LA TECNOCRACIA DESALOJA LA POLÍTICA

SILVIA BLANCO

La llegada de expertos elegidos a dedo genera críticas por su déficit democrático. Los ciudadanos perciben que han perdido el control sobre lo que sucede

En apenas 15 días, italianos y griegos han visto cómo la crisis de la deuda soberana tumbaba como ramitas en medio de un vendaval los Gobiernos que habían elegido en las urnas. En estos dos países los tiempos y las respuestas ordinarias de la democracia de partidos parecen agotados y atropellados por la magnitud y la velocidad de la crisis. Ahora entran en escena los técnicos, presentados como una especie de solucionadores de problemas más o menos asépticos, de los que se espera que ordenen el desbarajuste hasta que se convoquen elecciones.

El tecnócrata italiano Mario Monti

La decisión ha provocado el recelo de quienes, como Josep Ramoneda, filósofo y escritor, creen que supone un déficit democrático. “Este Gobierno tecnócrata no ha surgido de las urnas, lo han colocado ahí Europa y los mercados. Hubiera preferido que a Berlusconi lo echaran los italianos. Implica un planteamiento muy ideológico, el de que esta crisis es estrictamente económica y por eso las soluciones son técnicas. El objetivo es que se instale la idea de que solo hay una solución posible”, mantiene.

La calle se ha adherido a esta tesis. Ayer hubo manifestaciones en Milán contra “el Gobierno de los banqueros” y Atenas vivió otra protesta masiva un día después de que Lukas Papademos recibiera la confianza del Parlamento. José Ignacio Torreblanca, director en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, cree que el Ejecutivo técnico es “el reconocimiento del fracaso de un sistema, de sus partidos y de sus políticos, aunque la alternativa era peor. La independencia de Monti es relativa, máxime viendo su trayectoria en Goldman Sachs: es independiente de los partidos, pero eso no significa que sus políticas vayan a ser neutrales”.  La medida de emergencia adoptada en Italia y Grecia llega cuando el desapego hacia los políticos y la frustración de los ciudadanos por la gestión de la crisis son muy elevadas a ambos lados del Atlántico. El Movimiento 15-M en España, que se extendió por toda Europa, y el de Ocupa Wall Street, son síntomas evidentes de esa quiebra de confianza que alcanza también al propio sistema. “Los ciudadanos perciben a los políticos como una casta privilegiada”, dice por teléfono desde Bruselas Marco Incerti, investigador del Center for European Policy Studies (CEPS).

Más que eso: muchos ciudadanos perciben que han perdido el control sobre lo que está sucediendo. “Es hora de que surja gente capaz de devolver la dignidad y la autoridad a la política como Churchill y De Gaulle en su tiempo”, sentencia Ramoneda. El investigador principal sobre Europa del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina, cree que “es lógico que la gente esté enfadada”. Sostiene que “ha faltado pedagogía por parte de los líderes, pero hay que poner soluciones. Discrepo de quienes hablan de falta de democracia. Es más cuestionable que Papandreu plantee un referéndum que también afecta a 300 millones de europeos o la estrategia de Berlusconi de anteponer su interés personal al de Italia”.

La legitimidad del Gobierno técnico también está en entredicho. “Es cierto que no ha llegado a través de las urnas, pero sí con el voto de confianza de los Parlamentos”, recuerda Incerti. En el mismo sentido, Molina dice estar “sorprendido” por el debate que ha desatado la cuestión. “Hace 10 días, todo el mundo quería que se fuera Berlusconi, y ahora que Italia tiene un Gobierno con integrantes respetados dentro y fuera del país, la crítica es que es un robo a la democracia. Jugamos al catastrofismo”, zanja.

Italia ha tenido antes Gobiernos técnicos, como el de Ciampi a principios de los noventa, y resultaron ser eficaces. Pese a las manifestaciones, en Italia una encuesta del Instituto Piepoli para La Stampa revela que el respaldo popular a Monti es del 73%. En Grecia, la adhesión a Papademos es similar, del 70%, según un sondeo recogido por el CEPS.

Una cruda frase de Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, sobre la crisis de la moneda única, explica el porqué del fracaso de los políticos: “Todos sabemos lo que se necesita hacer para salvar el euro, lo que no sabemos es cómo ser reelegidos después”. ¿Han llegado los técnicos para hacer el trabajo sucio? Giovanni Grevi, analista en Bruselas del think tank Fride, opina que “van a aplicar las reformas necesarias e inevitables. Algunas de esas políticas son las que los Gobiernos previos no fueron capaces de poner en marcha debido al coste político que tienen, tanto para la derecha como para la izquierda”.

La crisis se ha revelado como una máquina de derribar Ejecutivos. Ignacio Molina calcula que, desde 2008, los votantes han castigado a los gobernantes en todos los países europeos salvo en Suecia, Polonia y Estonia. “Han caído 21 Ejecutivos, contando Italia. Quien gobierna tiene ahora muy restringidas las opciones y no ha podido aplicar su programa. No hay soluciones óptimas en una situación tan difícil. Si no hay políticos en el Ejecutivo italiano es porque así lo han preferido, por táctica política ante las elecciones previstas para 2013”, argumenta.

Varios analistas coinciden en que el recurso a los tecnócratas es adecuado para reforzar la credibilidad de Italia ante la UE. También apuntan a la necesidad de establecer un sistema de gobernanza económica de la UE. “La eurozona explotará o se hará más fuerte con esta crisis”, sentencia Grevi.

Tan extraordinaria es la hora. Está por ver si alguien al mando, sea político o técnico, está a la altura.

@ELPAIS

 

 
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