DOLORES ES MÁS DE UN DOLOR

Carlos Blanco

CARLOS BLANCO
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Los militantes de izquierda del “proceso” vienen de muchas madrugadas esperanzadas y muchas tardes de desengaño. La vieja ilusión según la cual un día se amarrarían los caballos en las establos de Miraflores ahora se va como fantasía de locos o iluminados. Se vive ese momento en el cual huye un amor que parecía eterno y la utopía yace enredada en las patas de las bestias enloquecidas que no pudieron amarrarse  en el palenque “de Palacio”. La revolución se muere de tres muertes; la enfermedad del caudillo, el ferruginoso sabor del fracaso por no haberse construido algo duradero y el sueño transmutado en mueca grotesca y en decepción masiva, que sólo es posible atenuar a fuerza de billete y miedo.

Piénsese en aquellos viejos guerrilleros que se reunieron esta semana bajo el comando espiritualmente deteriorado de Fernando Soto Rojas y Alí Rodríguez. En esa reunión estuvo mi viejo amigo, El Químico; todavía sin la edad suficiente para presidir junto a los venerables, pero sí partícipe de ese monumento al voluntarismo que han sido estos años bolivarianos, en los cuales se pretendió construir el hombre nuevo a partir de las piezas provistas por Fidel: su Lego macabro. Lo que resultó fue un Transformer que en la mañana es un rojo émulo de Che Guevara, en la tarde es un rosado y opulento amasador de fortuna, en la noche se convierte en un decolorado crítico de la aventura militar, para terminar lóbrego e insaciable como vampiro en las madrugadas, en busca de sangre de doncella para mantenerse vivo y creyente en lo que ya no es posible creer.

 

Unidad en el cuartel

El Químico me aborda en el Sambil, lugar para disimular angustias en medio de la frivolidad que por allí pasea. También él quiere comenzar a hacer sus compras navideñas y sonríe al admitir que, desde pequeño, ha sido poseído por esa fiesta decadente, burguesa, pero insustituible aun para aquellos que entre sístole y diástole todavía convienen en que el corazón no es sólo un músculo.

Trae mensaje de Dolores. La deliciosa y espigada camarada desea verme. Ella no quiere ni ordena nada; sólo desea. Ha sido así desde siempre aunque ahora tenga esa mirada superior de autoridad nacional. Ella ha sido la selva del deseo; siempre produjo esas manzanas rojas que cualquiera habría mordido aun sabiendo que le aguardaba la perdición.

–      Te manda a decir Dolores, la bella, que el tema entre los oficiales son los cubanos. Así dice, mientras cubaniza el final de la expresión. Continúa: La unidad en los cuarteles existe pero en contra de los camaradas de la isla.

Ante mi mirada perpleja y dubitativa, porque no creo mucho que chavistas militares se atrevan a quejarse de los cubanos, prosigue.

–        La enfermedad del Comandante ha hecho desplazar a los camaradas oficiales hacia el centro político. Ya nadie se llama a sí mismo chavista; todos son sospechosamente institucionalistas; pero unos y otros detestan hasta más no poder a los cubanos dentro de los cuarteles, por su insolencia y por la humillación que producen en los oficiales venezolanos, generales, superiores y subalternos.

–          Ustedes han admitido y, más aún, procurado esa presencia, le digo.

–          No vamos a discutirlo ahora, exclama con expresión de fastidio.

 

Lo cierto es que a Dolores le preocupa mucho que un cambio drástico de la situación, sea por el avance del sarcoma, sea por la descomposición interna, pueda desatar una protesta anticubana en las unidades. Me permití pensar que esa situación como que está peor que lo que el mensaje de Dolores transmite pues una reacción anticubana generalizada es riesgosa aunque posible. Hay que recordar que se cuentan por decenas de miles dentro del país.

 

Una de mis Rusias

En el Piso Ejecutivo del hotel convenido veo venir aquellas piernas preciosas que portan la serena majestad de mi querida camarada, la Dolores, la de amores. Tiene la insólita costumbre de besar cerca de la comisura de los labios más que como expresión de demanda como juego de tentaciones. Una vez que su cuerpo toma total posesión del sillón que la abraza, procede a volcar sus miedos.

–          ¿Puedes creer que algunos jerarcas nuestros han decidido construirse un refugio más allá de más nunca? Dice agitada.

–          No hay posibilidad de escondite, sea en Guayana, en Perijá, en el Capanaparo o en Barinitas. Le argumento.

–       ¡Qué ingenuidad la de ustedes!, dice con aire de quien habla con un tonto. No creerás, pero es en Bielorrusia, ¡en Bielorrusia, mi amor!, construyen una especie de urbanización de alta factura para los camaradas de arriba, como un porsiacaso.

Me sorprende la noticia y me pregunto por qué no en Cuba, y antes de que formule verbalmente la idea me ataja:

–          Lo ideal habría sido Cuba pero le tienen temor a las reformas de Raúl que, como tú y yo sabemos, tienen al capitalismo allí mismito, a dos vueltas de tuerca. Capitalismo a la china, pero capitalismo al fin.

–          Pero, argumento, ¿quién se quiere ir a Bielorrusia?

–         Nadie, pero siempre será preferible a la persecución que temen o a los trajes anaranjados que los gringos reservan a quienes quieren humillar en los juicios. No se los ponen a Bernie Madoff ni a Strauss-Kahn, pero sí a Noriega y a Orlando Castro.

Observo que Dolores tiene dolor pero no miedo. Sabe que los opositores no le harán la vida imposible ni a ella ni a gente como ella:

–          No estés tan seguro que ustedes ganan, precisa. No tienen idea de cómo está de lleno el barril para gastar a manos llenas y cimbrar el descontento. No hay disgusto que aguante una nevera y una cocina regaladas; no hay furia que no se atenúe con una casa de la Gran Misión Vivienda; y ustedes quieren competir con eso… ¿Qué son las tres casas de tus gobernadores con las miles de Hugo? Nada…

–          No sólo de pan vive el hombre, riposto bíblico.

–         Sigue así, que te enterrarán en urna blanca… Lo único que nos derrota es eso de lo cual no quiero hablar; ésa es la verdadera conspiración, la de las malditas células locas, se queja con amargura y desesperación.

Dolores cree que es un error que los cubanos hayan decidido cambiar la estrategia de información en la FAN sobre la dolencia. Se ordenó silencio oficial y sólo se informará a través de los altos jefes; se prohibió el uso de las redes sociales dentro de los cuarteles. Ahora sólo se puede decir “el líder tuvo cáncer, fue “curado” y ya reasumió su liderazgo”. En la asamblea en la que se ordenó el despropósito, informa la camarada, los subalternos se miraron entre sí con incrédula sonrisa.

Firrrrr…

Lo que más perturba la majestad de Dolores, la bella, es la incomprensión que tiene Hugo de los tiempos. “Cuatro generales y los “colectivos” armados del 23 de enero no son suficientes para impedir un cambio político. Esos no resisten una hora de combate con las unidades que no se van a prestar a una aventura…No entiende que perder una elección no es una tragedia, pero siempre me responde, lacónica: el futuro me alcanzó, me muerde adentro y duele…”

www.tiempodepalabra.com

 
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