“ES TAN CULPABLE EL QUE PAGA POR LA PECA…”

LUIS GARRIDO
luirgarr@hotmail.com 

 

Por aquello de que los hombres pasan y las instituciones quedan, somos partidarios de flexibilizar los señalamientos que a veces, y bajo el impulso de la experiencia vivida, nos lleva a descargar el malestar; sin tomar en cuenta que la corrupción policial lejos de ser un cáncer de proporciones irrecuperables, pudiera ser manzanas podridas que de detectarlas a tiempo, disminuirían los efectos que tanto perjudica a la institución, con las consecuencias y repudio que despierta en la población.

 

Al hablar de este tema, no hay que reclutar firmas ni hacer mucho esfuerzo para conformar el coro de voces o, si se quiere, echarle gasolina al fuego, convencidos todos de la descalificación. Sin embargo, tratándose de individualidades y no de la generalidad del cuerpo, poco hacemos para elevar la moral de los buenos, aún conscientes de que después de nosotros, quien cuida de nuestra familia y nuestros bienes es el policía.

 

En repetidas ocasiones los medios de comunicación nos han revelado cifras referidas a policías expulsados, siguiendo las líneas de adecentamiento implantadas por el Gobernador Salas Feo en esa institución. Cierto es que el esfuerzo no está a la altura de quienes quisieran conocer mayores resultados; pero si partimos del principio de que hay normas y procedimientos administrativos que cumplir, la expulsión de un policía solo se lleva a cabo después de concluir el expediente, donde las pruebas son determinantes.

 

Pudiéramos afirmar sin temor a equivocaciones que nuestros policías, por ser héroes anónimos en el conglomerado de nuestra sociedad, no les son reconocidos méritos ni compensados sus riesgos, siendo el primer blanco en la mira del delincuente. De ellos se puede asegurar -aun cuando se ha generalizado este concepto debido al desbordamiento criminal- que el salir de sus casas no es garantía alguna de regreso. En los colectivos humanos los hay buenos y los hay malos. Esa apreciación de la tentación del pecado por los bajos sueldos no es acertada, porque si así fuera no habría magistrados corruptos ni ministros ladrones.

 

Vivimos tiempos difíciles, turbulencias políticas y dudas profundas sobre el destino final. La pérdida de la transparencia y la degradación de los poderes de la República, que es casi como lo último frente a la confianza fragmentada de un pueblo que poco a poco se va quedando sin razones para creer; y junto a esto, lo más triste son los unos contra los otros, en la misma Venezuela que nos pertenece por igual.

 

Un grito de auxilio es nuestro llamado a que no se agreda a la institución policial por los hechos indeseables de algunas individualidades. Pero alerta: El encabezamiento de esta entrega tiene un significado y lleva un mensaje. “Es tan culpable el que paga por la peca, como el que peca por la paga”. Reflexionemos sobre nuestra propia conducta. Cuando un policía nos detiene y accedemos a su matraca, es porque lo menos que hicimos fue irrespetar el semáforo o carecemos del certificado médico. Sin duda, ese policía es un pillo; pero el que pagó por la peca, además de mal ciudadano, contribuyó a atornillar a este funcionario en la ruta de la matraca. Comencemos a trillar el camino de los valores, porque ya nos estamos preparando para ir al encuentro de la nueva Venezuela.

 

 

 
Top