ANIMUS DOMINI

Américo Martin

Desde la cima del Avila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

“Alguna vez se ha dicho: las cabezas son malas, que gobiernen las botas”
Juan de Mairena, alter ego de Antonio Machado

 

I

 

El proceso electoral que, como film de misterio transcurre ante nuestra mirada, gana en incertidumbre a medida que se acerca el octubre de nuestros tormentos.

Lo lógico sería que con el correr del tiempo el panorama se iluminara, para lo cual bastaría que los rivales electorales hicieran lo que deben hacer. A estas alturas deberíamos tener una idea aproximada de cuales  serán los candidatos a la presidencia y demás cargos por elección. Por desgracia sólo sabemos que el actual mandatario se ha autodesignado, en tanto que la alternativa democrática seleccionará en febrero uno entre cinco competidores a las primarias, consulta inédita en Venezuela y sospecho que en el mundo.

En la misma fecha serán escogidos candidatos a gobernaciones y alcaldías mediante voto directo y secreto. ¡Concurrirán mil aspirantes! Se dice rápido: mil. Para las primarias trabajarán 100 mil voluntarios, aparte de los que movilice cada aspirante. Esas redes civiles, que rechazarían ser identificadas con la terminología militarista del gobierno, seguramente valen más, pelo a pelo, que los pomposos batallones, escuadrones o patrullas que medran a la sombra del presidente y cuentan con recursos infinitos.

 Y a propósito ¿qué hay en los predios gubernamentales? Hay un ensordecedor silencio, un silencio lunar,  atemorizado y expectante. Ni siquiera se asoman no digo candidatos o aspirantes formales, sino sombras de las que pudiera sospecharse que a lo mejor reciben el soplo divino.

 

II

 

Desgraciadamente no son esas las noticias más inquietantes de la comarca. El presidente no hace sino prometer más división y violencia verbal que de costumbre, lo que ya es decir. En materia de enfermedad se paga y se da el vuelto.  Si diera una tregua noticiosa la gente ya se hubiera olvidado del cáncer y demás zarandajas médicas. Pero es el propio interfecto quien se envuelve en actividades y movimientos neuróticos destinados a velar lo que realmente tenga. Da discursos a públicos cautivos con confiadas entonaciones como para que nadie dude de su recuperación. Y está bien, presidente, ya lo dijo: de células cancerígenas no queda ni la mitad de una. ¡Enhorabuena! ¿No sería un buen momento para cerrar ese capítulo? No se entiende que siga mencionando el cáncer y afirme que el tratamiento va muy bien, si ya se curó.

¡Por Dios, presidente! Ensériese. Hablemos de sus medidas económicas y de su incuria frente a la delincuencia. Explíquenos cómo es que la Gran Misión marcha viento en popa pero no así la construcción de viviendas. Y de paso, ahórrese las enigmáticas alusiones a lo que ocurriría si su revolución fuera derrotada el 7 de octubre. Sus amenazas, señor, revelan sus temores.

 

III

 

Gane o pierda Leopoldo López se ha convertido en un  termómetro que debería guiar los pasos de la gente de la calle. Amenazar es fácil. Honrar las amenazas es más difícil. Si López ganara las primarias ya no sería candidato de sí mismo, sino mandatario de todos los que votarán en ellas por cualquiera de las opciones. Y si lo derrotara a usted va a ser harto difícil no permitir que asuma el poder. Porque, ¡vamos!, sería el depositario de la confianza popular, la expresión de la soberanía manifiesta, del poder originario, como en tiempos solía decir usted.

La confrontación se trasladaría a un terreno complicado, si tuviera la ocurrencia –que no creo- de desconocer el resultado de la votación. ¿En nombre de qué lo haría? El argumento de la inhabilitación es muy precario. Si millones de venezolanos eligen un presidente ¿podrá un burócrata al frente de la Contraloría  impedir que el mandato se cumpla? Los funcionarios civiles y militares tienen legítimos motivos para respaldar al presidente electo en las pasadas elecciones, así no les cayera bien; con las mismas razones y reservas apoyará el venidero octubre al ungido por la voluntad del pueblo.

¿Pero cuántos cometerían el temerario error de respaldar una usurpación? Es cosa de verlo. No tiene el menor sentido que aten su suerte a una operación masiva, sorpresiva e inconsulta de desconocimiento,  que sin duda sería repudiada por el país  y por el universo. Yo sinceramente creo que la gente no es suicida. Al borde del abismo da un paso atrás, no adelante. La gente, simpatice o no con el presidente, lo respalda porque hasta que se pronuncie el electorado en nuevas elecciones, es el depositario de la confianza nacional en los términos dispuestos por la Constitución.

Desde 1958 hasta el día de hoy todos los golpes e insurrecciones, cualquiera que fuera su signo, fracasaron sin apelaciones. Para cabalgar el potro arisco de la democracia hay que ganar limpiamente las elecciones. De impacientes está empedrado el camino de Yare.

La alternativa democrática se debate entre cinco opciones válidas. El que venza el 12 de febrero encabezará, en la consulta del 7 de octubre, el gran movimiento por una democracia de vocación social. Por lo que se ha visto hasta ahora, cualquiera de los cinco está bien avituallado para asumir la histórica tarea. Sobre todo porque no estará solo. El mecanismo de la unidad que lo elija será el que le proporcione la presidencia y respalde la construcción de la diezmada Venezuela, escombro sobre escombro.

Lo otro es impensable. Multiplicar los escombros para conservar el poder.

¿Conservadores del poder? Siempre que los entendamos como aquel sarnoso que se empeñaba en conservar, no la salud, sino la sarna.

 
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