SOMBRAS CHINESCAS

Américo Martin

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
@AmericoMartin
amermart@yahoo.com 

 

Pekín. Sábado 5 de marzo de 2011  02!:05 AM

En la sesión anual del Congreso Nacional de China estallaron por primera vez actos de protesta. Un hombre sostenía una pancarta que decía “El Partido Comunista debe renunciar”

I

Dos acontecimientos están de moda: de la parte del gobierno, China, y de la oposición, el debate. Los fantasmas y pequeños satanes que se escaparon del Fondo Chino hicieron visible una cruel paradoja: Venezuela,  subordinada ¡como nunca! a una sedicente potencia socialista. El Tratado de Reciprocidad Comercial entre EEUU y nuestro país, suscrito en 1938, hablaba de un desigual intercambio de materias primas venezolanas contra manufacturas norteamericanas. Círculo vicioso, ese: al copar nuestro mercado con importaciones, la industria nativa no tenía margen y por eso se decuplicaban las importaciones, en una vertiginosa espiral hacia abajo.

 

 

De esa situación si se quiere humillante emergió la región latinoamericana sobre todo en los años sesenta bajo el clima de orientaciones de la CEPAL, pero con más fuerza desde que semejantes orientaciones fueron sanamente superadas.

Mal que bien en cinco décadas contadas a partir de ese punto de referencia que fue el año 38, Venezuela aumentó su capacidad industrial y diversificó sus exportaciones. Apuntalada por el petróleo se perfilaba, con alzas y bajas, un gran futuro…. hasta que llegó el comandante que nos ha hecho retroceder ¡más de setenta años!. Historia, más que conocida, padecida.

 

II

 

El presidente venezolano vive de ilusiones y fantasmagorías. Se siente muy bien bajo la férula de sus nuevos amigos porque en sus turbulentas pulsiones China significa Mao y Mao revolución socialista, comunas populares, liquidación de la inversión privada y del odiado mercado, sin olvidar la Revolución Cultural con su estela de sangre derramada.

¡Cuántas cosas ignora este hombre! Está tan desenfocado que aparte de él, no hay nadie en el planeta, sea de la izquierda, del centro o de la derecha del pentagrama político, que quiera parecerse al caprichoso Buda del comunismo chino. Chávez no tiene noticia, ni hay en su entorno quien se atreva a mencionárselo, de dos debates trascendentales en la historia de la potencia asiática, que lo condujeron desde las ruinas del socialismo a la prosperidad del capitalismo más salvaje que se conozca. Con la derrota del legado del Gran Timonel el viraje basado en la propiedad privada pegó un salto. Mao estranguló el sector privado, y se puso como niño a crear ruinosas comunas, que ahora yacen apabulladas por la clase media emergente. La privatización batió el record mundial y la remuneración de los trabajadores se basó en el rendimiento y ya no más en lealtades partidistas. Los chinos -desde la Antigüedad pueblo diestro en los negocios- se proponen conquistar el mundo. Latinoamérica despertó su legítimo y hasta conveniente interés. Aunque siempre se están “liendo”, las carcajadas subieron al cielo al toparse con un errático presidente de alforjas llenas y no precisamente con ideas. El Fondo chino es la joya de esta carrera hacia la hegemonía. Además de asegurarse petróleo a precio irrisorio, encadenó al presidente de las cadenas al poste de una deuda infinita.

El segundo gran debate de estos curiosos revolucionarios transcurre entre la resistencia desesperada de los comunistas chinos cortados a lo Chávez que ofrecen el espejismo comunal, y el liderazgo que ha restablecido el capitalismo. Si fuera un sincero camarada, el caudillo venezolano debería respaldar a la reducida resistencia ortodoxa, pero prefiere someterse a quienes le sacan el jugo. Mientras más lo succionan, más loas prodiga.

 

III

 

Si en Venezuela el gobierno no se atreve a debatir ni con su entorno, la oposición ha comenzado a hacerlo así no sea en la forma desgarradora del país-continente de los mandarines. En puridad, no se trata de debates. ¿Cómo podrían serlo? Se imagina usted, amigo lector, a seis precandidatos en un todos contra todos presentando programas y rebatiendo los de sus rivales? ¡Y en un minuto!, me intercepta una inteligente tuitera.

Debates como el de Lusinchi y Caldera no se dan sino entre dos. Si Chávez quisiera –no lo soportaría- podría protagonizar uno con el ganador de las primarias. Pero por ahora tenemos que conformarnos con el formato mexicano que se nos está ofreciendo. No es culpa de los precandidatos sino del hecho de ser seis.

No obstante, lo logrado es muy plausible. Es un fuerte hecho político-publicitario en un país donde el único que los generaba era el empoderado mandamás. Que no va a estar solo en el escenario ya es una percepción considerable. Los que se preguntaban dónde está el Chávez de la oposición tienen un puñado a la vista, que son  lo contrario de Chávez: primero, porque son varios. ¿Acaso en el predio gubernamental ese pecado mortal puede tan siquiera insinuarse? Y segundo porque hablan sin dejar de abrazarse, lo que prefigura una Venezuela sin odios, donde se pueda competir sin insultarse.

La buena salud de un movimiento se aprecia en su capacidad para producir hechos políticos. De las Primarias, del debate y de ese Primer Acto de la obra dramática, que se celebrará el 12 de febrero, debería salir un misil opositor con la menuda tarea de convencer al resto país. ¡Y es sólo la mitad del trabajo dado que una cosa es conseguir el voto y otra producirlo!

Claro que se puede, pero con trabajo duro para que no intenten voltear la célebre frase de Unamuno en Salamanca: convenceremos ¿pero venceremos? Empeñándonos en serio es harto posible.

No obstante, That is the question.

 
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