VENEZUELA QUEMA SUS VELAS

Faitha Nahmens

La revolución también sería religiosa. Luego de abrir la tumba del Libertador y de que el Presidente confesara su enfermedad muchas más han sido las revelaciones: en Miraflores aparecen animalitos muertos; en el país, la corte de los milagros compite con la de los malandros en una reedición desmelenada del yin y el yang; María Lionza es ni ní; la fe crece a la par que la diversidad de cultos que rivalizan con los dogmas heredados, que libertad de cultos (¿e incultos?) hay; en las iglesias se bendicen los golpes si son de pecho y el sincretismo une tumbas y rumbas, votos y urnas. De que vuelan vuelan. Que viva Changó, señores. 

Especial para el ABC de la Semana

 


FAITHA NAHMENS

Mientras que en Europa el fantasma del comunismo dejó de hacer su famoso recorrido, en Venezuela no sólo deambula el ánima en pena de aquella utopía sino que, quienes se toman por comunistas, invocan fantasmas. Ateos de un sólo dogma, quienes históricamente han considerado la religión como el opio del pueblo, ahora se permiten el desliz principista y se alinean tras aquellos que prometen facilitar el enlace entre los que se fueron y los que están, aquellos cuyos altares están poblados de deidades accesibles y casi tangibles, imperfectas y hasta viscerales, aquellos que en vez de mirar al cielo ven hacia la tierra; tanto, que excavan en ella, y hurgan entre las tumbas. Como los griegos, democráticamente humanizados, estos dioses tan variopintos como bien caracterizados, cada uno según la circunstancia y cada uno para cada necesidad, se harán presentes a través de la mediación de los ungidos que desde sus olimpos interpretarían el oráculo respectivo, y darían la respuesta a lo que urge. Una que aparecerá ya; no en el más allá. ¿Qué puede otorgar más popularidad? ¿Qué puede ser más populista?

Dioses que, por cierto, siempre habrían estado próximos, sólo que menos expuestos. Provenientes de África, estas creencias se permearon durante la Colonia, e hicieron migas con las religiones del establecimiento, derivando en sincretismo, la analogía de dioses que equiparó unas entidades con otras; cuando los santos católicos camuflaron las deidades yoruba como mecanismo de defensa ante la intolerancia de los poderosos de entonces. Estos cultos se mantuvieron ocultos; ya no. Danzan y entonan cánticos en las plazas y oficinas públicas, y salen de punta en blanco a través de los canales de tele que comulgan con la causa. “Sí, porque cuando somos más intransigentes en términos políticos, parece que somos más permisivos en lo social, por lo que muchas minorías que no veíamos se exhiben con más libertad. Irene Sáez lanzó un edicto hace 20 años: no debían los novios besarse en los sitios públicos. Ahora se ven parejas homosexuales demostrándose su amor sin ningún rollo en la Plaza Altamira. Igual aparecen unas señoras vestidas de blanco, el día de Santa Bárbara”, observa el psicólogo Leoncio Barrios. “¿Y quién no va donde el curandero a que le rece la culebrilla?”.

Cuba tendría velas en este entierro venezolano de oficiantes y oficialistas, ni tantos ni tan pocos. La intensa conexión política con la isla incluirá como valor agregado el credo yoruba, ante la vista gorda y la próstata caduca de un Fidel Castro enfermo y bañado en pócimas. Según el sociólogo Roberto Briceño León, el gobierno, en efecto, le habría dado tribuna a la santería “por influencia cubana”, aunque sostiene, sin embargo, que, fuera del catolicismo, no habría en el país un culto con mayor peso popular que el de María Lionza. Cuba, amén de enviar médicos, burócratas y guardaespaldas, animaría extramuros el redescubrimiento de los dioses ancestrales, “los más antiguos”, como dice Jorge Moreno, un babalawo que ejerce la medicina occidental y la otra: “Estaban antes de la creación y estarán después que se acabe el mundo”. No suelta prenda a la hora de suministrar datos sobre quienes lo consultan, discreto es. Sólo se anima a suscribir que el culto atrae tanto a pobres “como ricos con Hummer”, y que tampoco hace distingos de color político o incluso de religión: “Vienen muchas personas católicas, porque en realidad muchos santeros somos bautizados”. En cuanto al vínculo con Cuba, un colega suyo, José Barrios, es el mejor ejemplo: “Ahora mismo viajo para allá porque quiero obtener nuevos galones en la jerarquía, si asciendo seré más consultado y tendré más ahijados, conozco un babalawo que tiene como 6 mil”, asegura, pasaporte en mano, tras reunir dos mil dólares para pagar el trámite. El trámite religioso. “Cuesta más barato que aquí, que sobrepasa los 20 millones hacerse el santo”. Cuando esté en la isla, los cubanos, agradecidos, lo llevarán, como parte del rentable paquete, al santuario de la Virgen de Regla, diosa negra de los océanos. Yemayá.

