“SOCIEDAD DE CÓMPLICES”

ELÍAS TORO
toroelias@gmail.com 

El poder financiero que el petróleo ha puesto en manos de los gobernantes de las naciones petroleras corrompe las bases éticas de la institucionalidad republicana.

Si tuviéramos que pagar los cincuenta dólares semanales que en cualquier otra parte del mundo se paga por llenar el tanque de gasolina,  nuestra inconformidad con el régimen se haría seguramente tan peligrosa como la de quienes no tienen con qué adquirir no digamos aquellas neveras, cocinas o lavadoras, sino el alimento para subsistir, también subsidiado por el gobierno

Voy a referirme a este fundamental asunto una vez más: la amenaza de dictadura que se cierne hoy sobre Venezuela tiene la misma causa que todas las que afectan a los llamados petro-estados: la cantidad de poder financiero que el petróleo ha puesto en manos de los gobernantes de estas naciones y que invariablemente, por su magnitud y gratuidad corrompe las bases éticas de la institucionalidad republicana.

Y cuando hablo de corrupción me refiero a todas las conductas contrarias a la moral pública que suscita la abundancia de recursos financieros así obtenidos: desde el uso perverso del dinero de la renta petrolera para comprar votos, pasando por lo que se roba una vez instalado en el poder o se distribuye desde él para obtener la sumisión de funcionarios o agentes económicos independientes, hasta la delincuencia común, cuyo crecimiento explosivo está promovido como arma política para infundir terror paralizante al gobernado.

En nuestro caso, entre los recursos más infames utilizados por el comandante-presidente para ese fin está el del subsidio a los combustibles, que lo hace a usted, a mí y a todos los automovilistas, beneficiarios de un acto delictivo mediante el cual se escamotea a quienes no lo tienen una suma que sin riesgo de exagerar puede estimarse en más de ocho mil millones de dólares anuales ($8.000.000.000), con la que podría poner a funcionar el mejor sistema de transporte colectivo del mundo en sólo un año. 

Usted y yo estamos siendo víctimas de un acto de soborno que no difiere en nada del que el comandante-presidente hace regalando neveras, lavadoras y cocinas a los venezolanos de menos recursos económicos a cambio de su voto en las venideras elecciones.

De modo que no tiene sentido ni efecto que usted exprese de la boca para afuera su indignación cuando el comandante-presidente regala dinero al exterior en perjuicio de los intereses de los venezolanos, si no reconoce al mismo tiempo que su disposición personal para la lucha por el rescate de la República resulta comprometida al aceptar el regalo por usted también recibido.

Si tuviéramos que pagar los cincuenta dólares semanales que en cualquier otra parte del mundo se paga por llenar el tanque de gasolina, unos mil seiscientos bolívares mensuales, nuestra inconformidad con el régimen se haría seguramente tan peligrosa como la de quienes no tienen con qué adquirir no digamos aquellas neveras, cocinas o lavadoras, sino el alimento para subsistir, también subsidiado por el gobierno. 

De modo que si por último, advertimos, que sometiendo al mundo empresarial con amenazas de sanción por cualesquiera motivos, reales o inventados, si osa oponerse a los designios del autócrata, todos los estamentos sociales, desde la burguesía empresarial, hasta los sectores más pobres, pasando por la clase media que hace casi un siglo con el petróleo hizo realidad la República soñada por los Próceres; todos, repito, lucimos desmovilizados para la tarea de impedir que un hegemón dizque blandiendo la espada de Bolívar, retrotraiga al país a lo que fue hasta tiempos de Gómez: un erial poblado de miserables pisatarios.

Creo estar demostrando en esta columna cómo en muchos países y frentes, principalmente Europa y los Estados Unidos, pero también en Japón, China, India, etc., se avanza sostenidamente hacia la consecución de un planeta sin carbono echando mano a las energías renovables. El paisaje natural y urbano del globo comienza a cambiar como consecuencia.

Los campos y mares de todo el mundo civilizado se pueblan de aerogeneradores y los techos de las viviendas en las ciudades se tiñen cada vez más del color azul profundo de los paneles fotovoltaicos. 

Nuevos e importantísimas plantas solares de generación de electricidad por concentración solar surgen en Europa, los Estados Unidos e inclusive el Medio Oriente.

Salvo en nuestro país, donde a pesar de que la superación de la dependencia del petróleo es condición para el rescate de la democracia, ni siquiera los aspirantes a desplazar al comandante-presidente del poder hacen referencia al asunto. Todos hablan de restituir las instituciones republicanas pero ninguno explica cómo es que fueron secuestradas por un hombre y que se ha de hacer para rescatarlas. Porque, a final de cuentas, ¿qué garantías tenemos de que el poder corruptor de la renta petrolera que hizo de Chávez una vez, hace trece años, aprendiz de dictador, no lo va a hacer del próximo candidato a ocupar la Presidencia? ¿Su palabra. 

Si no se remueven las causas, persisten los efectos.

 
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