligro y en la mira. Hay que hacer ver que, si se la hace la cuenta como es, los que pierden son el final muchos más que los que ganan y que los que parecen ganar, también pierden. Hay que suscitar en las mentes, de cara a las elecciones del 2012 y al vigor de nuestra democracia, la rebelión democrática del pueblo que produce y que trabaja.

 

 
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