Babalawo Cubano

Como quiera que podría devenir reivindicación étnica, y podría asociarse a la anhelada búsqueda de la raíz -siempre y cuando no sea la española-, resultará propicio en cualquier caso el enseñoramiento de este culto aquí y ahora. Reforzaría el predicamento de este régimen que, atrapado en el pasado, intentaría representar en el imaginario popular la guerra contra la madre patria –Edipo mal resuelto– para acaso reeditar victorias. Porque no parece que las cuentas estuvieran saldadas. Se le corta la cabeza a una estatua de Colón; sale del Parque del Este la Nao Santa María (y no para restablecer el concepto paisajístico original, no, porque en su lugar colocarán una réplica del Leander mirandino, de !32 metros de alto!); y se abjura -según las circunstancias- del catolicismo, la religión que llegó al mismo tiempo, hace 500 años, claro, con la bandera del imperio. Pese a que Chávez dijo en una de tantas que “el cristianismo y el socialismo, perfectamente, pueden ir tomados de la mano por los caminos de la Historia”, ha sido público y notorio el desafío presidencial a las autoridades eclesiásticas.

Con todo y que monseñor Mario Moronta el 12 de julio de 2011 le dio la comunión y le impuso los santos óleos para que sobrellevara con fortalezas el cáncer, y un año antes, el 6 de junio de 2010, el sacerdote Alfonso Rojas -el apellido ayudaría-, lo bendijo y le dedicó aleluyas en Aló Presidente, el Presidente, que nunca se ha casado por la iglesia, con su verbo de sable habría inspirado a sus incondicionales que religiosamente la han emprendido contras las imágenes de la Virgen. Le dispararon a la Milagrosa de la Plaza Altamira de Caracas en 2003 y la decapitaron allí mismo en 2008; en Barquisimeto, abalearon a la Divina Pastora en mayo pasado. Para Chávez esta religión será, respingan desde la barrera los católicos ofendidos, a lo mucho, su por si acaso. “Si el gobierno está tratando de alejar al pueblo de la institución católica es para imponer la religión bolivariana, en la que Bolívar sería Dios y Hugo Chávez el santo pontífice”, deslizaría la psiquiatra y escritora Ana Teresa Torres en el programa de radio de César Miguel Rondón.

Lo cierto es que Chávez se acordará de Santa Bárbara cuando truena. El 26 de octubre, aniversario del nacimiento de José Gregorio Hernández, dijo: “Me anoto en la lista de los que hemos sido bañados por el milagro del siervo de Dios”, y una semana antes había peregrinado hasta La Grita para pedirle salud al Cristo tachirense. Contra Jesús, hay que aclarar, no es la cosa. Su talante compasivo lo ubica en el panteón del sincretismo marxista como un defensor de los pobres, es decir, un aliado de la lucha de clases; su barba nunca estará en remojo, será símbolo de la antiburguesía. Jesús es de izquierda. Pero María es de derecha.

 

“Pero no es apenas un rito con caracoles, no, esto es más profundo que eso, y Dios no está en ellos, ni en los cocos, está la energía que es la que interpretamos”, asegura Moreno, “también hay todo un respaldo histórico de la creencia… su fundamento… cómo se creó la vida… qué es el mar y qué representa en el origen de los tiempos… y sí, claro, hay una diferencia entre el bien y el mal”, se explica, “nosotros coincidimos con algunas prácticas bíblicas como el sacrificio del cordero, así como también creemos que aquí en la tierra, y no en el cielo, es donde uno paga lo que hace, si el cristiano nace con la culpa y tiene como una espada de Damocles la amenaza del infierno, y no tiene más alternativa una vez pasado el umbral de la muerte, la santería apela a la reencarnación como vía de salvación”, añade. “Y al vivo que pida protección se le otorga, sea quien sea, incluso al que se la tienen jurada, pero eso sí, se le exigirá que se haga el santo, si entras en mi sala porque estás en aprietos, no puedes salir sin comprometerte con un cambio de vida; si no puede ser que mueras, el mal puede vencer, porque existe”.

