Ni éste… ni los otros

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte

mq0105@hotmail.com    

 

             A menos de un año de una elección presidencial los venezolanos vemos nuestras vidas se van enmarcando dentro del clima electoral. Tal pareciera que nos hemos acostumbrado, desde que apareció Hugo Chávez en la escena política, a una campaña electoral continua, permanente, dejando de lado los grandes problemas del país, los cuales son tomados como temas electorales simplemente, por el lado oficial con profusión de anuncios populistas dirigidos a su supuesta solución y por el lado de la derecha opositora se multiplican los ataques a las políticas del gobierno.

            Nada ha cambiado en estos años de presencia chavista en el poder, la pauta la sigue marcando Chávez, escoge los temas, señala  los puntos, define la forma en que se desarrollarán los dimes y diretes que se lanzan gobierno y adversarios. Así continúa el juego entre un líder carismático que ha logrado un arraigo popular inusual y una oposición carente de un liderazgo coherente y convincente, incapaz de construir un proyecto de país viable, realista, en sintonía con el momento que vivimos.

            Mientras transcurren los días entre descalificaciones y acusaciones mutuas entre esos dos sectores políticos, la inmensa mayoría ve como se agudiza la crisis, particularmente la conflictividad social y sobran las razones para preocuparse por el país que tendremos después del 7 de octubre de 2012, gane o pierda Chávez; si éste gana empujará con toda su fuerza una serie de medidas que agitarán aun más la vida nacional, por ejemplo, los cambios o transformaciones en gobernaciones, alcaldías, concejos municipales, etc. a favor del llamado “poder popular”.  Y si por el contrario, los otros resultan ganadores será difícil lograr una gobernabilidad con todas las instituciones en contra y  un importante sector de la población, arengado por su líder, en la calle haciendo oposición. Un panorama nada promisor.

            Lo cierto es que ni éste ni los otros garantizan un futuro de entendimiento y tranquilidad para el desarrollo de un programa político acorde a las necesidades del país. Hay que mirar más allá de ese enfrentamiento entre dos posiciones que en el fondo representan lo mismo, éste apuntalado por su carisma, impulsando un populismo plagado de acciones a corto plazo, improvisadas, un sistema que solo lo sustenta la riqueza petrolera, y los otros aferrados a un pasado lleno de fracasos que representa un retroceso en la historia venezolana.

            La esperanza no puede perderse, hay tiempo para buscar alternativas. Sin la prisa y la zozobra que marcan el continuo clima electoral que impuso Chávez, esa mayoría pensante de venezolanos, preocupados por el futuro, puede cambiar la suerte del juego.

 
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