Cuando las sumas restan

Domingo Fontiveros

Domingo Fontiveros

 

DOMINGO FONTIVEROS
dfontiveros@cantv.net

Este gobierno insiste en reducir la realidad a pequeños cubos propagandísticos

El gobierno quiere sumar estadísticas fabricadas por él para darse bomba ante el mundo exterior. Los de afuera podrán comprar o comerse los guarismos que con prolijidad genera la burocracia oficial. Pero la gente aquí no necesita numeritos para conocer cómo se está.

En ese espacio de guarismos en que se maneja a sí mismo el gobierno sólo existen diversos microcosmos separados, en una especie de imagen “pseudocubista” de lo real. El déficit habitacional ronda las 150.000 viviendas por año, pero queda cubísticamente resuelto entregando unas casitas muy bien decoradas a pocas familias “camisas rojas” escogidas para cuñas. La delincuencia masiva queda superada con una nueva fuerza armada de vigilancia y algunos bandidos filmados camino al penal, mientras ciudadanos y hasta diplomáticos del exterior son víctimas crecientes en las calles. La inflación que azota los bolsillos quedaría atrás con una nueva ley milagrosa que apresará camiones y acaso algún comerciante o productor, sin evitar que los precios sigan escalando más rápido.

El gobierno no puede hacer mucho más para mantener alguna viabilidad popular. Porque su enfoque de microcosmos no da para más. El gobierno no entiende del macrocosmos, sino de las parcelitas en que tiene esquematizado su programa de control social. Después de tantos años de prueba y error, por ignorancia, no han podido aprender nada nuevo que sirva. Carecen de una visión del macrocosmos, el de Venezuela y del planeta. De esa manera no pueden gobernar, sino mandar, ordenar, decretar, aunque ello al final en lugar de crear, destruya.

El microcosmos es importante, pero las políticas de un gobierno o el accionar agregado de una sociedad no pueden quedar supeditados a una visión miope de la realidad. Brasil, Colombia, Chile, México, por mencionar algunos, se manejan dentro de una visión global, de cada país, de su entorno inmediato y del desarrollo mundial. Venezuela está siendo arreada hacia un destino que le es ajeno y que su población siente ajeno a pesar de las toneladas de propaganda que por todo medio transmite el oficialismo. Picasso hizo su arte, pero pocos desean mirarse a sí mismos convertidos en cubitos.

Y esto es lo que intenta este gobierno cuando insiste en reducir la realidad a pequeños cubos propagandísticos, donde para mostrar un pequeño bien, se causa un enorme mal. Este estilo de maquillaje se vuelve a poner en movimiento con los arreglos superficiales que en ocasión de eventos con invitados extranjeros se realizan para “embellecer” la ciudad. Por supuesto la pinturita en los corredores viales, el barrido en calles y avenidas seleccionadas y ahora el feriado a empleados públicos y escuelas, para que no haya tránsito demasiado lento que fastidie la paciencia de dignatarios continentales convocados al gran evento que se celebra esta semana.

Sumar una con otra las informaciones sobre la reducción de la pobreza, la eliminación del analfabetismo, la solución al problema de la vivienda, el abastecimiento general, y otros aspectos de la imaginaria felicidad ciudadana lleva a quienes objetivamente evalúan la dinámica nacional a concluir que más allá que una dictadura, comunismo o autocracia, el plan principal es montar una gigantesca mentira que sea de todos. Una suma que realmente resta.

 

 

 

 
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