“Yo no”, ataja un espiritista de flux y corbata; de blanco, en el fin de semana. “Uno busca estar en equilibrio con la naturaleza que aunque puede ser violenta se rige por las leyes de la armonía; a mí me interesa el bien; siempre. Pero sí sé, lamentablemente, que hay algunos santeros que ayudan a malandros, y hasta bendicen sus fechorías, un asalto o un robo, pero eso se paga… no, no me refiero a que sea un negocio compartido de ambos, que por eso esto está tan desprestigiado, porque se ha comercializado mucho; hablo de la ley del boomerang…”. Yaya, espiritista y santera, amén de jurista, y quien como mujer nunca llegará a babalawo -reglas internas- habla con todas las de la ley: que sí existe el mal y que en efecto hay muchos que lo practican, “pero no está en el hecho de que yo tenga el don de oír, y pueda conectarme con los muertos, ni mucho menos en que pueda escuchar las orientaciones del que me susurra, el mal está en cómo usas esto, hay mucha gente obsesiva que no mueve un pie sin antes consultarse, y se atormentan.”

Beatriz Veit-Tané, sacerdotiza marialioncera, dice, por su parte, que Dios es el poder creador y que la naturaleza es la expresión y la vida. “Yo creo en el poder de cada quien para hacer el bien desde el amor, que es la única verdad, no el odio, tenemos que rezar mucho por el país, sin distingos de ningún tipo.” María Lionza, la diosa de la efigie que cabalga desnuda sobre la danta en la autopista Francisco Fajardo de Caracas -donde estaría el centro energético de la ciudad- y que se habría hundido, pero no mudado -dicen que venció las malas vibraciones y volvió a su pedestal-, fue anfitriona en Sorte, su santuario, de las celebraciones masivas del 12 de octubre: es su día, ella es la identidad mestiza vernácula. “Eso estaba repleto, de bote en bote”, confía una artista plástico aprendiz de espiritista. “A todos los portales llegaba gente para cargar energías, ser sanados, suplicar y agradecer favores”. El santo y seña para acceder lo determinaría el recorrido de la ceniza en el tabaco producido por una bocanada. Asimismo, para dar comienzo a las ceremonias, todo médium recitaba encendido de fe: “Dios Todopoderoso te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que la Santísima Trinidad y nuestra Reina María Lionza te acompañen, a ti y a los tuyos”, amén. “En el mito de María Lionza es evidente el componente catolicista”, consigna Edmundo Bracho, periodista y poeta, en María Lionza en Venezuela.

“Según el medium Sócrates Díaz, María Lionza era hija de terratenientes españoles y de pequeña fue llamada por el Genio de la Laguna, entre encantos aromáticos”, añade Bracho. “Una vez ahí, comenzó a hundirse en el torbellino con cuya ayuda la gran anaconda se proponía engullirla. Pero un felino saltó sobre la serpiente arrancándole los ojos y salvando a María de la Onza”. Para Beatriz Veit-Tané, lúcida en sus ochentas, en cambio, fue una joven caquetía que invocaba espíritus y se comunicaba con la fauna. Una vez llegadas las tropas conquistadoras pidió a su pueblo huir hacia la montaña pero creyeron que estaba poseída y la mataron. “Por ello no podría nunca comulgar con sacrificios de animales, no puede ir una contra la naturaleza y hacerle daño a los seres vivos… ¿Sabías que podría contaminarse el embalse de La Mariposa de tantos animalitos muertos que le arrojan?”.

