La Muerte del Arrendamiento de Viviendas

HERBERT HUDDE
herbert_hudde@yahoo.es

 

Las lumbreras chavistas le han asestado la puntilla al alquiler de viviendas con la nueva Ley de Arrendamientos Inmobiliarios. Esta vez fueron los iluminados de la AN, comandados por el experto mundial (con varios PHDs en el tema) Diosdado Cabello.

Aunque las lumbreras sigan insistiendo en que nada es una mercancía, sino que todo es un derecho, el arrendamiento inmobiliario funciona, y funcionará eternamente (como todo) como un mercado cualquiera (aunque pueda ser con todas las imperfecciones y trácalas que los controles gubernamentales excesivos y absurdos le generan a cualquier mercado); es decir, funciona con una oferta, una demanda, y unos precios. Los últimos, en este caso por supuesto distorsionados por dichos controles.

En todo mercado hay los tres elementos fundamentales mencionados: oferta, demanda y precio. En nuestro mercado, ¿quiénes son la oferta y la demanda, y cuál es el nivel de los precios? La oferta la constituyen los poseedores de viviendas desocupadas que están dispuestos a alquilarlas por un estipendio: los propietarios o arrendadores. La demanda la conforman aquellos que necesitan una vivienda por un determinado tiempo (aunque este pueda ser muy largo): los arrendatarios o inquilinos. Y el nivel de precios es el monto que alcanzan los cánones de alquiler, que son producto de la interacción de la oferta y la demanda, y por supuesto, en este caso, también de las regulaciones del Gobierno. Cuando dichas regulaciones son razonables, oferta y demanda son los principales determinantes del precio. Cuando hay exceso de regulaciones, y estas imponen precios ridículamente bajos, normalmente coexisten los precios regulados con otros bastante altos que se pagan bajo cuerda.

¿Cómo surgen los inquilinos? Muy sencillo: una determinada persona o familia necesita una pieza o una vivienda por un tiempo en cierta zona, y no quiere, o simplemente no puede, comprarla. Pues requiere de alguien que se la pueda y quiera alquilar. Las causas de la necesidad de la vivienda pueden ser múltiples; los lectores no necesitan que se las explique.

¿Cómo surgen los arrendadores? Supongamos que a Pedro, en cierto período le entró más dinero del que gastó, y el sobrante, que le alcanza para construir un cuarto más en el techo de su casa, lo tiene bajo el colchón. Estudia cómo invertir ese dinero de la forma más productiva, a lo cual tiene todo el derecho. Va a los bancos, y supóngase que le ofrecen el 7% anual si lo deposita. Averigua que si construye el cuarto, éste le reportará un alquiler que significa el 13% de su costo, que es el dinero que le sobró. Entonces Pedro (no considerando por el momento otros factores), construye el cuarto y se transforma en un propietario arrendador, simplemente porque el cuarto le ofrece la posibilidad de obtener un 13% anual, y el banco solo le da el 7%. Extremadamente sencillo. Igual sucede a otros niveles (los que construyen o compran apartamentos, casas o incluso, edificios, para alquilarlos).

Ahora, con la nueva ley, ¿qué va a pasar? Bueno, como las lumbreras van a hacer un avalúo que va a estar si acaso por el orden de la tercera parte del valor real de la vivienda (ya hay experiencias en la materia, con los avalúos que hacía la Dirección de Inquilinato, y con esta gente eso va a ser peor), pero digamos la mitad, y el canon no va a poder exceder del 5% de dicho avalúo, pues el ingreso por el alquiler va a ser inferior al 2,5% anual del valor real de la vivienda, cuando los bancos están dando un 12,5% en cuentas de ahorro. Entonces, no hay que ser un Einstein para darse cuenta de que solo Bobolongo va a construir un cuarto, o va a comprar o construir una vivienda, para alquilarla, e impepinablemente van a desaparecer los arrendadores de viviendas (la oferta), y como no puede haber un mercado sin oferta, pues no existirá ese mercado. Y eso sin tomar en cuenta otros factores, como el que cuando uno quiera que le desocupen una vivienda que tiene alquilada, va a tener que esperar de aquí a la eternidad, y pare usted de contar. Así que el alquiler va a morir. Tan simple como eso.

Ustedes se preguntarán ¿Y qué van a hacer las miles, o millones, de personas que necesiten un cuarto o una vivienda en alquiler para vivir por cierto tiempo? Pues pregúntenle a las lumbreras; ellos tienen brillantes respuestas para todo, como ya hemos podido constatar en este floreciente país donde, como dijo Clinton, todo está chévere.

En próximo artículo, me referiré a otra lumbrerada: el avalúo para los arrendamientos, según la nueva ley.

 

 
Top