EN ESPAÑA SE ACABÓ LA FIESTA

Elizabeth Burgos

ELIZABETH BURGOS
eburgos@orange.fr    

 

Después de haber logrado un democrático y ordenado paso de un gobierno a otro,  España deberá ahora someterse a una serie de medidas de austeridad, difíciles de aplicar en una nación que se ha acostumbrado a vivir en términos de mayor holgura y modernidad en sus costumbres.

Mariano Rajoy

Se puede considerar que España es el país de la UE que ha salido airoso en cuanto a las modalidades de su cambio de gobierno a las que tuvo que recurrir tras la debacle de Grecia y la situación de fragilidad, tanto política como financiera, de Italia.  España aparecía como el próximo centro de la crisis.  Rodríguez Zapatero, al tomar la decisión de adelantar las elecciones y poner término a su legislatura, salvaguardó la legalidad democrática.

En efecto, los gobiernos de Grecia y de Italia fueron de hecho  “derrocados” debido a las presiones ejercidas por Bruselas, sentándose así un precedente bastante preocupante, considerado por la opinión pública como un irrespeto flagrante de las normas democráticas.  En cambio España logró mantener el respeto institucional y cumplir  rigurosamente con el juego institucional.  En España las presiones no vinieron de Bruselas, sino de la oposición y de la ciudadanía. No sería temerario afirmar que el movimiento de los Indignados contribuyó involuntariamente a la victoria del conservador Partido Popular.

El Partido Popular (PP) logró una rotunda victoria electoral.  Obtuvo el mayor porcentaje de votos de su historia y el PSOE el más bajo de su historia.  Los electores españoles establecieron así una suerte de simetría entre ambos.

Además de sus electores tradicionales, un alto porcentaje de votantes de izquierda votó por el PP y otros prefirieron votar por IU (Izquierda Unida), logrando este último por primera vez hacerse de un grupo de parlamentarios en las Cortes.  Los españoles votaron en contra del PSOE por un cambio de estilo político y porque la alternancia ya está inscrita en el talante político-democrático de los españoles.  La campaña electoral fue serena y sin exabruptos.  El sonado debate entre los dos candidatos que se disputaban la presidencia del gobierno, daba la impresión que el candidato del PSOE, Pérez Rubalcaba, deseaba terminar pronto y entregarle lo más rápidamente posible el gobierno al candidato del PP, Mariano Rajoy.  De hecho, durante todo el debate lo trató como si ya fuera el presidente electo.  Es comprensible, porque la crisis que azota a España no hace  más que comenzar y porque, pese a tratarse de la eurozona, los errores cometidos por el gobierno del PSOE aparecieron ante la opinión pública como la principal causa de la crisis española.

La verdad es que si bien el tesón de Rajoy ha sido recompensado con su aplastante victoria, ser elegido presidente del gobierno de España en estos tiempos, no es nada de envidiar.

Rajoy se negó durante  la campaña electoral a detallar su programa político, en particular en materia económica, limitándose a generalidades.  En ese sentido, los españoles votaron a ciegas.  España posee el mayor índice de desempleo de la UE, casi 5 millones de parados, (20%), y de ellos el 40% son jóvenes.

Pronto Rajoy tendrá que hablar y develar su programa, en particular los recortes que forzosamente tendrá que aplicar al presupuesto de la nación y allí tendrá el PSOE que demostrar si privan para ese partido los intereses del país, o si se aprovechará de su postura de primer partido de la oposición para crear un clima de entorpecimiento.  Por un lado es normal que el PSOE actúe en conformidad con su orientación política, que es la defensa de los intereses de la clase laboral y de las conquistas sociales, por el otro, debe tomar en cuenta que Rajoy se verá sometido a las presiones de Bruselas, de hecho, a las de la señora Merkel.

Rajoy se ha negado hasta ahora a revelar qué hará para equilibrar las finanzas del Estado, pero se supone que en materia de salud adoptará medidas que no serán del gusto de la población menos pudiente, de igual manera, el aumento de la edad de la jubilación, pese al rumor que corre de que aumentará las pensiones, hace previsible que su alta popularidad sufra un rápido descenso y comiencen los movimientos sociales, puesto que entre las primeras medidas es obvio que decretará una reforma laboral y de igual manera una severa política fiscal.  Aumento del IVA y de las tarifas universitarias.  La reforma y saneamiento del sistema bancario.  El reordenamiento del gasto público. 

Los 17 gobiernos autonómicos significan un gasto público colosal: han llegado al extremo hasta de tener televisiones públicas regionales con hasta 3.000 empleados como es el caso de la Autonomía de Valencia.  La política exterior deberá redimensionarse, pues fue, precisamente en esa materia, donde Rodríguez Zapatero cometió las peores  torpezas, en particular en relación a Latinoamérica.  En relación a Cuba y a Venezuela, pese a la crisis y a los intereses económicos de España, cabe preguntarse cuál será la actitud del gobierno de Rajoy. 

No cabe duda de que Rajoy está obligado a fortalecer los lazos y a forjar nuevas bases de relación, por ejemplo con Venezuela, para borrar el recuerdo de la todavía ministra de relaciones extranjeras, quien declaró que en Venezuela no había  presos políticos.  En Cuba, los cubanos no van a olvidar tan fácilmente al canciller Moratinos, quien abogó sin descanso para que la UE levantara la llamada “posición común”: aplicación de sanciones mientras Cuba no diera señas de mejora en materia de los Derechos Humanos. En educación, España ocupa uno de los últimos lugares, y tal vez el último, en la clasificación de universidades.

En España sigue reinando la incertidumbre en cuanto al perfil que tomará el nuevo gobierno.

En una reunión de dos horas sostenida el miércoles con el todavía Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, Rajoy se negó a revelar detalles del ajuste.  Gracias a las confidencias de voceros cercanos a su equipo, la prensa ha revelado que entre las medidas que tomará,  está el aumento de las pensiones y el congelamiento de los sueldos de los funcionarios, que presentará una ley de estabilidad presupuestaria, un pacto territorial de austeridad, un plan para sanear bancos y cajas de ahorro, convocará a empresarios y sindicatos para debatir sobre la urgente reforma del mercado laboral, para simplificar el modelo de contratos y de llegar a un acuerdo, legislará el gobierno.

Pero Rajoy, pese a las presiones de los medios, se niega a revelar sus intenciones antes de conocer el estado real de las arcas del Estado y declara tajante que “nunca nos hemos movido por los hilos que marca la prensa, ni nadie”, demostrando el temple de un líder ajeno al populismo.

Queda por verse si el talante conservador del PP, más allá de las medidas económicas que adopte su gobierno y que posiblemente sean comprendidas por la mayoría de la población consciente, en otro plano no vaya a chocar en demasía con un país que se ha modernizado en términos de forma de vida y costumbres.  

 
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