América Latina: De Aznar a Rajoy

HERALDO MUÑOZ

 

El triunfo del candidato del PP abre una nueva etapa de la política española y también de las relaciones internacionales de España con América Latina y el Caribe

El triunfo electoral de Mariano Rajoy abre una nueva etapa de la política española y también de las relaciones internacionales de España con América Latina y el Caribe. La América Latina que encontrará el nuevo presidente del Gobierno en diciembre no es la misma región que conoció el último Gobierno del PP presidido por José María Aznar en 1996.

José María Aznar y Mariano Rajoy

José María Aznar y Mariano Rajoy

 

En esos años América Latina se encontraba sumida en la crisis asiática. El ataque especulativo sobre el tipo de cambio en Brasil había llevado a un éxodo de capital de cerca de 8.000 millones de dólares sólo en aquel país, a incrementos en la tasas históricas de interés, y a una contracción económica que hizo caer la tasa de crecimiento de América Latina del 5,3% a 2,9%, entre 1997 y 1998, y subir el desempleo promedio al 15,5% en el período 1997-1999. La inestabilidad política acompañó la crisis y varios presidentes no pudieron completar sus mandatos, aunque se mantuvo el orden democrático.

La región necesitaba de España, de sus inversiones, de su comercio, de su cooperación y respaldo político. Hoy, América Latina tiene un peso mucho mayor en el mundo (tres países de la región son miembros del G20, dos integran la OECD, y Brasil ya es la octava economía del mundo); los países latinoamericanos tienen otras opciones y nuevos horizontes de comercio e inversión, y han puesto su casa en orden. América Latina es más diversa que en los tiempos de Aznar, con gobiernos, en su mayoría, que dejaron atrás el Consenso de Washington y la consigna del “Estado mínimo y mercado máximo”. Hoy la relación entre España y América Latina es más igualitaria y compleja, como corresponde a socios con intereses al mismo tiempo comunes y diversos.

De Aznar hasta ahora, América Latina pasó de ser el núcleo de una recesión global desatada en los años 80, a ser -junto a Asia- un motor de crecimiento de la economía mundial. La región pasó de ser parte del problema a ser parte de la solución. Esta vez, la crisis mundial se originó en Estados Unidos y Europa.

América Latina aprendió varias lecciones que ahora son parte de su acervo político y económico. Primero, emprendió una política previsora en asuntos de estabilidad macroeconómica, acumulando reservas internacionales, implementando reformas regulatorias a la banca, implementando políticas públicas contra-cíclicas, asegurando que las contracciones vía contagio esperadas de crisis cíclicas no arrasaran con su capacidad productiva ni con los mercados laborales, como sucedió en crisis anteriores.

La última década vio un proceso de acelerado crecimiento económico en la región, manteniendo la estabilidad macroeconómica durante la crisis de 2008/9, recuperando el crecimiento, y continuando la disminución de la pobreza y la desigualdad en muchos países. Este año, mientras el mundo se encuentra convulsionado por la crisis de la eurozona, se prevé que América Latina y el Caribe crecerán a una tasa de 4,5%.

La región también aprendió que no es suficiente crecer y mantener la estabilidad macroeconómica si no reduce la pobreza y la enorme desigualdad. 17 países de la región han implementado programas de transferencias condicionadas —algunos con más impacto que otros— que han ayudado a mantener los ingresos de los hogares más pobres en épocas de crisis, a acumular capital humano acercando a poblaciones vulnerables a los servicios sociales y, en algunos casos, a incidir sobre el nivel de pobreza directamente. En la última década, se redujo el número de personas pobres de 211 millones a 180 millones en 2010 —con 71 millones de personas aún en la indigencia—.

También hay progresos sustanciales en la gobernabilidad democrática y en la capacidad de compatibilizar las demandas por mayor igualdad con una ciudadanía más activa y ampliada.

La región ha ido construyendo confianza en los procesos políticos. Este año se habrán celebrado seis elecciones presidenciales en la región, sin mayores sobresaltos. Hoy el Estado “ha retornado” en América Latina, con mayor capacidad de resolver problemas de la ciudadanía y encarar los retos de inclusión y cohesión social. Falta mucho en la agenda de la región, en particular, en temas de calidad de la democracia, seguridad ciudadana y afianzamiento de las instituciones estatales de justicia. Sin embargo, los avances de la década son alentadores.

El Estado español hizo mucho por apoyar esta agenda durante la última década. Su cooperación internacional se incrementó de 549 millones de dólares en 2000 a 1.251 de dólares en 2009. De manera importante, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) ha apuntalado bilateralmente o a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) los temas clave de la región, apoyando la agenda de gobernabilidad democrática, los esfuerzos tendientes a disminuir la pobreza y la desigualdad, y robustecer los lazos culturales e históricos.

Se abre un nuevo escenario para España y para América Latina y el Caribe. Ambos pueden aprender el uno del otro, y ambos pueden afianzar una alianza económica, social, política e histórica en momentos de turbulencia económica y financiera. La economía española en crisis tendrá que redoblar esfuerzos por conquistar nuevos mercados y consolidar los ya ganados. España tiene oportunidades en América Latina por su trayectoria y presencia que genera altos rendimientos económicos a la economía española (por ejemplo, el Banco Santander obtiene un 43% de sus ganancias en México, Brasil y Chile), pero hay otros actores compitiendo por este espacio latinoamericano. Por su parte, América Latina necesita diversificar sus estructuras productivas, invertir más en innovación y productos de conocimiento, y generar un crecimiento menos dependiente de las exportaciones de materias primas. Aquí, España puede ser un socio importante.

La Cumbre Iberoamericana, a celebrarse en Cádiz el 2012, año en que se conmemora el bicentenario de la Constitución de las Cortes de Cádiz, pondrá énfasis en la democracia y el Estado de derecho, fundamento clave de la comunidad iberoamericana. Será un momento para evaluar el rumbo de la crisis global. Con buen juicio, quizás la crisis marque un momento de auto-realización, donde descubramos que estamos juntos en una agenda de desarrollo iberoamericano emergente, donde ambos lados del Atlántico pueden ganar.

Heraldo Muñoz es Subsecretario General de la ONU y Director Regional para América Latina y el Caribe del PNUD

@ELPAIS

 
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