El PSUV ya tiene su CTV

Vladimir Villegas

VLADIMIR VILLEGAS
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El nacimiento de una nueva central sindical bajo la égida de Miraflores pone en evidencia la lamentable situación de un movimiento laboral que no ha podido consolidar en tantos años de lucha una organización fuerte, autónoma y democrática, capaz de defender los derechos de sus afiliados frente al patrono público y privado.

Esta nueva Central Bolivariana y Socialista de Trabajadores, instancia que se venía cocinando burocráticamente desde hace tiempo, y que no había podido cuajar por las divisiones del chavismo, llega a este mundo de la mano del Gobierno, y desde ya queda claro que jamás estará entre sus atrevimientos llegar a molestar al Presidente con reclamos que son “subalternos” en tiempos de revolución, como, por ejemplo, la violación de la contratación colectiva en la administración pública, el regateo de los derechos laborales, la inoperancia de las inspectorías del trabajo cuando los reclamos afectan a la gerencia del sector público, el deterioro constante del salario y la criminalización de las protestas.

Es una central más partidista y sectaria que todas las que hemos conocido en la historia del sindicalismo venezolano.

Ni siquiera el PCV cabe allí. Puro PSUV. Si bien la CTV llegó a ser el brazo sindical de AD, en su seno cohabitaban otros sectores, como Copei, el MAS, el MIR, el MEP, La Causa R, e incluso el propio PCV, que llegó a tener miembros en el comité ejecutivo pese a que también contaba con mayoría absoluta en la ya desaparecida Central Unitaria de Trabajadores, fundada, entre otros, por mi viejo, Cruz Villegas. No hay espacio en esa nueva central para el sindicalismo crítico, aunque sea de tendencia chavista, y mucho menos para corrientes adversas. Nace como nació la vieja CTV, pegada como un chipo a la administración pública, y sus nuevos dirigentes no surgieron de una consulta democrática.

Soy pesimista con respecto al desempeño de esta nueva organización aunque quisiera estar equivocado. No imagino, y ojalá también me equivoque, a sus dirigentes convocando a un paro nacional como hizo Juan José Delpino, siendo presidente de la CTV, contra el paquete económico de Carlos Andrés Pérez, ni mucho menos los veo llamando a la unidad de los trabajadores, de todos los sindicatos y de todas las federaciones para constituir una confederación nacional que sea unitaria y emerja como resultado del voto directo de sus afiliados. Esta central socialista nace para dividir más el movimiento sindical. Ni siquiera son capaces de unificarse con la Unete, otra expresión del sindicalismo rojo rojito, que parece haber caído en desgracia.

Por cierto, es lamentable que la CST le pida al Presidente que apruebe mediante Ley Habilitante la nueva legislación laboral, con lo cual se frustra la posibilidad de un debate abierto y democrático en la Asamblea. Dado el carácter antisindical del actual Gobierno, alarma el peligro que corre el sindicato como instancia de organización y lucha de los trabajadores, y el que corren también derechos como el de la huelga y el de la protesta. En cuanto a la vuelta al viejo sistema de pago de las prestaciones, tiene tinte electoral este ofrecimiento presidencial. Es una vieja y justa aspiración que para convertirse en realidad debe ser sometida a una consulta lo más amplia posible, para que no salga de Miraflores una fórmula que a la larga se transforme en una pesadilla, como ocurrió con el caramelo envenenado que la CTV, Fedecámaras y el gobierno les dieron a los trabajadores a cambio de renunciar a la retroactividad de las prestaciones sociales.

Al pedir la Habilitante para aprobar la nueva Ley del Trabajo, esta central pesuvista se encadena al Ejecutivo. No se quejen sus dirigentes si desde el Gobierno la tratan como a una mascota domesticada.

 

 

 

 
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