Ritos que producen perturbación. “La estética es espeluznante, palomas desplumadas, sangre vertida encima de ti, oficiantes que tuercen los ojos, huesos obtenidos tras la profanación de tumbas…”, frunce el ceño el sociólogo Carlos Raúl Hernández, “me parece que estas herramientas no pueden conducir a la elevación espiritual, y asociado a la política se convierte en un cliché: el mandamás y su brujo: López Rega y los Perón, Rasputín y el zar Nicolás de Rusia…”. La artista plástico aprendiz de espiritista le concede razón. “Entiendo que haya quien se aterre si va a bañarse a un río y encuentra unos animales descompuestos, rodeados de velas y tabacos…”, reniega, “pero no sé si es peor eso o que exista una corte llamada malandra. Entiendo que haya la bolivariana, incluso la militar, en la que se le rinde culto !a Juan Vicente Gómez! pero… ¿corte malandra?”. Briceño León asiente: “La corte malandra es algo nuevo y distinto, pudiera ser visto como un culto demoníaco, en el sentido que unos adoran a Dios y otros al diablo, pero tiene rasgos simplemente de protección espiritista, desde la creencia de que los muertos pueden proteger a los vivos”.

 

Exhumación de los restos de Simón Bolívar.

Sobre héroes y tumbas

El 16 de julio de 2010, entre gallos y media noche, Chávez fue al Panteón Nacional, antigua iglesia de la Santísima Trinidad, y allí, según rumores, junto a 400 babalawos, abrió el sarcófago que contendría los restos de Simón Bolívar, supuestamente motivado por una sospecha: ¿de veras murió de tuberculosis? Para salir de dudas se habrían tomado muestras de los restos para estudiarlas y dar con la respuesta que confirmaría la hipótesis de que fue asesinado en Colombia por orden de Francisco de Paula Santander. “Qué momento tan impresionante hemos vivido esta noche: hemos visto los restos del gran Bolívar”, “Confieso que hemos llorado”, “A través de sus cuencas vacías los ojos del Libertador me han mirado”“Tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, porque puede sentirse su llamarada”, “Me pareció que se iba a parar”, “Bolívar ha vuelto para meterse en nuestra alma”, dijo Hugo Chávez a través de twitter aquella madrugada, a las dos.

El aquelarre fue tomado como una práctica de palería para que Hugo Chávez se hiciera de los dones del prócer americano más importante del siglo XIX -así lo acaba de bautizar la BBC de Londres- frotándose con sus restos -hallarían retazos de una camisa y una bota- incluso se habla de que apartó para sí el dedo meñique.“Y en momentos en que el culto bolivariano se está desgastando en el corazón de la gente, la exhumación sería una manera de resurrección y un gesto de reafirmación de poder: en este país yo soy quien abre la tumba de Simón Bolívar, soy yo quien toca al Dios, soy un ungido”, interpreta Ana Teresa Torres.

“Los entes sagrados les pertenecen a todos, si la exhumación era necesaria, debieron presenciarla personeros de la Academia de la Historia, la propia familia Bolívar a la que ni siquiera se le consultó, gente de la Facultad de Medicina… es una suerte de intento de apoderarse de la sacralidad”, pontifica la antropóloga y escritora Michaelle Ascencio, también consultada por Rondón en su programa radial. “Pero tocar el símbolo de lo sagrado es profanación, es burlar el tabú de la muerte, y en todas partes el hombre es hombre por que cree en la inmortalidad, y respeta a sus muertos”. El evento no incluyó bendiciones, y en cambio trajo funestas consecuencias; cosas raras pasaron después, decesos y enfermedades. “Todo aquel que profane mi tumba tendrá años de sufrimiento y sus seguidores morirán en lotes”, habría jurado Bolívar. Podría pasar como cuando el 16 de febrero de 1923 se abrió la tumba de Tutankamón.

