Los médicos de Chávez

JORGE CAJÍAS *
@jcajias 

Se ha especulado hasta la saciedad cuál es el verdadero diagnóstico del morbo que aqueja al señor Presidente, lo cual es irrelevante para este escribidor, aplicado a las lides de la medicina. Lo destacable es que está enfermo y su tribulación provoca una reacción de incertidumbre en unos y -lamentablemente- “felicidad” en otros. Se debate además sobre el tiempo de vida que le puede quedar al Primer Mandatario, con fines obviamente calculadores de la suerte propia en el devenir engañoso que se ha vuelto la política venezolana. Esto también carece de importancia. El fondo del asunto es aún más terrible si se considera que un ser humano que está siendo víctima de una sombría enfermedad como es el cáncer, no logra despertar la lógica y esperada compasión de sus congéneres. Es allí donde considero radica la raíz del asunto.

Chávez durante más de doce años ha prodigado como estrategia política el odio de unos hacia otros. Eso es energía negativa que viaja en el espacio y retorna a sus autores convertido en enfermedades, si hacemos propia una visión metafísica de las dolencias. Pero en el campo médico se conoce que la depresión crónica y sostenida es responsable de la disminución de poblaciones de linfocitos que habitualmente destruyen a las células cancerosas que se producen en el cuerpo humano, permitiendo la aparición del cáncer. Habría que decir algo similar en relación al “odio crónico”, el cual pudiera provocar “desaliños” fisiológicos que conduzcan a lo mismo que la depresión crónica.

Establecidas las anteriores premisas, hay que determinar que el cáncer de Chávez no es el de cualquier persona sino de alguien que ha puesto a rezar a la mitad del país por su curación mientras que la otra mitad ve de reojo su recuperación. Y de esta verdad contundente se han aprovechado los que dicen haber sido sus médicos y los que lo son actualmente. Entre ellos se abrió una polémica desgarradora con tintes “dialécticos” acerca del sustrato y pronóstico del cáncer presidencial, lo cual puso en evidencia por un lado, la búsqueda de “notoriedad” a como dé lugar del primer pronosticador médico, y por otra parte, la genuflexión cremasteriana de los segundos galenos, que se desbordaron en elogios hacia el portador de semejante neoplasia, que no es otro que su propio benefactor.

Estos médicos, conocidos varios por este sanador, han roto postulados Deontológicos al revelar el secreto médico de semejante paciente -pilar fundamental de la relación médico paciente- acerca del verdadero tipo de cáncer que aqueja al Presidente, o han especulado en forma no científica sobre el verdadero pronóstico y tiempo de vida que le queda a Chávez.

Unos y otros, violentando el sentido común de la ciencia médica, han dicho sus razones y pareceres, buscando en última instancia algún tipo de ganancia secundaria.

Yo como ciudadano y como médico solo sé que el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela está seriamente enfermo. Y sé que Venezuela debe prepararse para un futuro incierto. Eso es lo único que sé.

 

* Médico y Abogado UCV

 

 
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