Una nueva oposición, un nuevo Chávez

Argelia Rios

ARGELIA RÍOS
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En realidad se trata del mismo de siempre, pero enfrentado ahora a un “nuevo adversario”

 Era lógico que el evento animara el interés de opositores y oficialistas. Con trece años de incesante monólogo, un encuentro como el ocurrido resultaría atractivo a todos los públicos. Poco interesa si el programa tuvo o no las características de un debate. Lo relevante no fue siquiera su contenido, aunque de él se colija el compromiso de cada candidato con los principales problemas del país. Si algo debe rescatarse de la iniciativa es la sola fotografía en grupo de los aspirantes presidenciales, que describe por sí misma la convicción unitaria de los diferentes componentes de la oposición y, sobretodo, la vocación democrática que a todos acompaña.

Si ya antes las primarias exudaban esa vocación, el debate del lunes reforzó lo que el gobierno más teme de sus contrincantes, a quienes encuentra decididos a mantenerse amalgamados, al margen de los asuntos inferiores que ciertamente los distancian. La imagen de camaradería que la cita aportó no pudo ser más envidiable si asumimos que el chavismo aspiraba a presenciar una gresca en la cual la Unidad quedara expuesta como una farsa, acaso equiparable a la del llamado “Gran Polo Patriótico”.

Que la gráfica de los candidatos reflejara el ambiente de convivencia que el país ha perdido en estos trece años, no puede sino inquietar a quienes han pulverizado la concordia entre los venezolanos. Con casi tres lustros en el poder, es comprensible que “el proceso” le tema a los contrastes. Hoy, como nunca, las comparaciones constituyen un riesgo más en esta campaña, donde la enfermedad del Presidente empina la cuesta de una reelección que necesita de explicaciones más convincentes que las que se dieron en ocasiones anteriores.

La esperanza del oficialismo es enfrentarse a una oposición resquebrajada. Sin embargo, la atmósfera de respeto y familiaridad que reinó en el recinto de la UCAB desencajó al gobierno, cuyo jefe oculta su incomodidad frente a las diferencias que poco a poco van visibilizándose entre la oposición de 2006 y ésta que ha venido aprestándose para enfrentarse a él en mejores condiciones que las del pasado. Chávez ya tiene razones para imaginar que su contendor en 2012 -cualquiera que sea- encarnará a una Venezuela políticamente menos inmadura, cuya composición policlasista descontextualiza al “escualidismo” con que se le descalificaba.

La fortaleza de la Unidad, el vigor de la juventud de sus candidatos y la nueva estructura social que en ella milita hacen hoy una gran diferencia. Ya nada es igual. Todo le contrasta y le arriesga. El “nuevo Chávez” del que se habla no es un hombre renovado por causa de su desgracia personal. En realidad se trata del mismo Chávez de siempre, pero enfrentado ahora a un “nuevo adversario”.

 

 

 
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