Entre corrillos se toma por cierta la aparente fama de pavoso de Chávez. Una serie de eventos desafortunados le harían merecedor del sambenito: se fotografió con Sadam Hussein, cabeza con cabeza, y luego su par fue ahorcado; antes de que se le quemara el rancho -rancho de 13 mil dólares- a Sean Penn, lo había recibido en Miraflores; no más llegó a Brasil proveniente de Venezuela, y luego de entrevistarse con él, Naomi Campbell tuvo que internarse en un hospital; después de que visitara Irán, hubo un terremoto; y la lista sigue. El mismo Chávez dijo que cerca de Miraflores se han encontrado animales muertos, todos negros, lo cual tiene un significado agorero, y también hay quien jura que no son menos los animales enterrados en los jardines de palacio, los sacrificados para usarlos como contra; se ha murmurado en las redes sociales que el Presidente se habría bañado con la sangre de un tigre de Bengala traído de lejos para asegurar su salud. También habría elementos en el paisaje urbano dispuestos según el mapa de protección. La pirámide de la autopista Valle Coche, “que habría sido construida con tierra de cementerio y sangre de animales”, está puesta ahí dizque para consagrar el poder chavista. Y los billetes de 5, 10 y 20 bolívares serían representaciones poderosas del altar de las potencias locales: Negro Primero sería el negro Felipe; Luisa Cáceres de Arismendi, con sus mariposas y flores, María Lionza; y Guaicaipuro, pues él mismo, y todos, manoseados por el pueblo, estarían haciendo su trabajo. La artista plástico que, en materia de espiritismo, prefiere el anonimato, dice: “El pueblo aguanta callado porque está macumbeado”.

Vamos a ver

El palero entiende que los huesos, sean de humanos o animales, arrojan señales para salir de atolladeros. Cultos sin templo, los santeros pontifican en casa luego que lanza los caracoles y, dependiendo de cómo caigan, leen el mensaje cifrado que ha de determinar qué le espera al atónito que los consulta. Como ritual de persuasión y agradecimiento sacrifican animales. El espiritista alberga en su humanidad al ánima que quiere expresar designios, y probablemente también oye en su oído privilegiado el susurro del muerto que lo orientará; y cree que hay que dar de comer a los muertos. Frutas o una arepa con queso, acompañados de vasos llenos de agua, “que limpia, todos debemos tomar mucha”, la que aspirarán “por el aire”.

 

Corre la tinta

A algunos santeros les inquieta la proliferación de la literatura que difunde los protocolos, y la variada oferta en kioscos y librerías de manuales que, al parecer, descubren más de la cuenta. “Casi que cualquiera puede ser babalawo”, se lamentan. En efecto, a la par que el creciente fervor por el culto, corre parejo un indiscreto boom editorial que ha discurrido la cortina de los secretos, aunque no de todos los arcanos; porque al final, los asuntos de la fe nunca son del todo claros, ni pueden explicarse. Lo que se lee entre líneas es que ya fue abierta en la sucursal del cielo una atractiva franquicia del más allá.

 

En la jerarquía santera reinan Olodumare el Dios único, omnipotente y creador del todo, que no se manifiesta sino por Olofin, su hijo, quien por su mandato vino a crear la Tierra y todo lo que ella contiene; se valió igualmente de sus poderes para crear los administradores de la naturaleza, conocidos como los orishas y las cortes; pero sólo él, el que está descansando, es la perfección. Luego vienen los sacerdotes, pies en tierra, con la agenda de quién es quién: Elegguá: el Divino Niño Jesús, Obba Moro: Jesús de Nazareno, Obatalá: Virgen de las Mercedes, Yemayá: Virgen de Regla, Oshún: Virgen de la Caridad del Cobre, Orúnla: San Francisco de Asís, Oyá: Virgen de la Candelaria, Oggún: San Pedro y San Juan, Ochosi: San Norberto, Changó: Santa Bárbara, Babalú Ayé: San Lázaro.

Tetilla en tierra

“¡Qué sería de Venezuela si hubieran seguido los adecos y copeyanos! ¡Un desastre!”, decía Hugo Chávez el 28 de abril de 2009, “pero tenemos en cambio un país luchando y un boxeador como Edwin Valero: quien se atreva le sale nocaout”. Justo un año después de este homenaje político deportivo, el Inca Valero regresaba a la cárcel, esta vez no por maltratar a su esposa, lo que se le perdonó rapidito, sino tras haberla asesinado. Una tragedia griega: a las pocas horas de su detención, el 19 de abril de 2010, fecha patria y bicentenaria, se ahorca en prisión. Pero no termina aquí la historia. Ocho días después, sus restos son exhumados. “Los chamanes que andan con el Presidente le aconsejaron eso”, recuerda Carlos Raúl Hernández, “que desenterrara al campeón y le rasparan la tetilla derecha: allí llevaba tatuada la cara de Hugo Chávez, y a Hugo Chávez no le hace bien estar en un ataúd”.

 
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