Guerras sin soldados

JESÚS HERAS

El nombramiento hace pocos meses de León Panetta como Secretario de la Defensa de los EEUU, y del General David Petraeus como Director de la CIA, confirmó de manera inequívoca el viraje que se viene operando en la estrategia norteamericana de seguridad y defensa.

Hombre de amplia experiencia política, Panetta venía de dirigir la CIA, habiendo sido antes Jefe de Gabinete de Bill Clinton y por dieciséis años, diputado al Congreso de su país.

Petraeus, un destacado militar de carrera, fue el estratega que destruyó los anclajes del Al Quaeda y cambió la suerte en la guerra de Irak. Venía de dirigir las operaciones militares de la OTAN en Afganistán.

Lo anterior viene al caso porque si bien Panetta no es el primer político que ocupa la dirección de la CIA si se trata del primero en pasar de la CIA al Ministerio de la Defensa, mientras Petraeus es el primer jefe militar, especializado en acciones de contrainsurgencia, que ocupa la Dirección de la CIA.

Una lectura inmediata tiene el gámbito. La Administración Obama, en la lucha contra la insurgencia y el terrorismo, ha decidido aproximar las acciones militares a aquellas de la CIA y a la inversa.

Un largo reportaje publicado hace pocas semanas en este Semanario daba cuenta de integrantes del ejército norteamericano en Afganistán realizado labores comunitarias propias de civiles, cuando la verdadera guerra se libraba en el vecino Paquistán, combinando información de inteligencia obtenidas en tierra con incursiones armadas de los temibles drones.

Otro reportaje publicado por este Semanario señalaba que más de 2,000 terroristas han sido muertos durante el gobierno de Obama, víctimas de ataques perpetrados por estos aviones no  tripulados.

Desde hace varios años, drones han venido mapeando con rayos infrarrojos las posiciones de la guerrilla colombiana en las selvas de ese país. También fueron utilizados en labores de inteligencia para preparar el ataque de los Seals que culminó en la muerte de Osama Bin Laden.

¿Habrá sido el campamento de Cano detectado por drones, guiados a distancia desde un centro de control ubicado, por ejemplo, en el Putumayo? Jamás lo sabremos, pero lo que si es cierto es que la combinación de elementos de inteligencia con el uso de drones espía o cargados de cohetería, apunta a un cambio radical en la estrategia de combate de la principal potencia militar del mundo.

Más allá de su incuestionable efectividad, la decisión tiene un gran sentido político. Reduce el envío de tropas al exterior y, al disminuir gastos, tiene también un atractivo efecto presupuestario.

El súbito retiro de tropas de Iraq, ordenado hace pocas semanas por el Presidente Obama, es una clara demostración de lo que está por venir. La nueva modalidad de combate ha sido puesta en escena. Las guerras sin soldados han hecho su entrada formal.

 

 

 

 
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